EL ENGANCHE
A un lado del escenario, el Capataz. Al otro, un grupo de trabajadores agrícolas. Tienen grandes ruanas y sombreros para protegerse del agua.
CAPATAZ
Bueno, ya les dije, no? Trece pesos con cincuenta centavos y ni un centavo más!
TRABAJADOR 1
Siquiera ofrecieran los mismos quince del año pasado.
CAPATAZ
Y eso lo ofrece el patrón de lo puro bueno que es. Por ayudarlos a ustedes. Los trabajadores se ríen entre ellos.
TRABAJADOR 2
Y entonces por qué nos quitó el crédito en el almacén?
CAPATAZ
Consideren ustedes que con este invierno nadie les va a ofrecer ni un centavo más. No sean perezosos!
TRABAJADOR 3
Lo que pasa es que se le va a podrir la cosecha si no la recoge ya.
TRABAJADOR 4
Pero eso es como quitarle un pelo a un gato.
CAPATAZ
Trece cincuenta es mí última palabra. Vengan a trabajar o muéranse de hambre. Entra Gregorio. Se acerca al grupo de trabajadores. Lo saludan.
CAPATAZ
Ah!, miren, ahí les llegó la salvación. El nuevo rico. Ese si les puede pagar los veinte pesos. No Gregorio?
GREGORIO
Mire, don Juvenal, no soy rico, pero tampoco me le voy a humillar al señor Hernández. (Se vuelve a los trabajadores). Qué hubo, muchachos! Se vienen a trabajar conmigo?
TRABAJADORES
Claro, Gregorio!
TRABAJADOR 1
Y, cuánto paga?
GREGORIO
Bueno, lo que pasa es que tuve que pagar la fumigación, los abonos, los intereses de la Caja y me quedé sin plata en efectivo. Pero yo les ofrezco la tercera parte de la cosecha que recojamos.
TRABAJADOR 1
Pues así la cosa es como difícil, Gregorio, porque nosotros necesitamos plata, pero para ya.
TRABAJADOR 3
Estamos ahorcados de deudas. Si nos vamos con usted, cómo dejamos la familia? Considere, Gregorio.
TRABAJADOR 4
Páguenos aunque fuera los trece cincuenta y nos vamos con usted, con tal de no humillárnosle al Hernández.
GREGORIO
Pero no tengo en efectivo, muchachos. Vénganse por la tercera parte, miren que se pierde la cosecha. (Pausa).
TOMAS
Qué carajo! Yo me voy con usted, Gregorio.
CAPATAZ
Ah!, Tomás Otálora. Quién otro se va con Gregorio, ah? Eso no le va a gustar al señor Hernández. Usted le está sonsacando los trabajadores, Gregorio.
GREGORIO
Mire, ya que a usted le gusta tanto llevar y traer razones, dígale al señor Hernández que él puede ser dueño de toda la tierra que le dé la gana, pero no de la gente.
CAPATAZ
Conque dándoselas de gallito fino, no? Tenga mucho cuidado, Gregorio... Y usted también, Tomás Otálora. Gregorio y Tomás salen.
CAPATAZ
(Se vuelve a los trabajadores). Se dan cuenta cómo son las cosas en un negocio? Lo que cuenta es la plata... pero la plata "plata". Y para que vean que yo no soy rencoroso, me sigo sosteniendo en lo que les ofrecí. Trece pesos con cincuenta. Ni un centavo más!
Los trabajadores se miran entre sí y se retiran.
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