La calle: Espacio geográfico y vivencia urbana en Santa Fé de Bogotá
Vladimir Melo Moreno
© Derechos Reservados de Autor

4. DE LA CALLE BOGOTANA DEL SIGLO XXI (Bueno..casi)

La calle: Espacio geográfico y vivencia urbana en Santa Fé de Bogotá
Vladimir Melo Moreno
© Derechos Reservados de Autor

4. DE LA CALLE BOGOTANA DEL SIGLO XXI (Bueno..casi)

        "Todas las calles que conozco

       son un largo monólogo mío,

       llenas de gente como árboles

      batidos por oscura bataola.

      O si el sol florece en los balcones

     y siembra su calor en el polvo movedizo,

     las gentes que hallo son simples piedras

    que no se porque viven rodando.

    Bajo sus ojos que me miran hostiles

     como si yo fuera enemigo de todos

     no puedo descubrir una consciencia libre,

      de criminal o de artista,

      pero se que todos luchan solos

       por lo que buscan todos juntos.

        Son un largo gemido

         las calles que conozco".

  Rogelio Echavarría

4.1. Encuadre (del porqué de la ciudad de hoy)

4.1.1. La Ciudad Explota.

Bogotá en el siglo XX explota, sobre todo desde la década del 50, siempre a través del desarrollo de la red vial y ferroviaria (esta última a principios del siglo), lo cual consolida pequeños núcleos de población preexistentes -algunos como pueblos desde la colonia-: "Al norte (Chapinero y Usaquén), al occidente (Fontibón, Engativá, y Suba) y al sur (Bosa)"[1].

Para la segunda mitad del siglo, la ciudad se desarrolla a partir de una estrategia específica, se construyen zonas residenciales distantes para impulsar el crecimiento de la ciudad por parte de los agentes constructures: el Estado, y el capital privado; como lo presenta Bueno y Obregón: "No se puede negar que el juego del urbanizador convertido en proceso de expansión urbana ha adquirido una mecánica relativamente clara, consistente en saltar sobre las nuevas vías al punto más distante posible para luego arrastrar la ciudad hasta él. Sin ánimo polémico ese fue el caso de Ciudad Kennedy, el Minuto de Dios, el Garcés Navas y actualmente (1981) el proyecto del Centro Colseguros Norte, los cuales una vez asegurados su accesibilidad y servicios actuaron como polos de desarrollo asumiendo las mismas funciones que en una época tuvieron Chapinero, Suba, Fontibón y Bosa"[2].

 

4.1.2. Desde dónde explota: El centro.

El proceso de crecimiento urbano fue en principio liderado por las clases dominantes en las primeras décadas del siglo XX, como se ha observado en capítulos anteriores, la ciudad se construye especialmente hacia el norte, por parte de este sector de la sociedad como consecuencia de dos procesos específicos: El primero es el cambio en las relaciones sociales, ligado a la consolidación de la lucha de clases. La ciudad deja de ser una comunidad, más o menos compacta, y las expectativas de cachacos y artesanos divergen, los choques armados se vuelven frecuentes, culminado en los enfrentamientos del miércoles 8 de junio de 1853 y las luchas de 1854 para derrocar a Melo. Los resultados del enfrentamiento de 1853 son descritos por Cordoves Moure: " Nuestra condición de vencidos nos convirtió en verdaderos parias respecto a los artesanos. Si arrojaban lavazas de las viviendas del pueblo, caían sobre el desgraciado que, vestido de levita, acertara a pasar por frente de la puerta. No se podía transitar fuera de las calles centrales de la ciudad sin exponerse a lances provocados por los obreros, y de las seis de la tarde en adelante era peligrosísimo encontrarse fuera de casa"[3].

Vemos entonces cómo progresivamente es menos conveniente para las clases dominantes vivir en la "misma ciudad" con las clases dominadas. La dominación, posteriormente, se ejerce material y simbólicamente a través de las formas de consumo, la estética inglesa de Teusaquillo o las grandes y hermosas construcciones de Chapinero se consolidan como expresiones de clase. Chapinero se convierten en la ciudad de la clase dominante consolidado por la construcción de vías y la presencia del tranvía, el cual no cubría en principio gran parte del centro y sur, pero sí llegaba al norte y con mayor eficiencia. Más tarde, un proceso similar al que consolidó a Chapinero lo llevaría a su fin como "ciudad de la clase dominante" y generaría una migración progresiva de esta clase hacia el norte no ya a un punto específico sino a varios barrios nuevos.

En segundo lugar, la presión demográfica sobre el centro de la ciudad contribuyó desde el siglo XIX a la subdivisión de las viviendas y a la construcción en altura. Esta nueva condición en la renta del suelo hace que muchas de las familias de alto poder económico migren del centro en favor de la especulación que pueden lograr con sus bienes.

Otro fenómeno importante dentro de la forma como se ha construido la ciudad es el despoblamiento del centro. Para finales de los años 40s, la mayoría de la población de Bogotá aún se encontraba concentrada en el centro de la ciudad. El centro y sus calles eran espacios para el reconocimiento de sus habitantes, de los ciudadanos; para el reconocimiento de sí mismos y de los otros. Parte de la burguesía ya había migrado al norte, a Teusaquillo y a Chapinero, los habitantes del centro eran otros, eran las clases medias y bajas que reconociendo sus carencias y necesidades, agitadas por el populismo de una facción del partido liberal (Gaitán) -representante de una parte de la burguesía-, fueron utilizados por éstos como fuerza de lucha contra el segundo establecimiento burgués: el partido conservador. Pero, finalmente: "el potencial político que demostró la población urbana, y ante la posibilidad de un levantamiento de clase el movimiento fue reprimido por la alianza bipartidista que representa la unidad burguesa como clase dominante en ejercicio"[4]. Situación que no era nueva, pues fue lo que sucedió cuando Melo sube al poder en 1854 y la clase dominante se une en las fuerzas constitucionalistas para derrocarlo; y no sería la última vez que sucedería: para derrocar a Rojas Pinilla, dictador un siglo después de Melo, se conformaría el Frente Nacional, que concretaría de nuevo la unión de la burguesía para mantener el poder.

La situación de la ciudad para el año de 1948: el incremento de este potencial político de la población urbana, y la necesidad de aplacarla por parte de la clase dominante unida, traerán fuertes consecuencias en la re-construcción urbana posterior al 9 de Abril; Viviescas se refiere al respecto de la siguiente forma: "Acuerdo (liberal-conservador) que se basó fundamentalmente en la manera de controlar el auge político que estaban evidenciando los sectores urbanos y que llevó también a la necesidad de implementar el control sobre la producción y la distribución del espacio urbano que se estaba construyendo, especialmente después de lo que se constituyó en la demostración más fehaciente del poder político que podía generar la población urbana políticamente convocada: el 9 de abril de 1948"[5].

La re-construcción del centro posterior a los sucesos del 48 tiene dos características principales: la construccción de grandes edificios de estética norteamericana, y la construcción de grandes avenidas. Estos dos elementos fueron resultado de un proceso de planeamiento especial como parte de una estrategia de control de la cual hizo parte "la rápidamente aceptada y fácilmente institucionalizada vigencia de la Planificación Urbana como la máxima expresión del orden que, según las clases dominantes, debían mantener y ejemplarizar los centros urbanos de nuestro país"[6].

A la nueva edificación del centro se le asigna la función de "administración y gestión de la pura dominación no sólo económica sino sobre todo política; y de paso, se dejó al ciudadano que no tenía más que ese título sin ningún espacio que lo identificara, que le diera escala y le brindara arraigo"[7].

En capítulos anteriores he mostrado el proceso de construcción de las avenidas ligado al desarrollo del automóvil como medio de transporte particular, pero el caso de la construcción de las avenidas dentro de la re-construcción del centro involucra más elementos. Primero, coincide con las nuevas funciones asignadas a esta parte de la ciudad como la consiguiente adecuación de infraestructura; pero no se puede desconocer la connotación "hausmaniana" de evitar que la calle se convierta en escenario de lucha, desfavorable para las fuerzas represoras del Estado. Esas calles estrechas fueron perfectas para que el 9 de Abril la fuerza pública no pudiera detener a la población, solo la condición de beodez general logró detener los actos violentos. Había, entonces, que construir unas nuevas vías no sólo como demostración de poder, eliminando incluso iglesias, sino como lugar que posibilite el ejercicio mismo de poder a través de la acción de las fuerzas militares y de policía.

Esta connotación "hausmaniana" la planteo a partir de la pregunta: ¿Era la visión de futuro, de la utilización del automóvil como transporte público o privado, en cantidades como 500.000 vehículos, y la necesidad de atravesar el centro por parte de los obreros y empleados que se concentraron en el sur pero trabajaron en el norte, lo que conllevó la ejecución de las avenidas en el centro?. Creo que ningún planificador de los 50s pudo alcanzar a imaginar la forma como crecería la ciudad en los 50 años posteriores y como jamás se esperó esta condición de metrópoli, tuvieron que existir motivaciones paralelas en la construcción de la avenida.

Con la reconstrucción urbana del centro, su cambio de función y significación, como parte del control de la clase dominante hace que casi la totalidad de sus antiguos habitantes lo abandonen, ésto puede describirse de forma eficiente a través de las tasas de crecimiento exponencial por localidades entre los censos de 1973 y 1985, donde las localidades correspondientes al sector que denominamos centro: Santa Fe, Mártires y Candelaria, crecen de forma negativa el -0.48, -1.34, -3.72, respectivamente[8]. La inversión nula en la construcción residencial baja la renta del suelo en los sectores reconstruidos, los barrios son tomados, entonces, por el comercio y habitantes de escasos recursos mientras que algunas zonas quedan completamente abandonadas y son tomadas por la población marginada y la población dedicada a la actividad delictiva(lumpen). Hay que anotar cómo la recuperación del centro que espera el gobierno en la actualidad no tiene que ver con habitar el centro; el centro está habitado, pero se espera que la burguesía lo vuelva a habitar, pues con el arribo de esta clase social el consumo de servicios como la recolección de basura y la seguridad aumentan; en la misma medida la fuerzas públicas y privadas (agencias de vigilancia privada) incrementan su pie de fuerza para proteger sus intereses. De esta forma se busca superar la descompensación existente en el espacio entre el poder representado en las instituciones de gobierno con sus edificios y su entorno (¿)empobrecido(?). El poder, entonces, debe homogenizar el control y las características del espacio urbano para que física y simbólicamente se concrete la dominación.

 

4.1.3. Cómo explota.

La expansión de la ciudad desde principios de siglo, hasta los años 60s, presenta unas características particulares: la ciudad crece reproduciendo la Santa Fe colonial, no exactamente el damero y la plaza central. Aunque esto ocurrió en algunos barrios porque los municipios anexos eran poblados con la forma colonial, como en el caso de Suba, Engativá, Fontibón, Usaquén y Bosa, hoy incorporados en el corazón de la metrópoli; el hecho se repite en la construcción de barrios como el 20 de Julio, Santa Inés o La Victoria, por ejemplo. Allí, lo que la consolidación de los barrios reproduce es la conformación de unidades con una serie de elementos comunes: la existencia de una iglesia y una plaza de mercado, pero, por sobre todo, se reproduce la "calle real o del comercio": todo barrio tiene una calle principal, posiblemente ligada a la plaza de mercado y a la iglesia, la cual concentra la actividad comercial.

Posteriormente estas calles comerciales se consolidan con la conformación de las rutas de servicio de trasporte público, constituyéndose un espacio público particular, físicamente algunas veces, por el ancho de la calle y la capacidad de tráfico; y significativamente, a través de las expectativas de consumo de quien transita esta calle. Este hecho es el que ha llevado a diversos autores a proponer una jerarquización vial especialmente para los barrios populares.

El caso patético de la reproducción del centro santafereño lo constituye, donde se reprodujo a partir de la iglesia de Lourdes, la Avenida Caracas y la Carrera 13, el antiguo altozano de la Catedral, la Calle Real y la Calle de Florián.

Barrios de la década del 40 como el 7 de Agosto, tenían su iglesia y su plaza de mercado. Barrios posteriores como Las Ferias, o barrios planificados como Quirigua, seguían incorporando así mismo estos elementos. A la calle "principal", que se encuentra ligada con la plaza de mercado, como el primer aglutinador de distribución minorista, se agrega el posterior desarrollo de las rutas de transporte público, elementos a los cuales se liga la actividad económica callejera. Es el caso de la concentración de Las Ferias, Quirigua, El Siete de Agosto, El Restrepo, San Victorino, la Avenida 19. y parte de la del 20 de Julio.

Evidentemente no todos los barrios se construyen de esta manera, sobre todo los posteriores a la década del 60s y los barrios de la burguesía como Niza, Chicó, Cedritos, El Polo Club, La Floresta, etc.; los cuales no presentan las normas de los barrios populares y sus calles tienen una conformación distinta que en ella se realzan.

 

4.1.4. El Vaciamiento de las calles.

Cuando un segmento de la ciudad se configura a partir de la actividad comercial(económica) o/y administrativa la calle sufre un proceso particular señalado por Viviescas de la siguiente forma: "...puede decirse que en el centro de Bogotá, de Medellín, de Cali o de cualquier ciudad del país, el movimiento, la vida de la calle depende exclusivamente del ritmo que a su función le ha impuesto el desarrollo económico: Su frenesí alcanza el punto culminante en las llamadas "hora pico" y se mantiene en latencia mientras el comercio está activado. Pero en la medida que la circulación de capital y de fuerza de trabajo se retiran, a reponerse la última y a rediseñar el conjunto del funcionamiento el primero, la calle se vacía de gente y obviamente de contenido. Así, en la noche la calle, especialmente la del centro de la ciudad, queda en poder del lumpen y/o del policía (del Estado) que la cuida (no la protege pues no vive en ella) para que al día siguiente sirva de escenario al mismo movimiento del día que pasó" [9].

Esta condición no sólo se presenta en Bogotá para el centro histórico, sino también para los posteriores centros de la clase dominante como Chapinero, la Avenida Chile y el conjunto articulado por la carrera 15; y los centros de las clases dominadas hacia el sur, los conjuntos de la Avenida 1 de Mayo, la Avenida Caracas, el conjunto Restrepo-Olaya, y la Carrera 10a. Aún más allá de los centros articulados en los mismos barrios, especialmente en los barrios populares, la(s) calle(s) principal(es) por donde fluyen las rutas de transporte y donde se concentra el comercio formal e informal, se comporta de la misma forma. De otro lado, la avenida como forma de construcción de la calle, que responde exclusivamente a la función de desplazamiento masivo eficiente para que los costos de producción no aumenten, se encuentran totalmente marcadas por esta condición.

La consolidación del sistema capitalista en la Colombia del siglo XX genera una nueva forma de construir la ciudad y por consiguiente el espacio público, la calle. Podemos observar cómo Viviescas se refiere a este punto de la siguiente forma: "apenas iniciado por parte de la población el movimiento natural-social, espontáneo de su reconocimiento e identificación con el espacio propiamente urbano de las ciudades en Colombia, por parte de las clases dominantes se creó el programa y se montaron los mecanismos que, en su funcionamiento, vaciaron de contenido colectivo la calle y los espacios públicos de la ciudad.(...)[Más adelante continua afirmando :]... Este proceso de exclusión de la población de los lugares y espacios públicos tiende a confinar a la ciudadanía trabajadora en sus lugares de empleo durante la "jornada de trabajo", a los estudiantes en los centros educativos en las "horas de clase", etc., y en las "horas de descanso" se pretende mantener a los ciudadanos "recogidos en sus hogares"."[10].

Ideológicamente el capitalismo tiende a privatizar la acción social, a ordenar el espacio de acuerdo a las necesidades del proceso de producción, generando valores específicos en el uso del espacio público diferenciados por su condición de clase. "Ello es así porque la búsqueda de un sentido lúdico en el espacio próximo a la vivienda, en el entorno cotidiano y colectivo se da con mucha intensidad en los barrios populares. Al contrario de lo que ocurre en aquellos de las clases "medias" quienes van aceptando, introyectando y asumiendo que la calle es un espacio asignado a la circulación de vehículos, el cual sólo puede ser ocupado por el ciudadano cuando a nivel institucional se ve convocado a ello (paradas militares, desfiles de caridad o turísticos y procesiones religiosas). Por su lado las clases dominantes, cuyo espacio definitivamente es el privado, no solamente consideran la calle como algo ajeno al ciudadano sino que incluso -actitud motivada esencialmente en el cuidado objetivo de sus intereses- la consideran un lugar sumamente peligroso"[11] .

La riqueza lúdica y creativa de la calle se confina al recinto privado, al bar, a la discoteca, al teatro,al auditorio, al club y a la vivienda. Se convierte en una mercancía para consumir, pero no todos pueden consumirla, así es como la polifuncionalidad y polisignificación de la calle resurge desde el barrio popular, donde el consumo de los espacios privados es mínimo, empezando por la vivenda.

Partiendo de esta condición general del espacio público, la calle, en la ciudad; intentaré abordar su comprensión en la actual de Santa Fe de Bogotá a partir del análisis de cuatro derroteros fundamentales íntimamente entrelazados. Ellos son: los procesos de comunicación en la calle, los procesos de socialización en la calle, la actividad económica callejera y la marginalidad en la calle. Estos representan las cuatro grandes acciones que puede ejercer una persona en el espacio público a través del rol que asuma.

 

4.2. Calle el lío de la Comunicación (o del peatón).

 

"... si a los contactos incesantes con individuos innumerables debiera responder una cantidad igual de reacciones anteriores... uno acabaría por atomizarse completamente y por llegar a un estado psicológico inimaginable."

        George Simmel.         Las grandes ciudades y la vida del espíritu.

Comunicación: Todo tipo de diseminación o intercambio, bien sea de personas, de bienes, de mensajes o de energía, ya se transcriban, se transporten o se transmitan.[12]

¿ Cómo se conforma una sociedad?, ¿En qué se diferencia una serie de individuos de un grupo social?.

No hay aquí un dilema entre individualidad y colectividad, no se trata de Robinson Crusoe y la metáfora marxista de individuo y sociedad. La razón originaria de la sociedad es la comunicación entre los individuos, en el intercambio de ideas y sentimientos a través de códigos y signos. De algún lugar entre el consenso, el disenso, la aceptación, la negación, el sometimiento y la sumisión; emerge la sociedad. Los procesos de jerarquización social definirán en gran medida las formas de comunicación de acuerdo con su manipulación.

Cuando hablamos de los procesos de comunicación que se presentan en la calle, inmediatamente tenemos que remitirnos a la siguiente reflexión de Czarnowsky: "La calle urbana desde los comienzos de los asentamientos humanos, ha actuado como principal lugar de contacto y de paso público, lugar de intercambio de ideas, bienes y servicios. Lugar de juego y de lucha, de carnavales y funerales, de protestas y de conmemoraciones. Su papel en la red de asociaciones soporte de la sociedad humana es, por tanto, fundamental. Y sin embargo hoy día la calle urbana se ha convertido con mucha frecuencia en un lugar especializado, a menudo en una mera ruta de tráfico"[13]. Por supuesto, la comunicación entre los miembros de la sociedad occidental, en este caso, ha cambiado respecto a su desarrollo en la calle, hoy ésta se lleve a cabo en lugares (edificios) y por medios remotos a la calle.

Para hablar de comunicación en la calle se han utilizado varias categorizaciones, Czarnowzky hace una pequeña síntesis para describir una pequeña taxonomía con referencia a la calle:

"Categorías de comunicación. 

1. Modos de comunicación con raíces biológicas que exigen participación personal, pero que no requieren ningún artificio físico de soporte; los gestos, el color, los cambios de temperatura y las funciones de regulación de la distancia, el lenguaje hablado y el poder de locomoción del hombre.

2. La segunda categoría sitúa las llamadas extensiones de la capacidad lingüística y locomotiva del hombre. el Lenguaje escrito y su transporte físico que va desde el correo hasta el telefax.

3. La tercera categoría corresponde al movimiento e intercambio de bienes, con subcategorías: Red de suministros y distribución de servicios. La primera recoge al transporte de bienes agrícolas y manufacturados (alimentos, entre otros), cuyo suministro mantiene los procesos vitales de la ciudad y cuyo intercambio constituye la función tradicional del mercado. La segunda tiene que ver también con las redes de intercambio y suministro de información.

4. Por último encontramos la red de residuos, sub productos del sistema, que van a ser eliminados o reubicados. Cubre desechos físicos, químicos e información"[14].

El principal conjunto de relaciones entre los individuos en la calle se lleva a cabo dentro de la primera categoría. Es el significado de las relaciones cara a cara y su importancia como generador del proceso de socialización en la comunidad, generador de la comunidad misma, lo que podemos obervar en las calles, especialmente en las calles del barrio con los grupos de pares. Aún en las relaciones en lo que llamamos la calle comercial (¿cosmopolita?), donde se presentan un alto volumen de información y una grán sensación de anomia, existen formas de comunicación específicas, ligadas a la estética y al consumo.

 


     [1] Bueno, E. & Obregón, R. 1981. Una visión desprevenida sobre el crecimiento de Bogotá. 1890-1980. Fedesarrollo. Bogotá. p. 1-2

     [2] Ibíd. Op.cit. p. 2

     [3] Cordovez. Op.cit. p. 229

     [4] Viviescas, Fernando. 1989. Urbanización y Ciudad en Colombia. Ediciones Foro Nacional. Bogotá. p. 65

     [5] Viviescas, Fernando. 1989. Urbanización y Ciudad en Colombia. Ediciones Foro Nacional. Bogotá. p. 65

     [6] Ibíd. Op.cit. p. 115

     [7] Ibíd. Op.cit. p.115

     [8] DAPD-SIEED, Op.cit. p 36

     [9] Ibíd. Op.cit. p. 115

     [10] Ibíd. Op.cit. p. 114,116

     [11] Ibíd. Op.cit. p. 116

     [12] Diccionario Enciclopédico Barsa. 1970.

     [13] Czarnowski, Thomas. 1981. La calle como artificio de comunicación. En: Stanford, Anderson (ed). 1981. Calles problemas de estructura y diseño. Ed G.Gili. Barcelona. p. 217

     [14] Ibíd. Op.cit. p.218

 

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