VI. EL BAUTISMO
Don Faustino el sacristán limpia los muebles de la vieja sacristía, mientras canta entre dientes una vieja letanía. Llega corriendo un grupo de campesinos el padre, la madre con una criatura de brazos y los dos padrinos. Golpean. Está lloviendo. Faustino abre y les pregunta qué desean, sin permitirles entrar. Los campesinos dicen que vienen a ver si el padre Jacinto les bautiza la niña. Faustino les exige el documento de la alcabala donde conste que están a salvo con los diezmos y primicias. Como los campesinos no le tienen, Faustino se niega a dejarlos entrar, pero uno de los campesinos le ofrece unos huevos. Faustino les permite pasar pero les previene que sin el papel del alcalde es imposible que les bauticen a la niña. El padre entra y discute con los campesinos.
PADRE JACINTO
Sin el papel es imposible. El alcalde me ha ordenado no bautizar a nadie que no esté al día. Son las últimas disposiciones del Visitador Regente. Yo no sé qué hacer, porque los campesinos alegan que les destruyen las cosechas; entonces ¿de dónde van a sacar para pagar los diezmos y primicias? Ustedes no son los únicos, eso les pasa a casi todos los campesinos de la región, donde la miseria y el hambre son cada día más grandes. Además, ya nadie da limosna. De los impuestos eclesiásticos a mí no me queda ni un maravedí. Todo lo mandan para España y para Roma. Esto nos pasa a todos los curas criollos. Y lo peor es que nos dan las peores parroquias. En cambio a los curas españoles les dan las mejores villas y parte de lo recaudado por impuestos.
Los campesinos, casi sin escucharle, le suplican al padre que les bautice a la niña, que está muy enferma, y que si se muere se va para el limbo. El padre se compadece y resuelve bautizarla, pero les previene no decir nada a nadie porque él no quiere tener líos con el señor alcalde. Procede pues al bautismo. Escribe los nombres del padre, de la madre y los padrinos. Pregunta el nombre de la niña. Los padres quieren ponerle Florinda. El padre se niega y le pone María del Carmen, porque es "más cristiano". Los padres aceptan de mala gana. Llenados los documentos el sacristán les pide los dos reales por el bautismo. Los campesinos se miran sorprendidos y le dicen que ellos no tienen ni un maravedí, que para eso trajeron los huevos. El padre Jacinto alega que los huevos sólo valen dos cuartillos. Estalla con "ira santa" y los recrimina por gastarse la plata en aguardiente y no dejar ni un real para el culto divino. Los saca a empujones de la sacristía y les dice que mientras no traigan el dinero no les bautiza a la niña, y que si muere ellos van a ser los culpables. Los campesinos lloran y suplican, pero los sacan a empujones. Redoble de tambor.
