Fídolo Alfonso
González Camargo
Las formas se simplifican hasta llegar a un estilo inesperadamente moderno:
pinceladas sueltas que no describen detalles, bordes imprecisos, masas en equilibrio
estático, colores que no refulgen, armonías cromáticas inusuales, atmósferas densas en
claroscuros, figuras esquemáticas, silencio y meditación.
González Camargo desarrolló una singular visión interior que, aferrada a la realidad,
expresa las percepciones de los sentidos y un estado emocional. De esta manera, configura
un lenguaje pictórico subjetivo y ensimismado, que desestima y sobrepasa la razón
académica y los estilos de moda. La mayor parte de sus temas son los mismos que imperaron
en su tiempo: escenas cotidianas, paisajes, retratos. Pero también abrió a la
representación nuevos motivos: interiores en penumbra, figuras humanas presentadas de
espalda, actividades femeninas y paisajes nocturnos.
[
] Funda su expresión en una novedosa economía de elementos con los que aspira a
encontrar lo esencial como argumento artístico. Una sólida conciencia pictórica le
permite producir transformaciones plásticas de la realidad, en términos de visiones
filtradas a través de los estados de ánimo de su mundo interior. González Camargo no
muestra perfectamente lo que ve, ni lo embellece, sino que deposita la expresión de lo
que siente en la representación de lo que conoce. Su color no es naturalista ni luminoso,
y sus imágenes no son ni optimistas ni idealizadas. Sus escenas interiores están
cargadas por la penumbra de la ausencia, el rictus de la pérdida y el misterio de la
realidad diaria, que acecha junto a la máquina de coser, en una esquina del patio o del
salón familiar.
Santiago Londoño Vélez en: Fídolo Alfonso González Camargo: la visión interior,
Colección de arte, Banco de la República, Biblioteca Luis Ángel Arango, 2003.
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