La calle: Espacio geográfico y vivencia urbana en Santa Fé de Bogotá
Vladimir Melo Moreno
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1.1.4. Hemos perdido la memoria.                

Tal vez el espacio sea eso que sentimos, que experimentamos desde cuando nacemos, nuestra exterioridad: algo que somos y no somos; lo cual en algunas culturas se refiere a compartir, mientras en otras significa excluir, aquello que de todas formas nos hace objeto y sujeto en relación con lo(s) demás.

Si es así, no es posible sustraernos del espacio pues no podemos retirar de él nuestra mirada, la mirada que inventa, la cual es subjetiva dado que el espacio es una experiencia sensible, pues "no es objetiva, no es un espacio de objetos sino de significaciones"[1]. Significaciones que parten de los procesos de nominalización los cuales son nuestros, cotidianos; se trata de la generación humana.                

De esta forma, como señala Pardo: "El tiempo y el espacio son relaciones que ligan los fenómenos entre sí en mi experiencia pero las relaciones solo existen en quien las observa y no en los objetos" [2].

Al leerse: "Las relaciones entre los fenómenos son subjetivas pero los fenómenos son objetivos"[3], esta afirmación nos revela la existencia de los objetos independiente a nuestra observación, sin embargo ¿Qué sería del fenómeno si el hombre no lo presenciara?. -¿Cuál es el sonido que hace un árbol al caer, si el bosque está deshabitado?-. Del hombre, entonces, depende el objeto y depende el orden "de lo dado que no es dado sino, (su)puesto para el que lo experimenta"[4].

Pero la experimentación de nuestro exterior no es un acto individual, es en la práctica un acto social, pues el "orden xyz" se constituye en un hábito porque nos acostumbramos a él, porque en nuestra cotidianidad le asignamos el mismo significado, significado aprendido ya que "cualquier otro orden es concebible pues todas las sucesiones reales son contingentes...(...) Las topo-logías y crono-logías no son inferencias lógicas sino hábitos", que proceden de una cosmo-logía específica[5]. Este hecho se observa en la actualidad en la forma como un niño aprende a "manejar el espacio": un niño indígena juega con los elementos que encuentra a su alrededor como piedras, hojas, insectos, etc., mientras que un niño en la ciudad (posteriormente en la escuela) aprende a encajar un triángulo en su propio orificio, un cuadrado en un orificio cuadrado, para él los objetos son cubos, cuadrados, triángulos. Pero para el niño indígena siempre serán gusanos, hojas de.., piedras, luna, sol..., la abstracción de que habla Jammer, en la que enfatiza Piaget, es ahora un "hábito" pero no existen valores emotivos respecto al hábito. Un cuadrado como cuadrado no despierta mayor sentimiento a menos que se "observe como un niño" y el cuadrado esconda todo el cosmos y sus criaturas detrás, que es lo que nos trata de insinuar Sack, esto es precisamente lo que nos quitamos de encima al interiorizar las reglas culturales de occidente.

Quiere decir todo esto que el espacio es un producto de carácter fenomenológico, el cual en principio depende de la experimentación, aunque la ciencia lo aleje del mundo de la vida ordinaria y del lenguaje vulgar, convirtiéndolo en una idealización abstracta que nada tiene que ver con nosotros mismos; es sólo su experimentación, esta experiencia punto de partida y llegada, lo que nos une a la realidad sin mediaciones, lo cual nos lleva a concentrarnos en que el espacio es una vivencia y si Einstein dijo que el espacio no se concibe sin el tiempo y al revés, podemos decir que la vivencia no se concibe sin el espacio-tiempo y al revés. Aunque la ciencia separe al científico del problema y nos muestre un camino objetivo, es necesario atender al pregón de Heisenberg de que no es posible concluir que existe un mundo objetivo de hechos independientes de las personas que realizan las observaciones científicas; para concentrarnos, entonces, en nuestro autoanálisis y sentir.                


1.1.5. Vivo, Vives, Viven, Vivimos..ah! que cotidiana es la vida.

Vivencia tiene que ver lógicamente con el hecho de estar vivo y vivir, como situación y como acción. El espacio es una vivencia y tiene que ver con la acción, primero la acción sensible.                

El espacio lo construye en principio la capacidad de movimiento en el ser humano, después vendrán los sentidos; pues humanos ciegos, sordos, o carentes de tacto pueden identificar el espacio caracterizándolo a través del movimiento. Sólo un ser humano en coma profundo podría encontrarse sin sentidos y sin capacidad de movimiento voluntario; y por tanto no podría definir un espacio ya que su vida se limita a la situación pues su acción se encuentra en by pass.                

El "espacio" o la espacialidad humana es un acontecimiento natural, pero la conciencia frente a este suceso es aprendida a medida que se incorpora información sensorial mediada a través de la imitación, de la recepción de la información oral, escrita, científica. Como el manejo del espacio le es imprescindible para vivir, la información que el hombre maneja al respecto se genera y asimila a cada milésima de segundo, cuando escribo el borrador de este trabajo tengo que "pensar" en las formas y distribución de la tinta en el papel, mientras genero cada caracter y cuando transcribo al computador tengo "programada" la distribución de los símbolos en el teclado. Generalmente nuestra información espacial no es consciente, sino que a través de nuestra formación "mecanizamos" la acción espacial, los humanos utilizamos generalmente un piloto automático para utilizar la información espacial de cada segundo.                

Sólo los artistas en la plástica, en el cine, la literatura, la música y la arquitectura como arte; y los "científicos espaciales" llámense urbanistas, planificadores, físicos, geógrafos, etc, son quienes desconectan parte del automático y asumen la conciencia, "lo manual", de la información espacial en distintas escalas y con diversas perspectivas. No obstante al servir un vaso con agua, subir unas escaleras o al acostarse a dormir no se es consciente de toda la información espacial que esto supone.

El espacio como construcción del hombre, vivencia y abstracción; se nos presenta como un hecho ordinario, esto quiere decir, permanente. En otras palabras: Cotidiano.

La cotidianidad es un término ambivalente en un marco científico,
algunos autores. incluyendo a Lefebvre en 1963, llaman cotidianidad a "lo que subsiste cuando a lo vivido se le han sustraido todas las actividades especializadas" [6]. Sin embargo esta consideración es sumamente restrictiva y deficiente pues ir a la oficina o a la fábrica realizando prácticamente la misma labor 5 días a la semana casi todas las semanas del año casi todos los años de una vida, ¿No hace acaso cotidiana una labor especializada?.                

El mismo Lefebvre una década después propondría una visión más clara escribiendo que el estudio al observar la vida cotidiana "...trata de explorar lo repetitivo. Lo cotidiano en su trivialidad , se compone de repeticiones: gestos en el trabajo y fuera del trabajo, movimientos mecánicos, horas, días, semanas, meses, años; repeticiones lineales y repeticiones cíclicas, tiempo de la naturaleza y tiempo de la racionalidad. El estudio de la actividad creadora (de la producción en el sentido más amplio) conlleva hacia el análisis de la reproducción, es decir de las condiciones en las cuales las actividades productoras de objetos o de obras se reproducen ellas mismas, recomienzan, reanudan sus relaciones constituidas, o por el contrario, se transforman por modificaciones graduales o por saltos"[7].

De otro lado, Agnes Heller propone como conceptualización general, que nos acerca más a un sentido de lo cotidiano, el siguiente enunciado: " La vida cotidiana es el conjunto de actividades que caracterizan la reproducción de los hombres particulares los cuales a su vez crean la posibilidad de la reproducción social"[8].

Sabemos que existe un divorcio entre racionalidad y vida cotidiana, ésta última donde ¿Acaso se halla nuestro "irracional" piloto automático?. Se supone que es un contrasentido, con respecto a una conceptualización formal de espacio, pero en filosofía el espacio representaría lo irracional mientras que el tiempo generaría conciencia de la acción, esto quiere decir: la reflexión; la reflexión es interna pero el espacio no es reflexión, es un fenómeno sensible y como tal requiere de tiempo para convertirlo a una dimensión inteligible, parte de estos presupuestos han hecho del espacio un paria filosófico.

Acudimos ahora a Lefebvre, siguiendo el hilo del conflicto para recapacitar ya no sobre el espacio como particular sino como elemento de la vida cotidiana, "Con relación a la filosofía, la vida cotidiana se presenta como no filosófica, como mundo real en relación al ideal (y a lo ideado). Frente a la vida cotidiana la vida filosófica se pretende superior y se descubre como vida abstracta y ausente, distanciada, separada. La filosofía intenta descifrar el enigma de lo real y enseguida diagnostica su propia falta de realidad; esta apreciación le es inherente"[9].

La cotidianidad y la vivencia se encuentran íntimamente ligadas pero una vivencia puede no ser cotidiana. Existen hitos dentro de la cotidianidad, los hitos pueden tener una espacialidad, pero los hitos solo son hitos en tanto el individuo así lo considere.                
Respecto a la vida cotidiana y al espacio como su elemento, hemos de decir, que las ciencias parcelarias no pueden dar cuenta de hechos concretos omnidimensionales. El espacio como vivencia y como hecho cotidiano podría abordarse desde muchos puntos de vista sin que el científico lograse una aproximación total. ¿Por qué?. El hecho cotidiano como información de carácter continua, debe ser articulada por los hombres a su acción por medio de un saber cotidiano.                

El espacio es una construcción cotidiana, es un proceso de interacción entre hombre y medio, es una construcción consciente o mecánica. Sea de una u otra forma, sabemos que los hombres articulan su acción cotidiana a través de una serie de parámetros de muy diferente índole a cuyo conjunto hemos denominado saber cotidiano: El contenido del saber cotidiano es la suma de conocimientos propios sobre la realidad, que son utilizados efectivamente en la vida cotidiana.                

Agnes Heller propone una categorización del saber cotidiano en dos sentidos: Primero, es una categoría objetiva porque el saber cotidiano de una época, o un grupo, es relativamente independiente de la apropiación que un sólo sujeto haga de éste. Segundo, es una categoría normativa en tanto que la totalidad del grupo (estrato social) o integración debe apropiar este saber cotidiano para cumplir su función[10].                

A partir de la categorización anterior Heller hace el siguiente razonamiento: La suma de los conocimientos necesarios para el funcionamiento de la vida cotidiana en un determinado período puede no ser poseída por cada sujeto y la posibilidad de que todos posean tal suma de conocimiento disminuye paralelamente al desarrollo de la división del trabajo, aplicándose de igual forma a la diferenciación de clases sociales.

Es interesante hacer una pequeña reflexión al respecto ya que cuando nos enfrentamos a una categorización tan rígida del saber es posible que se presenten problemas en la identificación de una realidad concreta detrás de la conceptualización. Existen en la propuesta de Heller una serie de indeterminaciones, al parecer lo que para la autora se denomina saber cotidiano es lo que para este caso yo denomino saber popular. Saber popular en términos de un conocimiento que generan los individuos en sociedad y que paralelamente al conocimiento científico responde a conflictos cosmológicos y más aún a circunstancias de orden cotidiano. Son los conocimientos que se concretan en prejuicios, códigos, significados, imaginarios y comportamientos que se rigen por la normatividad que se ha generado en la reproducción social a partir de las vivencias de sus particulares dentro de una colectividad. Este saber popular tiene un gran arraigo en la tradición oral que se recrea en las principales instancias de socialización del individuo, la familia, los grupos de pares, la comunidad, la iglesia; aunque hay que anotar, que en este momento histórico el consumo de valores que se hace a través de los mass media tiene un fuerte impacto en la construcción de este proceso, modificando la forma y el contenido del saber popular especialmente en las ciudades.

Pienso que el saber popular como conjunto no puede ser aprendido en su totalidad por un solo individuo y estoy de acuerdo con que éste tiene connotaciones distintas con respecto a los grupos -clases sociales- que coexisten dentro de una sociedad jerárquica, ya que existen normas, comportamientos y formas de lenguaje que se diferencian y que diferencian a los unos de los otros, en principio, ya que dentro de las mismas clases sociales existen diferencias, pues las pautas de comportamiento son utilizadas por los individuos para socializar, lo cual supone una normatividad generada desde cada instancia de socialización.

El saber cotidiano es particular, contrario a lo que representa el saber popular; sin embargo, son conceptos que se encuentran entrelazados debido a que cada individuo incorpora en su forma de saber cotidiano parte del saber popular de una forma específica que tiene que ver con el propio desarrollo de su vida en sociedad. El saber cotidiano ordena en gran medida, si no totalmente, nuestras acciones como individuos. ¿Cómo un individuo puede no poseer la totalidad de un saber cotidiano si éste se lo construye a partir del devenir de su propia existencia?. Las apropiaciones tienen un carácter evidentemente singular, inclusive la apropiación del espacio lo es; se conciben desde el desarrollo de la acción y su recuerdo, verdadera memoria así sea solo por un instante. El saber cotidiano es la memoria de nuestra vida, y en ese sentido nadie puede crearlo, vivirlo o aprenderlo por cada uno de nosotros.                

Concluyo entonces cómo es necesario diferenciar el saber popular del saber cotidiano, aunque los dos se recreen cada segundo de forma simultánea, teniendo en cuenta que el saber cotidiano se nutre del saber popular y éste a su vez se construye a través del saber cotidiano. En ambos casos tanto el saber cotidiano como el saber popular tienen connotaciones distintas y semejantes dentro de la construcción de la espacialidad.

 Todo ser humano posee un saber cotidiano, una serie de conocimientos sobre los cuales se construye su vida segundo a segundo y esta edificación de conocimiento o saber parte de los órganos sensores y su significado se concreta a partir de los filtros que representan las instancias de socialización, junto con los procesos de producción y consumo.
 
El espacio en estas condiciones expresa una interacción del hombre con su medio a través del procesamiento de información. El ser humano siente-(nominaliza)/(racionaliza)-ejecuta, como proceso mediado no sólo por la formalidad sociocultural sino también por los afectos. La forma como el individuo procesa la información sensorial es particularmente social, por tanto cultural. En una sociedad estructurada como Occidente, las personas "sufren" de etapas en su ciclo vital, etapas bien diferenciadas en términos de su conocimiento, se supone en la cultura occidental que un niño no diferencia un color del objeto que lo porta, pero a medida que crece aprende a abstraer el objeto y el color de forma independiente y ello se considera como un avance en la conceptualización que el individuo lleva a cabo.

Históricamente, el proceso educativo: la aprehensión de los conocimientos necesarios para la vida en sociedad, las normas de socialización junto con los comportamientos y la capacidad de producción; se encontraba dirigido por la familia donde se da la transmisión del saber de forma oral. Allí los conocimientos, la aprehensión de la lectura-escritura, en algunos casos, el manejo técnico o el oficio se conjugan con la estructuración de una cosmogonía. La familia que a su vez se encuentra dependiente de la iglesia y posteriormente de una legislación secular liga al aprendizaje del individuo una fuerte carga de concepciones religiosas que mimetizan conocimientos y respuestas respecto al mundo.                

Existe en este punto una recolección de información sensorial que debe ser procesada, la captación de esta información es "natural", se logra por medio de órganos, pero su procesamiento se lleva a cabo no solo por instinto sino a través de una serie de parámetros que son en su mayoría aprioris aprendidos por imitación, los conocimientos cotidianos son transmitidos e interpretados por medio de la familia.                

Sin embargo con el desarrollo del proceso de producción capitalista la educación se lleva a cabo en una institución social llamada escuela, ya que los padres se encuentran absortos en el sistema productivo o no logran dar a sus hijos un conocimiento lo suficientemente efectivo y especializado para que puedan producir de forma eficiente dentro del sistema, a medida que se diversifica y especializa la producción consecuentemente sucede lo mismo con la escuela. De esta forma se inicia una etapa en la cual la institución escolar asume la enseñanza del espacio.

El conocimiento cotidiano al que nos hemos referido se aprende de modo diferente dependiendo del tipo de sociedad en que se desarrolle un individuo. En algunos casos podremos ver como de la familia el aprendizaje pasa a la comunidad -podríamos estar hablando de una comunidad rural-, donde ésta tiene una serie de referentes y significaciones espaciales que surgen del compartir vivencias que se vuelven comunes y se acumulan en la memoria colectiva que contiene la memoria compartida por cada individuo.

A partir de cierto momento se genera un circuito clave, cuando una sociedad construye instituciones, imaginarios, significaciones, construye espacio, espacio que no se reproduce sino que se recrea mediado por dichos productos. Con esto quiero decir que la "creación" social genera un tipo de espacio que va a ser modificado por el desarrollo mismo de la producción, y estos cambios a su vez van a modificar la producción de una sociedad.
La construcción social, la construcción de espacio: La construcción de la vivienda, la ciudad, la calle; son hechos que parten de la vivencia como cotidianidad, como historia de hitos y como historia de mitos, como tiempo que transcurre en la realidad de los segundos uno a uno, en el que suceden los hechos mecánicos, repetitivos, y emergen los sentimientos los cuales se desenvuelven como formas del caleidoscopio.

Cuando recordamos el planteamiento de una previa conceptualización en la génesis, a través de la proposición causal: la esencia precede a la existencia nos es necesario retornar a J.P. Sartre y fijarnos bien en su actitud secular cuando invierte el proceso colocando como precedente la existencia a la esencia[11]. Para que exista la calle tiene que existir un ser humano que la cree y una sociedad que la afirme, lo mismo pasa con la conceptualización del espacio. El conocimiento y la forma de conocer, la construcción y la forma de construir, nos hacen retomar la sentencia sartreana de la autoconstrucción progresiva, histórica, del Hombre.                

Dar cuenta del espacio, y en esa medida de la calle, es un proceso de liberación. La comprensión de éste se logra en la medida en que asumamos el método (conocimiento científico), sólo como una perspectiva más dentro de un universo extenso de posibilidades. Tenemos que entender la ciencia como una parte del individuo, solo una, que se encuentra al mismo nivel de las multiples formas de conocimiento, ya que la acción humana no está basada mayormente en el conocimiento científico -aunque hacia el futuro es una posibilidad aterradora-, sino que por medio de nuestra experiencia cotidiana, a través de la resolución de nuestros sentimientos y conflictos, generamos un saber, saber sobre nosotros mismos y lo(s) que nos rodea(n), de forma tan certera que en ello basamos casi la totalidad de nuestros actos segundo a segundo.                

Siendo nuestra acción segundo a segundo, la forma como construímos y reproducimos espacio, atender a los aspectos cotidianos puede ayudarnos en la comprensión de la calle, lo que pasa con nosotros en relación a ella.                

1.2. ¿Calle?

La calle es actualmente la metáfora -¿Lo es?- más cruda y contundente de la vida. Representa la vida en sociedad, en este caso en una metrópoli, representa la anomia del consumo y la lucha por la construcción de la comunidad. Significa el transcurrir como acción, esencia del espacio-tiempo; el recorrer, el movimiento como acción constructora del espacio y de la idea de vivir, de llegar a algún lugar con nuestra existencia. Podríamos entonces asumirnos en una dimensión más amplia y afirmar que la vida solo puede vivirse, lo mismo que la calle, como su metáfora, en términos de posibilitar una cognición (no solo racional), la cual parte inevitablemente de su experimentación.                

La calle como espacio se construye y reconstruye cotidianamente, el saber que opera en su construcción es un saber cotidiano, son un número reducido de personas las que operan en la calle desde una perspectiva científica, y probablemente los que lo hacen no lo lleven a cabo en todas las circunstancias sino cuando la razón opere frente al objetivo (problema) específico.

Nos ubicamos en este punto para observar la concepción de la calle en su sentido histórico, su esencia. La calle en su identificación como vía entre edificios y edificaciones proviene de una visión puramente urbana. Si nos detenemos a mirar la calle en Santa Fe de Bogotá hoy, responde a una construcción urbana occidental que proviene de la implantación específica de la conquista y colonia española. Pero, el no poder concebir la esencia y el sentido de la calle sin remitirnos a la ciudad y a nuestra visión actual de ésta, es un gran error.

Es necesario encontrar la idea esencial del espacio construido pues la calle se constituye como espacio artificial, la calle en sí es un artificio, cuyo origen es la idea, y el de ésta a su vez es la acción y elección del hombre que vive en sociedad. Rykwert nos ofrece una amplia visión de este hecho, cuando afirma que el atributo conceptual marca la estructura física. Este autor expresa que la calle tuvo en principio un estado conceptual donde, físicamente el camino o la senda pre-existe a los asentamientos humanos permanentes[12].
 
Pero veamos, ¿Cuál es el momento en el cual podríamos conocer la construcción del espacio?, o más bien ¿Cuándo se construye un espacio?. Sabiendo que el espacio se construye en sociedad, ¿Cuál es el primer elemento de la construcción social del espacio o de cualquier construcción social?, el lenguaje. ¿Cuándo y cómo se diferencia un objeto, un fenómeno, un "espacio-lugar" del otro?. Cuando tiene un nombre. La nominalización es el punto de partida para la construcción del espacio en sociedad, pues la identificación que un individuo hace de un elemento, "espacio", puede no conllevar nombre; pero compartir esta identificación con otro(s) individuo(s) requiere de un código que haga la identificación y concepción del objeto comunicable, que le de un sentido social; y el nombre es este código básico desde el cual las sociedades se comunican por medio del lenguaje hablado -y posteriormente escrito-.

El lenguaje hablado tiene que ver con sonidos que poseen significado y éste a su vez tiene un sentido que parte del padecimiento (experimentación) y análisis fenoménico (conciencia del fenómeno) individual o colectivo, a ello llamamos "experiencia"; los sonidos al ser empleados con un significado contienen una intención (sentido), como podemos observar entonces en la sentencia de Rykwert: "Las expectativas se transparentan en las palabras que se emplean para nombrar y describir la calle"[13]. Senda, camino, calle, carretera, avenida, autopista, todos estos sustantivos que nombran espacio tienen una propiedad, no sólo nombran volumen, sino que también brindan una caracterización pues su sentido incluye entorno, acción o acción específica e incluso material.                

Por ejemplo, ¿Cuál es la actual diferencia entre camino y calle?                
Calle: Vía en poblado[14]; Una carretera relativamente ancha (a diferencia de una "vereda" o un callejón), dentro de una ciudad o de un pueblo, que discurre entre dos hileras de casas. Por lo general dispone de aceras y calzada. Se llama así también al conjunto formado por la carretera y las casas adyacentes[15].
Camino: Lengua de tierra que se construye para transitar; vía que se construye para transitar[16].

Como podemos observar, calle no sólo describe un artificio concreto sino que incluye un entorno, en palabras de Ellis: "... y todas ellas (definiciones) señalan la naturaleza múltiple peculiar y coherente de la calle; es al mismo tiempo una carretera y un lugar, y no se puede separar de los edificios que la bordean"[17]. La palabra camino, de otro lado, no incluye necesariamente un entorno, pero viene de la acción específica: caminar, aunque por exclusión del significado de calle, camino podría ser entendido dentro de un contexto rural o por lo menos no construido como el continuo urbano a que "calle" hace referencia. Además, según la definición aquí dada, camino haría referencia a un material, en este caso tierra.

Podemos concluir el ejemplo analizando el término carretera, el cual en principio viene de carreta; es una vía que recorre un tipo de vehículo rodado, en este caso por circunstancias históricas, carretas. Aquí el problema, además del volumen, es la acción, la acción que representa el movimiento de un objeto específico en un "espacio" específico.

Aunque no se lleve a cabo un exhaustivo análisis lingüístico, nos es necesario llegar al fondo del significado de las palabras, de los códigos, para encontrar la esencia de los nombres y por tanto de la generación del espacio. Ahora bien, podemos afirmar que existe una raíz conceptual común dentro de senda, camino, calle, carretera, etc.: la "vía". Vía procede de-venir y se trata de la acción, como acción básica, el padecer la sucesión de los fenómenos constituyendo el espacio (-/y) tiempo, en momentos de acción pura donde vía y vida son esencias en conjunción.                
 

Las formas de comportamiento social respecto a las cosmogonías y a las formas religiosas en general, se han representado en rutas, caminos o sendas: "Desde su comienzo, el camino debe haber tenido importancia metafórica y cognocitiva, aparte de su empleo más obvio. Esta cualidad de la calle se comprueba por sus incontables apariciones en los proverbios: todos sabemos que el camino a la salvación es recto y que la puerta es estrecha; o, el camino del bien esta hecho de espinas"[18].                

De igual manera, muchos rituales indígenas tienen lugar sobre la construcción de un camino o senda: "senda implica el curso más básico que puede seguir un movimiento, para los no iniciados, ya sean de una tribu extraña o niños excluidos de un juego, una senda puede resultar incluso invisible, puede parecer una parte indiferenciada de un paisaje sin variaciones; pero para quienes la conocen la senda será evidente"[19]. Respecto a los rituales que se llevan a cabo en caminos, son generalmente aquellos en los cuales está representado el ciclo vital. Los ritos de iniciación por ejemplo, donde los jóvenes se convierten en adultos; el camino tiene un principio, un fin y una serie de estaciones, como círculos de danza, que representan las diversas situaciones que enfrentará el individuo durante su vida[20].

Dentro del conjunto del saber cotidiano existe un segmento muy importante constituido por lo que occidente denomina como religiosidad. En culturas que no se autoanalizan por medio de una fragmentación del saber, éste no es un hecho independiente sino parte indivisible del continuo de la vida, de su conocimiento y reconocimiento. Las religiones que han influido en la sociedad occidental tienen o tuvieron sus propios ritos y caminos como las rutas de peregrinación entre las iglesias católicas europeas o las mezquitas islámicas. Cabe anotar que los musulmanes en su colonización de la Península Ibérica no rezaban en dirección a La Meca sino a Cartago por ser este el punto de enlace, desde donde se embarcaban a Europa, en el camino desde el Medio Oriente.                

Ya en la sociedad occidental actual, bastante secular, existe un imaginario donde se representa el ciclo vital como un camino o calle circular, en el que los participantes pasan por distintas etapas enfrentando múltiples situaciones; ésto se ha representado a través de varias manifestaciones lúdicas: juegos como la golosa, el parqués, el monopoly y el juego de la oca, son ejemplo de ello. Los dos últimos poseen además otra cualidad metafórica, ya que representan además de la vida, una forma específica de vida, una sociedad modelo, "esto sugiere que la propia sociedad es una entidad, un paisaje a través del cual avanzamos metafóricamente"[21].                

Dando un paso más adelante en nuestra búsqueda nos encontramos con que el arte popular, que tiene sus raíces en el saber popular, reafirma este sentido de comunión entre vía y vida; un ejemplo concreto lo podemos encontrar en la frase de una canción de Los Diablitos del Vallenato: "Los caminos de la vida, no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía... los caminos de la vida son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos, yo no encuentro la salida"[22]; de otro lado podríamos dejarnos conducir por Joan Manuel Serrat y la metáfora de Antonio Machado en sus Cantares:                
"Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar... Caminante son tus huellas, el camino y nada más...al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar... caminante no hay camino, se hace camino al andar... golpe a golpe, verso a verso"[23].

Pienso que es difícil resumir el sentido de la calle y las motivaciones que puedan existir para realizar un análisis de ésta, sin embargo en las siguientes palabras de Joseph Rykwert encuentro una síntesis con la cual me identifico plenamente y cierro este apartado: "El movimiento a lo largo de una dirección establecida e incluso la delimitación del espacio público extenso, están profundamente insertos en la experiencia humana, es por ello que no se han cumplido las insistentes profecías del fin de la función de la calle como locus de la comunicación humana. Como tampoco la invención del cine, del teléfono, o de la televisión, alteró radicalmente la necesidad del encuentro casual como elemento esencial de contacto humano"[24].

Lo que diferencia a la calle de cualquier otro espacio es su nombre: Calle. Su condición de vía, su significación de devenir, nos ofrece un número ilimitado de opciones. La calle puede reconocerse como un espacio particular más por sus características físicas, que por muchas de las actividades que allí ocurren, que por supuesto, también pueden realizarse en el edificio. Pero, cuando estas actividades se llevan a cabo en la calle y no en el edificio, hacen de ésta un espacio con la pluriformidad total de la vida. De esta forma, la calle nos brinda la posibilidad de ser, estar y -ser y estar con-; por ello vale como espacio único e irrepetible.                



[1] Pardo, J. 1992. Las Formas de la Exterioridad. Ed. Pre-textos. Barcelona. 
[2] Pardo. Op.Cit. 
[3] Pardo. Op.cit. 
[4] Pardo. Op.cit. 
[5] Ibid. Op.cit. 
[6] Debord, G.E. 1983. Perspectivas de modificación consciente de la vida cotidiana. En: Textos Situacionistas: "Crítica de la vida cotidiana". Editorial Anagrama. Barcelona. p. 36-37. 
[7] Lefebvre, H. 1972. La vida cotidiana en el mundo moderno. Alianza Editorial. Madrid. p. 21-38
[8] Agnes Heller. 1987. Sociología de la vida cotidiana. Ediciones Península. Barcelona. p. 317 
[9] Lefebvre. Op.cit. p. 29 
[10] Heller. Op.cit. p. 317 
[11] Sartre, J.P. 1983. El existencialismo es un humanismo. Ediciones Orbis. Barcelona. 
[12] Rykwert, Joseph. 1981. La calle: el sentido de su historia. en: Stanford, A. 1981. Calles, problemas de estructura y diseño. Ed G. Gili, Barcelona. p. 34 
[13] Rykwert. Op. cit. p.23 
[14] Definición del Diccionario Enciclopédico Básico de la editorial Plaza y Janés. 1972. Barcelona.
[15] Definición del diccionario de la lengua inglesa de Oxford en: Ellis, W. 1981. La estructura espacial de las calles. en : Satnford, A. 1981. Calles, problemas de estructura y diseño. Ed G. Gili, Barcelona. p. 125 
[16] Diccionario Enciclopédico Básico. Editorial Plaza y Janés. 1972. Barcelona. 
[17] Ellis, William. 1981. La estructura espacial de las calles. en: Stanford, A. 1981. Calles, problemas de estructura y diseño. Ed. G.Gili. Barcelona. p. 125 
[18] Rykwert. Op.cit. p. 30 
[19] Rykwert. Op.cit. p. 24 
[20] Rykwert documenta su reflexión a través de los rituales de los indígenas australianos. En: Rykwert. Op.cit. p. 26 
[21] Rykwert. Op.cit. p. 30 
[22] Omar Geles. Los Caminos de la vida. 
[23] Serrat: Cantante y compositor catalán. Antonio Machado: Poeta español de la generación del (18)98. 
[24] Rykwert. Op.cit. p. 30

 
 

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