4.3.7. Del Festejo.
El encuentro en la calle para festejar es una
actividad comunitaria; a su vez el festejo es un encuentro que convoca a toda la
población sin distinciones de edad o sexo, el cual se ha desarrollado durante toda la
historia de la ciudad.
Hemos observado que el festejo se consolida como
una de las actividades representativas y significativas en el proceso de construcción del
espacio público en la Santafé colonial y en la primera etapa de la república hasta
finales del siglo XIX.
Las celebraciones fueron mayoritariamente de
carácter religioso, presentando 2 facetas: el ritual católico propiamente
dicho -procesión y misa- y la celebración pagana -carnaval, la
fiesta-.
Esta tradición representa una herencia
especialmente para los barrios populares, donde el festejo en la calle genera el
reconocimiento del individuo en la comunidad a través del compartir el ritual de la
Iglesia católica. Ahora, la herencia que llega a nuestros días, corresponde al ritual
católico propiamente dicho con sus dos elementos caracteríticos: En primer lugar, la
Procesión, que incluye el desfile, la dramatización -recordemos los desfiles
del Corpus en la Colonia-; y la Misa. Y en segundo lugar tenemos la celebración pagana
como parte del festejo religioso, la cual se encuentra restringida desde finales del siglo
XIX. Las celebraciones religiosas que sobreviven para finales del siglo XX, con una
proyección en el espacio público, la calle, son las siguientes: La Navidad, La Semana
Mayor o Santa y el día de la Virgen del Carmen.
Las celebraciones modifican la construcción de la
calle físicamente: en el caso de la navidad, la calle adquiere nuevos colores y figuras
en la calzada y en el andén, así como pasacalles e iluminación especial -en las
fachadas o atravesando la calle-. Lo especial de este hecho es su realización como
producto comunitario, el adorno de la calle se constituye en motivo de encuentro, de
reafirmación de vínculos afectivos y de solidaridad, donde nuevamente la
(re)construcción de la calle (del espacio), se nos presenta como el vehículo para la
consolidación de la comunidad: "En las fiestas decembrinas los jóvenes y las
mujeres hacen recolectas entre los vecinos de la cuadra para pintar andenes y fachadas o
pavimento con motivos y colores alegóricos (Papá Noel, Velas, Bastones, Mensajes de
feliz Navidad les desea la familia...), también cuelgan entre los segundos pisos
bombillos, banderolas, y festones de diferentes diseños, hechos con papeles, plásticos y
material desechable...
(...) Es la época callejera que va desde el 7 de
diciembre hasta el 6 de Enero"[1].
Las fiestas como la de la Semana Santa y el día
de la Virgen del Carmen, centradas en la procesión, modifican más que la construcción
física, el espacio como entorno a través de la (re)construcción del escenario para el
ritual. La calle se sacraliza momentáneamente, se convierte en el refugio para la
oración, la plegaria, el anhelo y el arrepentimiento. Una nueva perspectiva de la calle y
su cotidianidad a través del hecho religioso se abre ante nosotros como posibilidad
multiplicada de (re)significación y construcción del espacio urbano. "Las
celebraciones religiosas de Semana Santa se hacen peregrinaciones y procesiones hacia
iglesias, monumentos, estaciones, imágenes; en algunos barrios los viacrucis son en vivo,
donde se permite el "espectáculo" de la flagelación, la colocación de la
Corona de espinas y la Crucifixión de Cristo y en otros, las imágenes son dejadas en
casa haciendo Misas campales...(...) Otra celebración es la de conductores de buses el 16
de julio día de la virgen del Carmen, cuando decoran altares y vehículos de manera
especial, haciendo procesiones que alteran el tráfico en vías principales y en
paraderos, donde se llevan a cabo las Misas en su honor"[2].
El caso concreto de la celebración religiosa,
como reconstructora de la calle, para el barrio La Perseverancia es presentado por Niño y
Chaparro de la siguiente forma: "El corredor religioso conformado por la Virgen de
Fátima, el Salón de Velaciones Fúnebres, el Colegio Parroquial, y el monumento al
Sagrado Corazón de Jesús, corredor que marca tramos de peregrinación y oración, los
cuales son utilizados en Semana Santa y con ocasión de celebraciones como la fiesta de la
Virgen del Carmen"[3].
4.3.7.1. Las celebraciones no religiosas.
Sólo existe una festividad que se proyecte en el
espacio público en casi la totalidad de la ciudad. Se trata de la fiesta de Halloween
traducido como "Fiesta de las Brujas o de los Niños". Pese a que fuera una
celebración importada de norteamérica en los años 60s, su asimilación concretó en la
ciudad una nueva posibilidad de festejo en la calle a través de la lúdica del disfraz y
de la consecución del dulce; descrito de la siguiente por Rojas y Guerrero: "El día
de los niños o de las brujas es una fiesta infantil celebrada el 31 de Octubre, cuando
desde la mañana los niños con sus disfraces invaden las calles pidiendo dulces en las
tiendas del barrio y en la noche van de casa en casa".
El festejo del Día de las Brujas puede ser la
única actividad de esta índole realizada en los barrios de las clases media y
media-alta, aun cuando organizar la fiesta de Halloween en el edificio (club, salón
comunal o residencia), es un proceso que progresivamente reemplaza la calle por el
edificio en este sector de la sociedad. Pero por otra parte, el día de las brujas no se
constituye en cohesionador de la comunidad en las clases medias, mientras que el carácter
de celebración total dado en los barrios populares puede brindarle una connotación
diferente a la fiesta y a la celebración en la calle.
Por último, nos encontramos con la celebración
del festejo espontáneo en los barrios populares. En la calle se celebran los hitos en la
vida de los habitantes, o la construcción física del barrio, específicamente de la
cuadra, en palabras de Rojas y Guerrero:
"La calle intempestivamente puede vestirse de
fiesta cuando algunos vecinos cierran la cuadra para celebrar un cumpleaños, la llegada
de un bebé, la finalización de una jornada de trabajo colectivo (embellecimiento de la
cuadra, autoconstrucción, la "hechada de placa"), la culminación de una
construcción comunitaria ... entonces cantan el happy birthday, dan regalos, rompen
huevos, hacen comida entre todos, toman cerveza o aguardiente, sacan el equipo de sonido o
prenden el radio de algún carro y bailan".
Nos encontramos, entonces, ante la máxima
expresión de la construcción social del espacio la cual parte de la construcción
física; pasa a través de la cotidianidad de quien construye; y que culmina con la
celebración como acto de comunión, máximo estado posible de significación y
construcción del espacio sin una mediación absoluta del consumo. Toda perspectiva que
fragmente este hecho no podrá dar razón del espacio construido.
El festejo en la calle nos presenta la totalidad,
la indivisibilidad del fenómeno, el cual necesita de una comprensión antes que de la
explicación.
¿De dónde surge la importancia de este festejo
en la calle, del celebrar como construcción del espacio en los barrios populares?.
Podemos comenzar a buscar las raíces en el siguiente texto de Sartre: "...en los
Estados Unidos las ciudades nacen del mismo modo que mueren: en un día. Los
estadounidenses no se lamentan por esto, pues lo esencial para ellos consiste en llevarse
consigo su home. Este hombre es el conjunto de los objetos, muebles, fotos, recuerdos, que
le pertenecen, que le devuelven su imagen y que constituyen el paisaje interior y viviente
de su morada. Son sus penantes, y se los lleva a todas partes, como Encas.
La house es el esqueleto y la abandonan bajo el
menor pretexto"[4].
Home y house traducen al español algo así como
hogar y vivienda (edificio); a partir de estos dos elementos, lo que presenta Sartre como
la provisionalidad del hecho físico en la ciudad norteamericana, se constituye en un
proceso de construcción ligado al consumo de espacio.
En la actual Bogotá existen dos formas
particulares de construcción del espacio urbano: La primera, propia del sistema
capitalista, se origina en la producción y consumo del espacio urbano. La ciudad es
construida físicamente por la industria, la cual levanta una serie de estructuras
(edificios, calles), a través de una mano de obra la cual no residirá en el espacio que
produce y construye espacio en serie para un habitante anónimo, quien le es desconocido.
Esta estructura es mercancía consumida por una población que al habitar el espacio
(pre)construido, lo reconstruye a partir de procesos de apropiación y significación
posteriores.
Caso distinto ocurre con la autoconstrucción
colectiva, como segunda forma de construcción; donde se consume el espacio como lote (si
no se invade), como una mercadería es cierto, pero allí no existe ningún valor de
trabajo agregado -frecuentemente no hay servicios públicos-, la posterior construcción
física del espacio le agrega este valor, lo cual conlleva a que paralelamente a este
proceso se construyan un significado y una apropiación. En el caso anterior el house se
consume y allí se imbrica el home en un proceso de reconstrucción del espacio; pero, en
este último caso, especialmente en los barrios populares de clase baja (incluyendo
urbanización marginal) en proceso de conformación, el house y el home se construyen al
mismo tiempo como una unidad.
Cuando se trata de un proceso colectivo, el
festejo en la calle marca un hito en ambos sentidos, en el de house y home; ya que la
construcción del espacio es la misma construcción de comunidad, pues como señala
Gadamer: "Si hay algo asociado siempre a la experiencia de la fiesta, es que rechaza
todo el aislamiento de unos hacia otros. La fiesta es comunidad, es la presentación misma
en su forma más completa. La fiesta es siempre fiesta para todos. Así, decimos que
<<alguien se excluye>> si no toma parte"[5].
Las implicaciones del festejo en la calle son
entonces fundamentales en los procesos de apropiación del espacio urbano por parte de los
habitantes. Gran parte de los comportamientos y actitudes de los individuos para con la
ciudad parten de los afectos que se concretan en la celebración en el espacio público.
Por ello se han intentado implementar varias políticas por parte de la Alcaldía Mayor de
Bogotá, especialmente en la gestión Mockus-Bromberg (1995-1998), que convoquen al
ciudadano al festejo en la calle, para impulsar la apropiación del espacio público,
especialmente en donde el ciudadano fue desalojado: el centro de la ciudad. Este fue el
caso de los "septimazos", donde se corta el flujo del tráfico vehicular en la
carrera 7a. entre calles 6a. y 24, para que las personas puedan disfrutar de actos
públicos como conciertos, teatro y danza al aire libre, en tarimas dispuestas a ambos
lados de la vía.
El problema con estas políticas es que conforman
un proceso inverso en la relación festejo-identidad, ya que no se le permite al ciudadano
apropiar y construir la calle a partir de sus necesidades (económicas y lúdicas) pero se
le propone apropiar de acuerdo al orden impuesto bajo la dirección del Estado. La
apropiación del espacio se convierte, entonces, en un mecanismo para aumentar la
efectividad del orden social del sistema como en la idea de Jane Jacobs[6]: reducir la
inseguridad en el espacio público haciendo que los habitantes pasen más tiempo en él;
que fue retomada por el alcalde Mockus en su administración para organizar su política
de espacio público. No obstante, el problema radica en el hecho irreversible que
constituyó la expulsión de la población del centro de la ciudad y de la calle en
general -también como política de espacio urbano-, pues al no permitírsele al ciudadano
construir su ciudad no pudo apropiar el espacio. Finalmente, lo que estas políticas piden
es la apropiación de una ciudad que la comunidad no ha construido, que no reconoce;
porque es el proyecto de ciudad que construyó la burguesía como clase dominante para
mantener su hegemonía en detrimento de los intereses del resto de la sociedad.
El encuentro en la calle modifica totalmente el
espacio construido, el detenerse para realizar una actividad compartida transforma las
expectativas y significaciones de los individuos para con la calle, donde la construcción
del grupo, de la comunidad, es simultáneamente la (re)construcción del espacio.
[1] Rojas & Guerrero. Op.cit. p. 40
[3] Niño, C. & Chaparro, J. 1997. El espacio público en algunos barrios populares de
la Bogotá actual. En: La Calle lo ajeno, lo público y lo imaginado. Documentos Barrio
Taller. Santa Fe de Bogotá. p. 71-88
[4] Sartre, Jean Paul. 1945. Ciudades de los Estados Unidos. En: Situation X. La
república del silencio. Ed. Lozada. Buenos Aires. 1965. p. 64
[5] Gadamer, Hans-Georg. 1991. La actualidad de lo bello. Editorial Paidós/I.C.E-U.A.B.
Barcelona. p. 99
[6] Jacobs, Jane. 1973. Muerte y vida de las grandes ciudades. Ediciones Península.
Barcelona. p. 33-58
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