Reverón, Figari y Torres-García

En el advenimento de la modernidad, indudablemente, influyó el ingreso de algunos artistas americanos a escuelas de arte europeas, con estancias prolongadas que les permitieron un conocimiento profundo de los movimientos y las vanguardias.

 

Paisaje y rancho. (1924)
Armando Reverón,
Venezuela, 1889-1954
Óleo sobre tela, 50,1 x36,2 cm
Colección Banco de la República

El más importante pintor venezolano de la primera mitad del siglo, Armando Reverón (1889-1954), es un personaje singular dentro del panorama plástico. Nacido en Caracas, a los 22 años viajó a España con una beca del gobierno y allí permaneció hasta 1915. Admirador del impresionismo francés, a su regreso a Caracas pintó obras capitales como La cueva y Los baños de Macuto. En 1921 decidió retirarse de la ciudad para levar una vida apacible y primitiva en Macuto, aldea cercana a La Guaira, en el Caribe. Vivió en compañía de Juanita, una nativa, que fue su mujer y su modelo. En ese paraje agreste y plácido se propuso estudiar profundamente el comportamiento de la luz del trópico, y producto de ello fue la primera serie de paisajes casi monocromos, casi blancos, a la que le siguió otra serie de pinturas con predominio del sepia. Paisaje y rancho (ca. 1921) forma parte de esas obras blancas, y evidencia una percepción mas allá del impresionismo.

"En la primera exposición de Reverón -señala marta Traba- realizada en 1949 en el Taller Libre de Arte, por el pintor Alejandro Otero y el escritor Juan Liscano, quedó sellado tanto su genio como su extravagancia. Lo cierto es que no hay en América Latina ningún otro pintor que, como Reverón, haya partido de ciertas libertades fácticas impresionistas para saltar desde ellas a una tela libre, anotada por el toque o golpe de pintura, en relación directa con el desorden visual que puede causar la luz. Llevada al paroxismo del litoral, esa luz es pintada como disolvente y al mismo tiempo constructora de las formas". (Marta Traba, 1994, pág. 74).

En Uruguay, Pedro Figari (1861-1938) también forma parte de un fenómeno independiente que desarrolla una obra inusitada en Latinoamérica. Trabajó  sobresalió en muchos frentes: como profesor, filósofo, parlamentario, jurisconsulto y escritor. En 1886 obtuvo el título de abogado y se conoció por sus gestiones en el campo jurídico. S radicó varios años en Europa y regresó a Montevideo como periodista y director del diario El Deber. Fue diputado, consejero de Estado y director de la Escuela de Artes y Oficios, entre otros cargos.

 

 

Candombe. (ca. 1921)
Pedro Figari Solari,
Uruguay, 1861-1938
Óleo sobre cartón, 86 x 105,5 cm
Colección Bando de la República

A los 60 años, Figari optó por dedicarse enteramente a la pintura. Sus obras, de reconocida calidad y singularidad, se ocuparon especialmente de temas asociados a la vida de su entorno, como las fiestas populares y los candombes del Río de la Plata, los gauchos y el folclor de la comunidad negra de la época colonial.

"El autorretrato con su esposa -señala Marta Traba-, que Figari pintó en 1890, en pleno ascenso de su carrera de magistrado, es un buen indicador de que el estilo de Figari no viene de una inocencia visual, como ocurre en los pintores "primitivos", sino del preconcebido propósito de pintar dentro de la libertad condicionada. Esto supone, como en todo gran artista, la elaboración de un sistema, sostenido en su caso, sobre una gama de colores y tonos muy cercana a la de Pierre Bonnard y sobre una concepción horizontal del espacio..." (Traba, 1994, pág. 79).

La fiesta de negros en un salón cerrado, Candombe (ca. 1921) presenta las figuras en movimiento con semblantes anónimos, como protegidos con máscaras negras, de nostalgia.

En contraste, en Dancing Figures (ca. 1921) presenta una escena alegre de personajes blancos engalanados con encajes y vestidos multicolores de épocas pasadas, al aire libre, frente a un frondoso árbol, representando una de las costumbres nativas del Uruguay.

La obra pictórica, los murales, el trabajo didáctico y la amplia colección de escritos sobre arte y el universalismo constructivo legados por el maestro uruguayo Joaquín Torres-García (1874-1949) lo convierten en la personalidad mas significativa para el desarrollo de una corriente estética en el continente.

 

Composición III. (1935)
Joaquín Torres-García,
México, 1874-1949
Óleo sobre cartón, 48 x 39 cm
Colección del Banco de la República

"Torres-García formuló, precisamente en Montevideo, el universalismo constructivo, ese aporte medular basado en un lenguaje que integra el universalismo, el americanismo, el constructivismo y lo simbólico, conjugando asimismo aportes del clasicismo, del primitivismo, del arte precolombino, del neoplasticismo, del cubismo y del surrealismo. El artista plasmó esa conjunción tanto en sus escritos teóricos como en pinturas, objetos y esculturas planas". (Alicia Haber, Uruguay. Arte latinoamericano del siglo XX, Ed. Sullivan, pág. 266).

Hijo de uruguaya y catalán, a los 17 años se trasladó con su familia a vivir a España, donde estudió arte y pudo frecuentar grupos de artistas en los que participaba Picasso. También tuvo la oportunidad de trabajar con Gaudí en la restauración de varias iglesias En la catedral de Mallorca, Torres-García fue designado para reparar los vitrales. Su formación de pintor fue completamente europea.

En 1920 viajó a Nueva York y allí conoció a Marcel Duchamp, a Max Weber y al compositor Edgar Varèse, entre otros. Regresó a Europa, vivió algún tiempo en Italia y en 1926 se estableció en París. Trabó amistad con Theo Van Doesburg, fundador de la revista De Stijl, y con Mondrian, bajo cuya influencia desarrolló una etapa completamente abstracta. Fundó con Michel Seuphor el grupo Cercle et Carré y la revista del mismo nombre. Se vinculó al Movimiento Constructivista Internacional, principal oponente del surrealismo. Un año más tarde, se integró al movimiento Abstraction-Création, pero se retiró de éste por no aceptar el marcado énfasis que sus integrantes ponían en la ausencia de la figuración.

Su capacidad de ordenamiento y simplificación son una constante a lo largo de su trayectoria artística, y le permitieron realizar composiciones complejas. Gran cantidad de sus pinturas tienen una referencia urbana; en compartimientos o estructuras representa símbolos como casas, soles, pescados, relojes, anclas, llaves, trenes, estrellas y barcos, entre otros. Él retomó, además, la "proporción áurea", herramienta que ha sido empleada desde la antigüedad, para transmitir en sus obras los principios de armonía perfecta.

En 1932, a causa de la crisis económica mundial, se trasladó a España, pero las condiciones no eran mejores. Sin embargo, allí en Madrid, con la idea de difundir el universalismo constructivo fundó el Grupo de Arte Constructivo antes de viajar en 1934 a Montevideo. La crítica Marta Traba explicó: "La idea del universalismo constructivo es}. Si la naturaleza se somete a un cierto orden, es posible visualizar las leyes de unidad que presiden el cosmos". (Traba, 1994, pág. 7).

A los 59 años, Torres-García regresó al Uruguay, donde constató la necesidad de superar la dependencia del arte europeo y comenzó a indagar sobre el arte precolombino, a fin de adoptar elementos simbólicos para su repertorio plástico. A esta etapa pertenece Composición III (1935), que incluye figuras zoomorfas y formas geometrizadas alusivas a la cultura precolombina.

En 1935 fundó la Asociación de Arte Constructivo de Uruguay, publicó la revista Círculo y Cuadrado y en 1943 formó el conocido Taller, que permaneció abierto hasta 1963, a pesar de que el pintor murió en 1949. Contó con cerca de un centenar de miembros y tuvo gran repercusión en el trabajo constructivista de las nuevas generaciones. Entre sus integrantes sobresalen Julio Uruguay Alpuy (1919) y Francisco Matto (1911-1995).

 

Composición metafísica N.o 2 (1960)
Julio U. Alpuy,
Uruguay, 1919
Óleo sobre cartón, 74 x 55 cm
Colección Banco de la República

Alpuy vivió en Colombia entre 1957 y 1959, época en que fue profesor y trabajó óleos, tapices, maderas y muebles. Su obra generalmente trata de un tema urbano asociado a la naturaleza, como en las pinturas Naturaleza muerta y botellón (1959); Composición metafísica No. 2, el dibujo Tres figuras (1973), y los grabados Edad de piedra (1979), Pastoral (1974) y La pareja humana (1975).

Sobre la obra de Francisco Matto, la historiadora y crítica uruguaya Alicia Haber señala: "Un resplandor ancestral, una profunda armonía, una estructura meditada y una fuerza orgánica que irradian de las esculturas planas creadas por Francisco Matto". (Haber, Ed. Sullivan, pág. 268). En la colección se halla Construcción con animal (1967), una obra con figuras en relieve en madera. Este concepto de Haber puede aplicarse al mencionado trabajo.

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