Acerca del milagro de la Virgen de Chiquinquirá:

“En 1955 llegó como encomendero al pueblo de Suta, hoy Sutamarchán, en las cercanías de Chiquinquirá, el español Antonio de Santana, quien construyó una capilla como parte de sus aposentos. A través del misionero dominico Fray Andrés de Jadraque, encargó a Alfonso de Narváez, en Tunja, una pintura de la Virgen del Rosario.

Como la tela era más ancha que larga, para llenar los espacios laterales, colocó a la derecha de la Virgen a San Antonio de Padua, por ser el santo del encomendero, y a la izquierda, el apóstol San Andrés, patrono del religioso que hacía de intermediario.

El techo de la capilla era pajizo y estaba en mal estado, pronto las filtraciones de lluvia y sol dañaron la pintura, razón por la cual fue retirada, y en el año 1578 Catalina de Irlos esposa del encomendero, la envió a Chiquinquirá.

En 1585 llegó a Tunja, procedente de España, María Ramos, esposa de un sobrino de Antonio de Santana, quien viajó a Chiquinquirá en 1586. María Ramos halló el cuarto donde estaba el cuadro, tan abandonado, que los animales dormían allí. […] empezó sus coloquios y súplicas anhelando que la Santísima Virgen se dejara ver. El 26 de diciembre de 1586, hacia las nueve de la mañana, después de una profunda reverencia, salió del oratorio a tiempo que pasaba por la puerta la India Isabel con un niño en la mano. El infante mirando hacia adentro exclamó: ¡Miren, miren! volvió el rostro hacia la india y esta asombrada dio voces a María Ramos: ¿Mire, mire señora, que la madre de Dios está en vuestro asiento y parece que se está quemando.

Efectivamente, María vio el cuadro en la forma que se le decía: La Imagen de la Madre de Dios está patente, con una hermosura especial, unos colores tan vivos y despidiendo grandísimos resplandores, que bañaba de luz a los santos que tenía al lado e iluminaba la humilde estancia. El cuadro estaba en el mismo sitio en que la mujer solía hacer oración. La pintura completamente renovada; las figuras de San Andrés y San Antonio muy delineadas.

El rostro de la Virgen permaneció encendido todo aquel día. La misteriosa iluminación de la Sagrada Imagen se repitió ante numerosa concurrencia el 30 de julio de 1588 y el 5 de enero de 1589.”

María Cecilia Alvarez White en: Chiquinquirá Arte y Milagro, Presidencia de la República, Museo de Arte Moderno, 1986, pag. 14 y 15.

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