Indice

Caballero

"¿Qué es lo que dice Luis caballero en su obra? ¿A qué significados se refiere? Desde un principio, su pintura ha tenido, de manera persistente y monotemática, la observación de la relación entre dos personas. Una relación física que nunca es clara, ni siquiera cuando termina en la fusión exasperada y dramática del abrazo. La gente se toca, se busca, se atrae. También se repele. Hay muy poca felicidad en los encuentros y, sobre todo, ninguna permanencia. La cópula tiene más de agonía que de plenitud. Esta ambivalencia constante: aproximación- alejamiento: entrega -rechazo: gozo y repugnancia, da a toda la obra de Caballero ese tono de erotismo insatisfecho y más bien desesperanzado, de erotismo como condena, que la vuelve tan perturbadora y profunda."

Marta Traba en: Luis Caballero, Bogotá 1966. Tomado de: Marta Traba, selección de textos. Museo de Arte Moderno, 1984 pgs. 61-62



“Sus jóvenes son víctimas de una pasión pagana y cortejan celosamente una totalidad que se concentra en la belleza de sus propios cuerpos. Mueren de una pasión que es ira y amor físico al mismo tiempo. Se entregan destruyéndose, se atraen, se consideran, luchan y se estrechan […] Caballero persigue con afán, en el hombre, sus comportamientos extremos.

Limitarse a lo humano y revelar, empero, lo que es divino. La Gracia o la condenación…He ahí el propósito desmedido de Caballero. He ahí también el origen de la fascinación que ejercen sobre nosotros sus cuadros. De esta paradoja nacen su furor y exaltación. Sorprende en primer término la ambigüedad de las escenas que se ofrecen a nuestra mirada. Esos jóvenes, ¿yacen víctimas del placer o de la muerte? ¿Los extenúa el acto de amor o el sufrimiento? ¿El combate? ¿La entrega? Vacilar entre estos extremos, buscar su punto de unión, atrapar el gesto que los hermana (el gemido del goce y el de la agonía), he ahí lo que embruja a quien considera las telas.

Sueño insensato de Caballero que se aferra a aprehender lo inaprensible; de hacer ver lo que la vida, en su paroxismo, contiene de muerte, el abandono de destrucción y el amor de violencia. […] Su apuesta consiste en querer ir más allá de todo esto a fin de mostrar la complicidad terrible de las pasiones contrarias. De esta obstinación nace la intensidad de su pintura. La audacia y la tradición más elevada y ambigua explican su potencia.”

Conrad Detrez en: catálogo de exposición galería Jade – Colmar, 1980. Tomado de: Magazín dominical No.643, El Espectador, 10 de septiembre de 1995.



“En plástica, hacer una obra es crear una imagen necesaria […] En mi caso, esa “imagen necesaria” que busco ha sido siempre la misma. No el mismo cuadro sino la misma imagen: la belleza del cuerpo del hombre, la tensión entre los cuerpos, su relación de deseo o de rechazo, su necesidad de unión. He intentado hacerla de muchas maneras –realista, expresionista, formalista-, perdiéndome cuando olvidaba que estas maneras eran sólo caminos. Esta vez intento una vez más crear esa imagen necesaria. Intento hacerla real, más aún, sagrada.

Un cuadro en donde “quepa” físicamente todo lo que siempre he pintado: el hombre solo, vivo, muerto, sufriendo, amando, a la vez bello y terrible, y en su relación con otros hombres, de deseo o de compasión; y también , mis sentimientos: adoración ante la belleza y la fuerza, y ante la fuerza caída.”

Luis Caballero, Madrid, 1994, en: Esa imagen que busco, Lecturas dominicales, El tiempo, 9 de julio de 1995.



“Caballero habla del cuerpo humano como un elemento místico, donde cabe el hombre con el hombre y donde existe la certidumbre de una experiencia. Así la forma, va encontrando en el desnudo masculino, siempre anónimo y desgarrado donde el hombre se trata de explicar esa batalla contra sí mismo.”

Ana maría Escallón en: Caballero: decálogo de sensaciones, columna El Arte de hoy, El Espectador, agosto 4 de 1989.

Comentarios (0) | Comente | Comparta