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1.1.4. Hemos perdido la memoria.
Tal vez el espacio sea eso que sentimos,
que experimentamos desde cuando nacemos, nuestra exterioridad: algo que somos y no somos;
lo cual en algunas culturas se refiere a compartir, mientras en otras significa excluir,
aquello que de todas formas nos hace objeto y sujeto en relación con lo(s) demás.
Si es así, no es posible sustraernos del
espacio pues no podemos retirar de él nuestra mirada, la mirada que inventa, la cual es
subjetiva dado que el espacio es una experiencia sensible, pues "no es objetiva, no
es un espacio de objetos sino de significaciones"[1].
Significaciones que parten de los procesos de nominalización los cuales son nuestros,
cotidianos; se trata de la generación humana.
De esta forma, como señala Pardo:
"El tiempo y el espacio son relaciones que ligan los fenómenos entre sí en mi
experiencia pero las relaciones solo existen en quien las observa y no en los
objetos" [2].
Al leerse: "Las relaciones entre los
fenómenos son subjetivas pero los fenómenos son objetivos"[3], esta
afirmación nos revela la existencia de los objetos independiente a nuestra observación,
sin embargo ¿Qué sería del fenómeno si el hombre no lo presenciara?. -¿Cuál es el
sonido que hace un árbol al caer, si el bosque está deshabitado?-. Del hombre, entonces,
depende el objeto y depende el orden "de lo dado que no es dado sino, (su)puesto para
el que lo experimenta"[4].
Pero la experimentación de nuestro
exterior no es un acto individual, es en la práctica un acto social, pues el "orden
xyz" se constituye en un hábito porque nos acostumbramos a él, porque en nuestra
cotidianidad le asignamos el mismo significado, significado aprendido ya que
"cualquier otro orden es concebible pues todas las sucesiones reales son
contingentes...(...) Las topo-logías y crono-logías no son inferencias lógicas sino
hábitos", que proceden de una cosmo-logía específica[5]. Este hecho se
observa en la actualidad en la forma como un niño aprende a "manejar el
espacio": un niño indígena juega con los elementos que encuentra a su alrededor
como piedras, hojas, insectos, etc., mientras que un niño en la ciudad (posteriormente en
la escuela) aprende a encajar un triángulo en su propio orificio, un cuadrado en un
orificio cuadrado, para él los objetos son cubos, cuadrados, triángulos. Pero para el
niño indígena siempre serán gusanos, hojas de.., piedras, luna, sol..., la abstracción
de que habla Jammer, en la que enfatiza Piaget, es ahora un "hábito" pero no
existen valores emotivos respecto al hábito. Un cuadrado como cuadrado no despierta mayor
sentimiento a menos que se "observe como un niño" y el cuadrado esconda todo el
cosmos y sus criaturas detrás, que es lo que nos trata de insinuar Sack, esto es
precisamente lo que nos quitamos de encima al interiorizar las reglas culturales de
occidente.
Quiere decir todo esto que el espacio es
un producto de carácter fenomenológico, el cual en principio depende de la
experimentación, aunque la ciencia lo aleje del mundo de la vida ordinaria y del lenguaje
vulgar, convirtiéndolo en una idealización abstracta que nada tiene que ver con nosotros
mismos; es sólo su experimentación, esta experiencia punto de partida y llegada, lo que
nos une a la realidad sin mediaciones, lo cual nos lleva a concentrarnos en que el espacio
es una vivencia y si Einstein dijo que el espacio no se concibe sin el tiempo y al revés,
podemos decir que la vivencia no se concibe sin el espacio-tiempo y al revés. Aunque la
ciencia separe al científico del problema y nos muestre un camino objetivo, es necesario
atender al pregón de Heisenberg de que no es posible concluir que existe un mundo
objetivo de hechos independientes de las personas que realizan las observaciones
científicas; para concentrarnos, entonces, en nuestro autoanálisis y sentir.
1.1.5. Vivo, Vives, Viven, Vivimos..ah! que cotidiana es la vida.
Vivencia tiene que ver lógicamente con
el hecho de estar vivo y vivir, como situación y como acción. El espacio es una vivencia
y tiene que ver con la acción, primero la acción sensible.
El espacio lo construye en principio la
capacidad de movimiento en el ser humano, después vendrán los sentidos; pues humanos
ciegos, sordos, o carentes de tacto pueden identificar el espacio caracterizándolo a
través del movimiento. Sólo un ser humano en coma profundo podría encontrarse sin
sentidos y sin capacidad de movimiento voluntario; y por tanto no podría definir un
espacio ya que su vida se limita a la situación pues su acción se encuentra en by pass.
El "espacio" o la espacialidad
humana es un acontecimiento natural, pero la conciencia frente a este suceso es aprendida
a medida que se incorpora información sensorial mediada a través de la imitación, de la
recepción de la información oral, escrita, científica. Como el manejo del espacio le es
imprescindible para vivir, la información que el hombre maneja al respecto se genera y
asimila a cada milésima de segundo, cuando escribo el borrador de este trabajo tengo que
"pensar" en las formas y distribución de la tinta en el papel, mientras genero
cada caracter y cuando transcribo al computador tengo "programada" la
distribución de los símbolos en el teclado. Generalmente nuestra información espacial
no es consciente, sino que a través de nuestra formación "mecanizamos" la
acción espacial, los humanos utilizamos generalmente un piloto automático para utilizar
la información espacial de cada segundo.
Sólo los artistas en la plástica, en el
cine, la literatura, la música y la arquitectura como arte; y los "científicos
espaciales" llámense urbanistas, planificadores, físicos, geógrafos, etc, son
quienes desconectan parte del automático y asumen la conciencia, "lo manual",
de la información espacial en distintas escalas y con diversas perspectivas. No obstante
al servir un vaso con agua, subir unas escaleras o al acostarse a dormir no se es
consciente de toda la información espacial que esto supone.
El espacio como construcción del hombre,
vivencia y abstracción; se nos presenta como un hecho ordinario, esto quiere decir,
permanente. En otras palabras: Cotidiano.
La cotidianidad es un término
ambivalente en un marco científico,
algunos autores. incluyendo a Lefebvre en 1963, llaman cotidianidad a "lo que
subsiste cuando a lo vivido se le han sustraido todas las actividades especializadas"
[6]. Sin
embargo esta consideración es sumamente restrictiva y deficiente pues ir a la oficina o a
la fábrica realizando prácticamente la misma labor 5 días a la semana casi todas las
semanas del año casi todos los años de una vida, ¿No hace acaso cotidiana una labor
especializada?.
El mismo Lefebvre una década después
propondría una visión más clara escribiendo que el estudio al observar la vida
cotidiana "...trata de explorar lo repetitivo. Lo cotidiano en su trivialidad , se
compone de repeticiones: gestos en el trabajo y fuera del trabajo, movimientos mecánicos,
horas, días, semanas, meses, años; repeticiones lineales y repeticiones cíclicas,
tiempo de la naturaleza y tiempo de la racionalidad. El estudio de la actividad creadora
(de la producción en el sentido más amplio) conlleva hacia el análisis de la
reproducción, es decir de las condiciones en las cuales las actividades productoras de
objetos o de obras se reproducen ellas mismas, recomienzan, reanudan sus relaciones
constituidas, o por el contrario, se transforman por modificaciones graduales o por
saltos"[7].
De otro lado, Agnes Heller propone como
conceptualización general, que nos acerca más a un sentido de lo cotidiano, el siguiente
enunciado: " La vida cotidiana es el conjunto de actividades que caracterizan la
reproducción de los hombres particulares los cuales a su vez crean la posibilidad de la
reproducción social"[8].
Sabemos que existe un divorcio entre
racionalidad y vida cotidiana, ésta última donde ¿Acaso se halla nuestro
"irracional" piloto automático?. Se supone que es un contrasentido, con
respecto a una conceptualización formal de espacio, pero en filosofía el espacio
representaría lo irracional mientras que el tiempo generaría conciencia de la acción,
esto quiere decir: la reflexión; la reflexión es interna pero el espacio no es
reflexión, es un fenómeno sensible y como tal requiere de tiempo para convertirlo a una
dimensión inteligible, parte de estos presupuestos han hecho del espacio un paria
filosófico.
Acudimos ahora a Lefebvre, siguiendo el
hilo del conflicto para recapacitar ya no sobre el espacio como particular sino como
elemento de la vida cotidiana, "Con relación a la filosofía, la vida cotidiana se
presenta como no filosófica, como mundo real en relación al ideal (y a lo ideado).
Frente a la vida cotidiana la vida filosófica se pretende superior y se descubre como
vida abstracta y ausente, distanciada, separada. La filosofía intenta descifrar el enigma
de lo real y enseguida diagnostica su propia falta de realidad; esta apreciación le es
inherente"[9].
La cotidianidad y la vivencia se
encuentran íntimamente ligadas pero una vivencia puede no ser cotidiana. Existen hitos
dentro de la cotidianidad, los hitos pueden tener una espacialidad, pero los hitos solo
son hitos en tanto el individuo así lo considere.
Respecto a la vida cotidiana y al espacio como su elemento, hemos de decir, que las
ciencias parcelarias no pueden dar cuenta de hechos concretos omnidimensionales. El
espacio como vivencia y como hecho cotidiano podría abordarse desde muchos puntos de
vista sin que el científico lograse una aproximación total. ¿Por qué?. El hecho
cotidiano como información de carácter continua, debe ser articulada por los hombres a
su acción por medio de un saber cotidiano.
El espacio es una construcción
cotidiana, es un proceso de interacción entre hombre y medio, es una construcción
consciente o mecánica. Sea de una u otra forma, sabemos que los hombres articulan su
acción cotidiana a través de una serie de parámetros de muy diferente índole a cuyo
conjunto hemos denominado saber cotidiano: El contenido del saber cotidiano es la suma de
conocimientos propios sobre la realidad, que son utilizados efectivamente en la vida
cotidiana.
Agnes Heller propone una categorización
del saber cotidiano en dos sentidos: Primero, es una categoría objetiva porque el saber
cotidiano de una época, o un grupo, es relativamente independiente de la apropiación que
un sólo sujeto haga de éste. Segundo, es una categoría normativa en tanto que la
totalidad del grupo (estrato social) o integración debe apropiar este saber cotidiano
para cumplir su función[10].
A partir de la categorización anterior
Heller hace el siguiente razonamiento: La suma de los conocimientos necesarios para el
funcionamiento de la vida cotidiana en un determinado período puede no ser poseída por
cada sujeto y la posibilidad de que todos posean tal suma de conocimiento disminuye
paralelamente al desarrollo de la división del trabajo, aplicándose de igual forma a la
diferenciación de clases sociales.
Es interesante hacer una pequeña
reflexión al respecto ya que cuando nos enfrentamos a una categorización tan rígida del
saber es posible que se presenten problemas en la identificación de una realidad concreta
detrás de la conceptualización. Existen en la propuesta de Heller una serie de
indeterminaciones, al parecer lo que para la autora se denomina saber cotidiano es lo que
para este caso yo denomino saber popular. Saber popular en términos de un conocimiento
que generan los individuos en sociedad y que paralelamente al conocimiento científico
responde a conflictos cosmológicos y más aún a circunstancias de orden cotidiano. Son
los conocimientos que se concretan en prejuicios, códigos, significados, imaginarios y
comportamientos que se rigen por la normatividad que se ha generado en la reproducción
social a partir de las vivencias de sus particulares dentro de una colectividad. Este
saber popular tiene un gran arraigo en la tradición oral que se recrea en las principales
instancias de socialización del individuo, la familia, los grupos de pares, la comunidad,
la iglesia; aunque hay que anotar, que en este momento histórico el consumo de valores
que se hace a través de los mass media tiene un fuerte impacto en la construcción de
este proceso, modificando la forma y el contenido del saber popular especialmente en las
ciudades.
Pienso que el saber popular como conjunto
no puede ser aprendido en su totalidad por un solo individuo y estoy de acuerdo con que
éste tiene connotaciones distintas con respecto a los grupos -clases sociales- que
coexisten dentro de una sociedad jerárquica, ya que existen normas, comportamientos y
formas de lenguaje que se diferencian y que diferencian a los unos de los otros, en
principio, ya que dentro de las mismas clases sociales existen diferencias, pues las
pautas de comportamiento son utilizadas por los individuos para socializar, lo cual supone
una normatividad generada desde cada instancia de socialización.
El saber cotidiano es particular,
contrario a lo que representa el saber popular; sin embargo, son conceptos que se
encuentran entrelazados debido a que cada individuo incorpora en su forma de saber
cotidiano parte del saber popular de una forma específica que tiene que ver con el propio
desarrollo de su vida en sociedad. El saber cotidiano ordena en gran medida, si no
totalmente, nuestras acciones como individuos. ¿Cómo un individuo puede no poseer la
totalidad de un saber cotidiano si éste se lo construye a partir del devenir de su propia
existencia?. Las apropiaciones tienen un carácter evidentemente singular, inclusive la
apropiación del espacio lo es; se conciben desde el desarrollo de la acción y su
recuerdo, verdadera memoria así sea solo por un instante. El saber cotidiano es la
memoria de nuestra vida, y en ese sentido nadie puede crearlo, vivirlo o aprenderlo por
cada uno de nosotros.
Concluyo entonces cómo es necesario
diferenciar el saber popular del saber cotidiano, aunque los dos se recreen cada segundo
de forma simultánea, teniendo en cuenta que el saber cotidiano se nutre del saber popular
y éste a su vez se construye a través del saber cotidiano. En ambos casos tanto el saber
cotidiano como el saber popular tienen connotaciones distintas y semejantes dentro de la
construcción de la espacialidad.
Todo ser humano posee un saber
cotidiano, una serie de conocimientos sobre los cuales se construye su vida segundo a
segundo y esta edificación de conocimiento o saber parte de los órganos sensores y su
significado se concreta a partir de los filtros que representan las instancias de
socialización, junto con los procesos de producción y consumo.
El espacio en estas condiciones expresa una interacción del hombre con su medio a través
del procesamiento de información. El ser humano
siente-(nominaliza)/(racionaliza)-ejecuta, como proceso mediado no sólo por la formalidad
sociocultural sino también por los afectos. La forma como el individuo procesa la
información sensorial es particularmente social, por tanto cultural. En una sociedad
estructurada como Occidente, las personas "sufren" de etapas en su ciclo vital,
etapas bien diferenciadas en términos de su conocimiento, se supone en la cultura
occidental que un niño no diferencia un color del objeto que lo porta, pero a medida que
crece aprende a abstraer el objeto y el color de forma independiente y ello se considera
como un avance en la conceptualización que el individuo lleva a cabo.
Históricamente, el proceso educativo: la
aprehensión de los conocimientos necesarios para la vida en sociedad, las normas de
socialización junto con los comportamientos y la capacidad de producción; se encontraba
dirigido por la familia donde se da la transmisión del saber de forma oral. Allí los
conocimientos, la aprehensión de la lectura-escritura, en algunos casos, el manejo
técnico o el oficio se conjugan con la estructuración de una cosmogonía. La familia que
a su vez se encuentra dependiente de la iglesia y posteriormente de una legislación
secular liga al aprendizaje del individuo una fuerte carga de concepciones religiosas que
mimetizan conocimientos y respuestas respecto al mundo.
Existe en este punto una recolección de
información sensorial que debe ser procesada, la captación de esta información es
"natural", se logra por medio de órganos, pero su procesamiento se lleva a cabo
no solo por instinto sino a través de una serie de parámetros que son en su mayoría
aprioris aprendidos por imitación, los conocimientos cotidianos son transmitidos e
interpretados por medio de la familia.
Sin embargo con el desarrollo del proceso
de producción capitalista la educación se lleva a cabo en una institución social
llamada escuela, ya que los padres se encuentran absortos en el sistema productivo o no
logran dar a sus hijos un conocimiento lo suficientemente efectivo y especializado para
que puedan producir de forma eficiente dentro del sistema, a medida que se diversifica y
especializa la producción consecuentemente sucede lo mismo con la escuela. De esta forma
se inicia una etapa en la cual la institución escolar asume la enseñanza del espacio.
El conocimiento cotidiano al que nos
hemos referido se aprende de modo diferente dependiendo del tipo de sociedad en que se
desarrolle un individuo. En algunos casos podremos ver como de la familia el aprendizaje
pasa a la comunidad -podríamos estar hablando de una comunidad rural-, donde ésta tiene
una serie de referentes y significaciones espaciales que surgen del compartir vivencias
que se vuelven comunes y se acumulan en la memoria colectiva que contiene la memoria
compartida por cada individuo.
A partir de cierto momento se genera un
circuito clave, cuando una sociedad construye instituciones, imaginarios, significaciones,
construye espacio, espacio que no se reproduce sino que se recrea mediado por dichos
productos. Con esto quiero decir que la "creación" social genera un tipo de
espacio que va a ser modificado por el desarrollo mismo de la producción, y estos cambios
a su vez van a modificar la producción de una sociedad.
La construcción social, la construcción de espacio: La construcción de la vivienda, la
ciudad, la calle; son hechos que parten de la vivencia como cotidianidad, como historia de
hitos y como historia de mitos, como tiempo que transcurre en la realidad de los segundos
uno a uno, en el que suceden los hechos mecánicos, repetitivos, y emergen los
sentimientos los cuales se desenvuelven como formas del caleidoscopio.
Cuando recordamos el planteamiento de una
previa conceptualización en la génesis, a través de la proposición causal: la esencia
precede a la existencia nos es necesario retornar a J.P. Sartre y fijarnos bien en su
actitud secular cuando invierte el proceso colocando como precedente la existencia a la
esencia[11].
Para que exista la calle tiene que existir un ser humano que la cree y una sociedad que la
afirme, lo mismo pasa con la conceptualización del espacio. El conocimiento y la forma de
conocer, la construcción y la forma de construir, nos hacen retomar la sentencia
sartreana de la autoconstrucción progresiva, histórica, del Hombre.
Dar cuenta del espacio, y en esa medida
de la calle, es un proceso de liberación. La comprensión de éste se logra en la medida
en que asumamos el método (conocimiento científico), sólo como una perspectiva más
dentro de un universo extenso de posibilidades. Tenemos que entender la ciencia como una
parte del individuo, solo una, que se encuentra al mismo nivel de las multiples formas de
conocimiento, ya que la acción humana no está basada mayormente en el conocimiento
científico -aunque hacia el futuro es una posibilidad aterradora-, sino que por medio de
nuestra experiencia cotidiana, a través de la resolución de nuestros sentimientos y
conflictos, generamos un saber, saber sobre nosotros mismos y lo(s) que nos rodea(n), de
forma tan certera que en ello basamos casi la totalidad de nuestros actos segundo a
segundo.
Siendo nuestra acción segundo a segundo,
la forma como construímos y reproducimos espacio, atender a los aspectos cotidianos puede
ayudarnos en la comprensión de la calle, lo que pasa con nosotros en relación a ella.
1.2. ¿Calle?
La calle es actualmente la metáfora
-¿Lo es?- más cruda y contundente de la vida. Representa la vida en sociedad, en este
caso en una metrópoli, representa la anomia del consumo y la lucha por la construcción
de la comunidad. Significa el transcurrir como acción, esencia del espacio-tiempo; el
recorrer, el movimiento como acción constructora del espacio y de la idea de vivir, de
llegar a algún lugar con nuestra existencia. Podríamos entonces asumirnos en una
dimensión más amplia y afirmar que la vida solo puede vivirse, lo mismo que la calle,
como su metáfora, en términos de posibilitar una cognición (no solo racional), la cual
parte inevitablemente de su experimentación.
La calle como espacio se construye y
reconstruye cotidianamente, el saber que opera en su construcción es un saber cotidiano,
son un número reducido de personas las que operan en la calle desde una perspectiva
científica, y probablemente los que lo hacen no lo lleven a cabo en todas las
circunstancias sino cuando la razón opere frente al objetivo (problema) específico.
Nos ubicamos en este punto para observar
la concepción de la calle en su sentido histórico, su esencia. La calle en su
identificación como vía entre edificios y edificaciones proviene de una visión
puramente urbana. Si nos detenemos a mirar la calle en Santa Fe de Bogotá hoy, responde a
una construcción urbana occidental que proviene de la implantación específica de la
conquista y colonia española. Pero, el no poder concebir la esencia y el sentido de la
calle sin remitirnos a la ciudad y a nuestra visión actual de ésta, es un gran error.
Es necesario encontrar la idea esencial
del espacio construido pues la calle se constituye como espacio artificial, la calle en
sí es un artificio, cuyo origen es la idea, y el de ésta a su vez es la acción y
elección del hombre que vive en sociedad. Rykwert nos ofrece una amplia visión de este
hecho, cuando afirma que el atributo conceptual marca la estructura física. Este autor
expresa que la calle tuvo en principio un estado conceptual donde, físicamente el camino
o la senda pre-existe a los asentamientos humanos permanentes[12].
Pero veamos, ¿Cuál es el momento en el cual podríamos conocer la construcción del
espacio?, o más bien ¿Cuándo se construye un espacio?. Sabiendo que el espacio se
construye en sociedad, ¿Cuál es el primer elemento de la construcción social del
espacio o de cualquier construcción social?, el lenguaje. ¿Cuándo y cómo se diferencia
un objeto, un fenómeno, un "espacio-lugar" del otro?. Cuando tiene un nombre.
La nominalización es el punto de partida para la construcción del espacio en sociedad,
pues la identificación que un individuo hace de un elemento, "espacio", puede
no conllevar nombre; pero compartir esta identificación con otro(s) individuo(s) requiere
de un código que haga la identificación y concepción del objeto comunicable, que le de
un sentido social; y el nombre es este código básico desde el cual las sociedades se
comunican por medio del lenguaje hablado -y posteriormente escrito-.
El lenguaje hablado tiene que ver con
sonidos que poseen significado y éste a su vez tiene un sentido que parte del
padecimiento (experimentación) y análisis fenoménico (conciencia del fenómeno)
individual o colectivo, a ello llamamos "experiencia"; los sonidos al ser
empleados con un significado contienen una intención (sentido), como podemos observar
entonces en la sentencia de Rykwert: "Las expectativas se transparentan en las
palabras que se emplean para nombrar y describir la calle"[13]. Senda,
camino, calle, carretera, avenida, autopista, todos estos sustantivos que nombran espacio
tienen una propiedad, no sólo nombran volumen, sino que también brindan una
caracterización pues su sentido incluye entorno, acción o acción específica e incluso
material.
Por ejemplo, ¿Cuál es la actual
diferencia entre camino y calle?
Calle: Vía en poblado[14]; Una
carretera relativamente ancha (a diferencia de una "vereda" o un callejón),
dentro de una ciudad o de un pueblo, que discurre entre dos hileras de casas. Por lo
general dispone de aceras y calzada. Se llama así también al conjunto formado por la
carretera y las casas adyacentes[15].
Camino: Lengua de tierra que se construye para transitar; vía que se construye para
transitar[16].
Como podemos observar, calle no sólo
describe un artificio concreto sino que incluye un entorno, en palabras de Ellis:
"... y todas ellas (definiciones) señalan la naturaleza múltiple peculiar y
coherente de la calle; es al mismo tiempo una carretera y un lugar, y no se puede separar
de los edificios que la bordean"[17]. La palabra
camino, de otro lado, no incluye necesariamente un entorno, pero viene de la acción
específica: caminar, aunque por exclusión del significado de calle, camino podría ser
entendido dentro de un contexto rural o por lo menos no construido como el continuo urbano
a que "calle" hace referencia. Además, según la definición aquí dada, camino
haría referencia a un material, en este caso tierra.
Podemos concluir el ejemplo analizando el
término carretera, el cual en principio viene de carreta; es una vía que recorre un tipo
de vehículo rodado, en este caso por circunstancias históricas, carretas. Aquí el
problema, además del volumen, es la acción, la acción que representa el movimiento de
un objeto específico en un "espacio" específico.
Aunque no se lleve a cabo un exhaustivo
análisis lingüístico, nos es necesario llegar al fondo del significado de las palabras,
de los códigos, para encontrar la esencia de los nombres y por tanto de la generación
del espacio. Ahora bien, podemos afirmar que existe una raíz conceptual común dentro de
senda, camino, calle, carretera, etc.: la "vía". Vía procede de-venir y se
trata de la acción, como acción básica, el padecer la sucesión de los fenómenos
constituyendo el espacio (-/y) tiempo, en momentos de acción pura donde vía y vida son
esencias en conjunción.
Las formas de comportamiento social
respecto a las cosmogonías y a las formas religiosas en general, se han representado en
rutas, caminos o sendas: "Desde su comienzo, el camino debe haber tenido importancia
metafórica y cognocitiva, aparte de su empleo más obvio. Esta cualidad de la calle se
comprueba por sus incontables apariciones en los proverbios: todos sabemos que el camino a
la salvación es recto y que la puerta es estrecha; o, el camino del bien esta hecho de
espinas"[18].
De igual manera, muchos rituales
indígenas tienen lugar sobre la construcción de un camino o senda: "senda implica
el curso más básico que puede seguir un movimiento, para los no iniciados, ya sean de
una tribu extraña o niños excluidos de un juego, una senda puede resultar incluso
invisible, puede parecer una parte indiferenciada de un paisaje sin variaciones; pero para
quienes la conocen la senda será evidente"[19]. Respecto a
los rituales que se llevan a cabo en caminos, son generalmente aquellos en los cuales
está representado el ciclo vital. Los ritos de iniciación por ejemplo, donde los
jóvenes se convierten en adultos; el camino tiene un principio, un fin y una serie de
estaciones, como círculos de danza, que representan las diversas situaciones que
enfrentará el individuo durante su vida[20].
Dentro del conjunto del saber cotidiano
existe un segmento muy importante constituido por lo que occidente denomina como
religiosidad. En culturas que no se autoanalizan por medio de una fragmentación del
saber, éste no es un hecho independiente sino parte indivisible del continuo de la vida,
de su conocimiento y reconocimiento. Las religiones que han influido en la sociedad
occidental tienen o tuvieron sus propios ritos y caminos como las rutas de peregrinación
entre las iglesias católicas europeas o las mezquitas islámicas. Cabe anotar que los
musulmanes en su colonización de la Península Ibérica no rezaban en dirección a La
Meca sino a Cartago por ser este el punto de enlace, desde donde se embarcaban a Europa,
en el camino desde el Medio Oriente.
Ya en la sociedad occidental actual,
bastante secular, existe un imaginario donde se representa el ciclo vital como un camino o
calle circular, en el que los participantes pasan por distintas etapas enfrentando
múltiples situaciones; ésto se ha representado a través de varias manifestaciones
lúdicas: juegos como la golosa, el parqués, el monopoly y el juego de la oca, son
ejemplo de ello. Los dos últimos poseen además otra cualidad metafórica, ya que
representan además de la vida, una forma específica de vida, una sociedad modelo,
"esto sugiere que la propia sociedad es una entidad, un paisaje a través del cual
avanzamos metafóricamente"[21].
Dando un paso más adelante en nuestra
búsqueda nos encontramos con que el arte popular, que tiene sus raíces en el saber
popular, reafirma este sentido de comunión entre vía y vida; un ejemplo concreto lo
podemos encontrar en la frase de una canción de Los Diablitos del Vallenato: "Los
caminos de la vida, no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía...
los caminos de la vida son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos, yo no
encuentro la salida"[22]; de otro
lado podríamos dejarnos conducir por Joan Manuel Serrat y la metáfora de Antonio Machado
en sus Cantares:
"Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos
sobre la mar... Caminante son tus huellas, el camino y nada más...al andar se hace
camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar...
caminante no hay camino, se hace camino al andar... golpe a golpe, verso a verso"[23].
Pienso que es difícil resumir el sentido
de la calle y las motivaciones que puedan existir para realizar un análisis de ésta, sin
embargo en las siguientes palabras de Joseph Rykwert encuentro una síntesis con la cual
me identifico plenamente y cierro este apartado: "El movimiento a lo largo de una
dirección establecida e incluso la delimitación del espacio público extenso, están
profundamente insertos en la experiencia humana, es por ello que no se han cumplido las
insistentes profecías del fin de la función de la calle como locus de la comunicación
humana. Como tampoco la invención del cine, del teléfono, o de la televisión, alteró
radicalmente la necesidad del encuentro casual como elemento esencial de contacto
humano"[24].
Lo que diferencia a la calle de cualquier
otro espacio es su nombre: Calle. Su condición de vía, su significación de devenir, nos
ofrece un número ilimitado de opciones. La calle puede reconocerse como un espacio
particular más por sus características físicas, que por muchas de las actividades que
allí ocurren, que por supuesto, también pueden realizarse en el edificio. Pero, cuando
estas actividades se llevan a cabo en la calle y no en el edificio, hacen de ésta un
espacio con la pluriformidad total de la vida. De esta forma, la calle nos brinda la
posibilidad de ser, estar y -ser y estar con-; por ello vale como espacio único e
irrepetible.
[1] Pardo, J. 1992. Las
Formas de la Exterioridad. Ed. Pre-textos. Barcelona.
[2] Pardo. Op.Cit.
[3] Pardo. Op.cit.
[4] Pardo. Op.cit.
[5] Ibid. Op.cit.
[6] Debord, G.E. 1983. Perspectivas de modificación consciente de la
vida cotidiana. En: Textos Situacionistas: "Crítica de la vida cotidiana".
Editorial Anagrama. Barcelona. p. 36-37.
[7] Lefebvre, H. 1972. La vida cotidiana en el mundo moderno. Alianza
Editorial. Madrid. p. 21-38
[8] Agnes Heller. 1987. Sociología de la vida cotidiana. Ediciones
Península. Barcelona. p. 317
[9] Lefebvre. Op.cit. p. 29
[10] Heller. Op.cit. p. 317
[11] Sartre, J.P. 1983. El existencialismo es un humanismo. Ediciones
Orbis. Barcelona.
[12] Rykwert, Joseph. 1981. La calle: el sentido de su historia. en:
Stanford, A. 1981. Calles, problemas de estructura y diseño. Ed G. Gili, Barcelona. p.
34
[13] Rykwert. Op. cit. p.23
[14] Definición del Diccionario Enciclopédico Básico de la editorial
Plaza y Janés. 1972. Barcelona.
[15] Definición del diccionario de la lengua inglesa de Oxford en:
Ellis, W. 1981. La estructura espacial de las calles. en : Satnford, A. 1981. Calles,
problemas de estructura y diseño. Ed G. Gili, Barcelona. p. 125
[16] Diccionario Enciclopédico Básico. Editorial Plaza y Janés.
1972. Barcelona.
[17] Ellis, William. 1981. La estructura espacial de las calles. en:
Stanford, A. 1981. Calles, problemas de estructura y diseño. Ed. G.Gili. Barcelona. p.
125
[18] Rykwert. Op.cit. p. 30
[19] Rykwert. Op.cit. p. 24
[20] Rykwert documenta su reflexión a través de los rituales de los
indígenas australianos. En: Rykwert. Op.cit. p. 26
[21] Rykwert. Op.cit. p. 30
[22] Omar Geles. Los Caminos de la vida.
[23] Serrat: Cantante y compositor catalán. Antonio Machado: Poeta
español de la generación del (18)98.
[24] Rykwert. Op.cit. p. 30
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