Se detuvo en los rebordes de la ropa femenina. Son espacios duros que enlazan, aprietan, controlan, sujetan y amarran. Ese concepto lineal le articuló su visión sobre las estructuras modernas, que es palpable en su obra desde aquella serie.

En ese momento Rojas iba cada semana a lucha libre. Le cautivaban la gente y el espectáculo. Gritos sin dolor. En la plaza de toros tenía la misma impresión. Gritos con dolor y miedo. "Esas experiencias fue ron definitivas en la configuración de mi época pop".

Le llamaba la atención todo aquello que era considerado por el poder como estrafalario y vulgar. Sus cuadros los hacía con telas, molas, paños, ojos de vidrio y aves muertas. "Para mí el pop implicó dignificar lo feo, lo vulgar y el mal gusto. Valorar las cosas prohibidas por el 'buen gusto'; me llevó al reciclaje, que sigue siendo fundamental en mi obra. En Colombia no fui el único: todos los jóvenes hacían pop y había mejores que yo. Salcedo, por ejemplo, nació para ser pop".

"Mujeres en faja" duro menos de un año Hasta cuando vio que el pop era una percepción, una manera de ver el mundo y se dijo que no lo estaba creando él sino que él lo estaba invadiendo. "La gente empezaba a engolosinarse con esa idea tan sugestiva, con esa posibilidad maravillosa. Decidí que no era el fin de mi vida y dejé de hacerlo".

Si las "Mujeres en faja" lo metieron de cabeza en el pop, la geometría y las ventanas de Nueva York lo condujeron a la Bauhaus a la cuadrícula y a Mondrian. Hasta ahí el arte para él se había limitado a la contextualización de vivencia u obsesiones. "Con la Ingeniería de la visión renuncié al amor (¿y a la nostalgia?) para entrar en la inteligencia". Ahí comenzó el Rojas Rojas.

En otras partes del mundo había artistas que estaban haciendo lo mismo. Lo sabía y no le importaba. Nadie iba a trabajar como él. Lo que la "Ingeniería de la visión", su nueva serie, le estaba indicando, era que había llegado a su tiempo, al siglo XX, con su actitud.

La actitud, cuando se lo pone a pensar, empezó en la contemplación de las esculturas de San Agustín. En ese parque, donde no han cesado los robos, descubrió que las figuras tienen cortes en determinados sitios y que sus elementos se superponen verticalmente. "Son esculturas estructuradas según una concepción estrictamente geométrica".

 

 

Esas figuras y las de las cultura Tairona las empalmó con el espacio físico y conceptual de Nueva York y el diseño moderno. ¿Las cuatro tienen que ver con la "Ingeniería de la visión"? Rojas dice que sí. ¿Cómo? Circule.

Nueva York aporta su cuota de explicación. Rojas asegura que esa serie surgió de la reflexión que hizo frente a una ventana. No es una boutade. La ventana fue el elemento que, físicamente, le permitió pensar en estructuras, valores y relaciones. El aquí y el allá, el espacio vacío y el ocupado, lo positivo y lo negativo, lo real y lo conceptual, el yo y lo reflejado, la vida y la muerte. Con rayas negras sobre fondos blancos llegó a la esencia de la geometría. El Mondrian estructural era más fuerte en él que el colorista. "Creo que en ese momento mi planteamiento se fue volviendo cada vez más científico".

Hizo las series 'Signos' y 'Señales', cuyos nombres le siguen pareciendo adecuados debido a que dan "la verdad mental del hecho". Aparece luego la "simetría dinámica" y descubre que los artistas minimalistas y los que están siendo importantes sólo trabajan la "simetría estática".

"La simetría dinámica -que la trabajamos muy pocos- es concreta. La estática es infinita. La dinámica obedece a leyes entre el soporte y la realidad. Por eso me ofendo cuando me agrandan una escultura sin que haya un cambio en las medidas de los elementos que la configuran".

Desde entonces, su estructura se agranda, se reduce, se vuelve compleja. . . A veces se simplifica tanto que Rojas termina invocando el arte oriental (el zen) que ha estudiado y tratado de vivir (dice él) desde hace 30 años. Su estructura ha sufrido procesos lineales, de superficie, de figura, de materia, de textura… pero él siempre regresa a la metafísica y a las bases geométricas que le permiten afirmar que el arte es científico (con emoción asegurada).

"Podría ser figurativo o abstracto, conceptual o morfológico y no dejaría de ser Rojas. Por una razón: el acá y el allá (la ventana) están dentro de mí. Esas experiencias son absolutamente individuales e involucran procesos que hacen llegar al artista al esplendor o a la nada absoluta y a la miseria espiritual total. Por eso no hago cuadros para decorar".

Su percepción geométrica no afloró en un comienzo. En el barco 'Marco Polo', durante la travesía hacia Europa en 1958, hizo planteamientos americanistas en acuarelas y collages San Agustín lo rondaba. Eran texturas, materias y grafismos que siguió trabajando en Italia. Por muy corto tiempo.

 

 

El choque fue inmenso. Alas pocas semanas descubrió que el arte que había visto en revistas podía tocarlo en galerías y museos al menor descuido del vigilante. La retrospectiva de Braque y la exposición de arte del Japón fueron definitivas. Europa y Oriente. Artista europeo y, a través del cubismo, arte negro. Después descubrió los dibujos figurativos de Mondrian y -consecuencia directa- se dedicó a investigar las estructuras internas de las flores, de las hojas, de los frutos. Esa indagación la prosigue. "Sin embargo, el sentido de la materia desorganizada empieza a trabajar en mí violentamente. Y podría decir que en ese viaje a Europa nacen los cuadros que estoy haciendo sobre el fuego, la tierra, el agua, el viento y el otro orden".

En ese momento los artistas de la escuela italiana -Alberto Burri, Antonio Scialoia, Pietro Consagra, Piero Dorazio- estaban explorando el manejo de la materia. Rojas no reconstruye muy bien los planteamientos concretos de cada uno de ellos. Es un esquema típico en él. Ficción y realidad. En bloque recuerda los materiales, materias y colores brutales de Burri, los bloques de maderas quemadas Qde Consagra o de Scialoia?, pregunta) y la superposición lineal de colores de Dorazio. "El me condujo a las atmósferas, la sutileza de texturas y el refinamiento".

Casi al mismo tiempo, tuvo su primer contacto con la obra de Malevich. Eso no se olvida. Rauschenberg le pareció alucinante. Al descubrirlo tuvo que reconocer que estaba perdiendo el tiempo y se dedicó a depurar muchos de sus conceptos. "Así nació lo racional en mí y la pintura dejó de ser libro para volverse presencia real".

"Como ves, en Italia di pasos definitivos en la configuración de lo que soy".

En su viaje por Alemania se tropezó con el mundo de esas máquinas que Edgar Negret bautizó con mucho tacto "aparatos mágicos". Cerca de un cuartel del ejército en Frankfurt encontró distribuidores de Coca-Cola, hielo, ensaladas... La utopía ya no era lo que había sido.

En el Museo del Dibujo en Viena se sintió cuestionado. Y en esa actitud prosiguió su viaje por Dinamarca, Holanda, Bélgica y parte de Francia. En el puerto de Le Havre, en Francia, se embarcó hacia Estados Unidos, vía Canadá. Ya no le tocó viajar en un sótano de tercera como lo hizo de Colombia a Italia. Y tampoco era el mismo Rojas. La pensadera andaba a mil.

 

 

Al llegar a Montreal lo que más lo impactó fue una lavandería de ropa: lavaba, extendía, escurría, secaba, planchaba y etiquetaba en minutos. Otra vez quedó perplejo. Rojas no sabía todavía que esos "aparatos mágicos" excitaban la imaginación de muchos artistas, Jean Tinguely entre ellos.

País nuevo, obras diferentes: recuperó la idea de los desechos generados por una sociedad pujante. Hizo sus primeros cuadros con platos de cartón, cubiertos de plástico y cajas de fósforos. Una serie la llamó "Fuego". Llenó las telas de fósforos sobre fondos color ceniza como si ya se hubieran quemado. En la galería Obelisco gustaron pero decidieron no exponerlas porque según la ley, eran material inflamable.

Trabajó, entonces, cuadros con puntillas, tachuelas, chinches, ganchos. . . pero no se vendieron y la plata escaseaba. Se lanzó a otra serie que llamó "Dictadores". Fue la primera vez que adhirió ropa sobre tela. "No creo que eso fuera pop sino expresionismo figurativo". Casi al mismo tiempo produjo una serie de cantantes de ópera y pegó las primeras prendas de "Mujeres en faja".

En ese momento ensayó los marcadores y elaboró matrices cuyos bordes coloreó. "Un día descubrí que eso era cubismo y que ya estaba hecho. Me dije: tengo que hacer mi visión. Pero eso tampoco se vendía". Los cuadros cubistas no los hacía sobre tela sino sobre plástico y madera tríplex con lo que mostraba su interés por los nuevos materiales. No utilizó óleos y las acuarelas las preparaba con Coca-Cola, colorantes y remedios.

"En Bogotá seguí haciendo cubismo y expuse esas obras. Me dí cuenta de que no había casi nadie trabajando el pop y, después de ensayar, pasé del cubismo a las "Mujeres en faja".

Muchas series se han sucedido y repetido. Pero, por fuera de las "Mujeres en faja" y la "Ingeniería de la visión", Rojas habla sobre todo de dos: "El Dorado" y "Umbrales", la última.

A "El Dorado" jura que llegó por mera investigación sobre el color. Se le impuso más como un estado que como una razón física. Hace parte de la ficción. "Si se tiene la creencia de un dorado es porque no se ha llegado a la realidad y se vive en el mito, en la potencialidad de las cosas".

Rojas, por el contrario, es de los que piensa que una de las pruebas de inteligencia del ser de finales del siglo XX es concretar una identidad con el tiempo, el universo, sus mitos, creencias y potencialidades. "Si en vez de ello se deriva hacia El Dorado es porque se está en plan de conquistar y a la cacería de una quimera".

¿Nadie escapa? Ni el artista, dice Rojas. "El Dorado" está ligado a dos razones: la representación de un significado y la espera de un gran futuro. "La impotencia humana me hace aceptar que El Dorado existe; es decir, que mi inteligencia no es perfecta y que mi vida no es ningún ejemplo de vivencia física ni espiritual. Solo así empiezo a establecer ideales estéticos o, lo que es lo mismo, ideales futuros de existencia. Creo en la eternidad y como tal tengo que aceptar que mi potencialidad es la de la perfección absoluta".

El dorado ha estado en la vida de Rojas desde niño. Siempre pensó que el arte, el ser, el lograr actuar, el tener una identidad depende de ese poder, de ese capital.

 

 

El primer cuadro lo hizo a los 17 años. "Compré un papel de ese color, lo llené de negro y lo raspé hasta que apareció el dorado". Ese concepto adquirió una presencia como objetivo, como bien social y como espejo de una comunidad. Se le con virtió en algo espiritual. De ahí no se mueve a pesar de que en la serie actual, "Umbrales", esté no solamente reciclando materiales que son pobres sino que los encuentra entre los más miserables de Colombia.

"En el fondo, creo que nací pop. Y quitármelo para volverme culto y refinado según los cánones de la belleza del poder me ha tomado toda la vida. Es el último objetivo que tengo pero creo que no lo voy a lograr".

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