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Jesús María Zamora

“Los paisajes de Zamora están iluminados por una luz dorada o rosada que enriquece las atmósferas, […] sería su atención al cielo el aspecto más recurrente y definitorio de su obra pictórica. A Zamora lo obsesionaban las nubes, sus movimientos y conformaciones, llegando a una verdadera maestría en sus interpretaciones del firmamento. Al artista además, le fascinaban los crepúsculos y también los amaneceres, con el sol poniéndose o apenas levantándose, mientras su luz entre morada y rosada hace inescapable su alta dosis de romanticismo que respalda su creatividad. Sus cielos llegan a ocupar hasta el noventa por ciento de algunos de sus lienzos, pero siempre con arreboles o con tardes soleadas, de noche o de día, son de una inspirada realización y fiel reflejo de la pasión del artista por sus cambios de luz y su siempre distinta apariencia”.

Eduardo Serrano en: Jesús María Zamora. Tomado de: La escuela de la Sabana, Museo de Arte Moderno de Bogotá, Novas ediciones, 1990. pgs.55-68


"Es tan real la pintura de Zamora, hay tanta sinceridad en sus telas, son tan simples sus motivos, que en el silencio de la admiración cree uno escuchar el alboroto de las chicharras y los grillos, el mugido de los toros, el correr del viento o el reventar de los huracanes, las coplas campesinas y el alerta de los gañanes a los rebaños dispersos. Hay instantes en que podríamos afirmar haber visto caer de los árboles pétalos y hojas y cruzar un ave en busca del nido en la maleza. He oído de una dama bogotana muy inteligente y un poco exótica, integralmente emotiva, que tenía un gran cuadro de Zamora; era un río bullicioso, […] un día desapareció de la alcoba, porque dijo la dama, el ruido del agua no la dejaba dormir…"

Luis Augusto Cuervo, "el pintor Zamora", citado por Eduardo Serrano en: Jesús María Zamora. Tomado de: La escuela de la Sabana, Museo de Arte Moderno de Bogotá, Novas ediciones, 1990.




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