BIOGRAFÍA DE RAMÓN TORRES MÉNDEZ
RAMÓN TORRES MÉNDEZ nació en Bogota el 29 de Agosto de 1809. Fueron sus padres José Eugenio Torres y Antonia Méndez. Desde los primeros años de su infancia empezó á mostrar e inclinación por la pintura, lo cual conocieron sus padres, por la atención con que miraba las estampas y pinturas de las iglesias, y por las líneas y trazos con que constantemente ensuciaba las paredes y pisos de la casa.
A la edad de nueve 6 diez años fué puesto en una escuela de primeras letras, y al cabo de algún tiempo se manifestaron sus disposiciones para el dibujo con un incidente que tuvo lugar en aquellos días: habiendo mostrado á sus condiscípulos los trazos que había hecho con carbón sobre la piedra de un enlosado, reconocieron inmediatamente al maestro, el cual, con un gran gorro, anteojos y capote, presentaba una figura tan grotesca, que produjo hilaridad y risotadas en los muchachos, quienes hicieron sabedor al maestro de la travesura de TORRES y de la risa que cansaba á los transeuntes el consabido retrato. Impuesto el maestro de lo que sucedía, y convencido por sus propios ojos de la semejanza de la caricatura, se encolerizó con el niño y quiso castigar cruelmente su atrevimiento, machacándole con una piedra los dedos de las manos; pero TORRES, al oír tales amenazas, que irían seguidas de la práctica, se fugó de la escuela y fué á dar cuenta á su padre de lo sucedido, el cual tuvo por conveniente retirarlo de allí.
Algún tiempo después, un clérigo, amigo de la familia, á quien llamaba la atención la disposición que el niño tenía para el dibujo, quiso estimularlo y le propuso que le hiciera su retrato, el cual ejecuté en papel y al lápiz, con tanta satisfacción del clérigo, que éste sacó del bolsillo dos pesos y se los puso en la mano, acompañando su acción con caricias y parabienes, é instando al padre á que le buscara al niño un maestro que cultivara aquellas disposiciones. En efecto, fué llevado á la única persona que por aquellos tiempos profesaba y entendía el arte. Sucedió que la primera lección que recibió fué un ojo, que ejecutado con extraordinaria exactitud, sorprendió al maestro, y quizá temiendo en él un rival más tarde, despidió al discípulo, diciendo que no tenía tiempo para continuar dándole lecciones. Esta contrariedad afligió al principiante, pero el padre lo consoló diciéndole: -No importa., no hay mejor maestro que la naturaleza; y desde aquel día lo puso á copiar del natural piedras, árboles, flores, figuras humanas etc.
Por aquellos días se cumplían acontecimientos políticos de la mayor trascendencia para el país; Bolívar, victorioso en Boyacá, se preparaba á hacer su entrada triunfal en la capital. TORRES, ya por curiosidad infantil, ya por simpatías al grande hombre, fué de los primeros en ocurrir á la fiesta, y, en adelante, no perdió ocasión de fijarse en las facciones del Libertador y de la pléyade de héroes que lo acompañaba. Por esta circunstancia pudo, más tarde, hacer retratos de aquellos hombres, con notabilísima semejanza.
La necesidad de atender á sus propios gastos, y la de ayudar á su padre, lo obligó á buscar en otro trabajo el lucro que todavía no podía obtener de la pintura; llegado á los quince años, entró á la imprenta de un señor Miranda, dirigida por Mr. Fox, en donde en poco tiempo llegó á ser uno de los primeros tipógrafos, encargado de las impresiones que se hacían en inglés.
Después de cuatro años de consagración al trabajo, una circunstancia vino á decidir la suerte del futuro pintor: habiéndole llegado á Mr. Fox un retrato á miniatura hecho en Londres, cautivó de tal manera al joven impresor, que decidió desde aquel momento abandonar la imprenta y dedicarse al estudio de la pintura, hasta llegar á hacer retratos corno el que acababa de ver. Comunicóle á su padre tal resolución y la necesidad de que se le proporcionaran los elementos indispensables para emprender sus trabajos de arte.
Careciendo en absoluto de marfiles, de pinceles y colores, y siendo muy difícil conseguirlos en aquel tiempo, su padre indagó, buscó, se afanó, hasta que hallo una caja de colores que pudo suplir las primeras necesidades; pero los marfiles no pudieron conseguirse, y D. Eugenio Torres, hombre industrioso, que no sabía detenerse ante ningún obstáculo, tomó unas bolas de truco, y acerrándolas, proporcionó á su hijo cuantas planchas de marfil le fueron menester.
No pasó mucho tiempo sin que el público pudiera estimar el fruto de aquellos trabajos ; los retratos de miniatura que salieron de manos del nuevo artista llamaron mucho la atención, y á poco tiempo no le alcanzaban las horas para atender á todas las obras que se le encomendaban.
En vista de las utilidades que su trabajo le proporcionaba, y careciendo de maestros y escuela que dieran vuelo á su genio, en el horizonte que su corazon de artista le señalaba, se propuso comprar cuantas obras trataban del divino arte de la pintura, y aunque por aquel tiempo eran muy escasas, logró, en el transcurso de varios años, formar un repertorio de bellas artes, de lo más selecto. Desde entonces, las obras de los grandes maestros fueron el objeto de sus más asiduos estudios Rafael, Murillo, Mengs, Corregio, Viney y otros tantos, fueron sus modelos, bien que en estampas no podía estudiar el colorido, el cual pidió únicamente á la naturaleza.
Aunque la vida del artista lo aleja de la escena política; en tiempo del General Urdaneta, el fuego de su juventud lo hizo trocar la paleta y los pinceles por el fusil y los azares del militar. Se halló en la batalla del Santuario, en donde fué recogido con una herida de lanza en el estómago, pero afortunadamente no fué de gravedad, y á poco tiempo se hallaba de nuevo al frente de sus trabajos.
Pero no era la miniatura campo fértil para su genio; la pintura al óleo presentaba á su vista un teatro más vasto y más fecundo, y se dedicó, desde luégo, á su estudio. No fueron nonos satisfactorios los resultados en este ramo: en pocos años sus retratos y cuadros místicos le formaron una reputación notable.
Las personas que sabían estimar sus talentos, deseaban que fuera á Europa á hacer estudios formales en las academias; pero la carencia de recursos no se lo permitio, no hallando tampoco apoyo ni en los gobiernos ni en sus compatriotas.
Entre varios europeos y otros extranjeros que admiraron sus obras, y comprendieron el alcance de su genio, es de notarse el célebre Barón Gros, hábil artista y conocedor en pintura, que estuvo en Bogotá como encargado de negocios de Francia, en tiempo en que TORRES hacía pocos años que pintaba al óleo. Habiendo visto aquel distinguido diplomático una obra de éste, llamó su atención vivamente, y manifestando deseo de conocer el autor, hizo que se lo presentaran, y en adelante sus relaciones se estrecharon con pruebas de mucha estimación.
Terminada la misión diplomática del Barón, y viéndose obligado á volver á Francia, propuso á TORRES que lo acompañara, comprometiéndose á costear el Viaje, pero éste, aun cuando siempre lo había deseado, y en otra ocasión rehusó una propuesta semejante hecha por un inglés, por no abandonar á sus padres, de quienes era poderoso apoyo, se halló en las mismas circunstancias y resolvió no aceptarla generosa propuesta del Barón.
El Gobierno de la Provincia de Bogotá envió una comisión al "Valle de Tenza," de la cual hizo parte allí conoció á la señorita María Medina, con quien con trajo matrimonio algún tiempo después.
A pesar de su amor al hogar, se vió obligado á hacer un viaje por las Provincias de Antioquia y Neiva, donde sus ocupaciones lo retuvieron cerca de dos años, dejando como artista bien conocido su nombre en aquellas poblaciones.
Durante su viaje diseñó cuantos tipos, costumbres y poblaciones llamaron su atención; y en 1849 litografió y publicó las primeras láminas de esta especie en El Museo, periódico de Bogotá. De 1851 á 1852, á instancias de sus amigos, publicó una colección de láminas de costumbres nacionales, las cuales tuvieron tan buena acogida, que en poco tiempo se agotó la edición; esto fué estímulo para que continuara., con intervalo de algunos años, publicando diversas colecciones, que son bien conocidas en el país y aun en el extranjero, habiendo sido reproducidas algunas en obras de notables viajeros.
Terminada la revolución de 1861, y llevada á cabo la exclaustración de las Comunidades religiosas, quedaron abandonados los cuadros que decoraban los conventos, y se estaban perdiendo los mejores. En vista de esto, TORRES, que había conocido allí algunos de gran mérito del célebre Vásquez y otros pintores, y considerando que aquélla era una pérdida para la Patria, solicitó y obtuvo del nuevo Gobierno permiso para recoger los cuadros existentes y formar con ellos una galería nacional de pinturas, de la cual fué nombrado director y conservador en 1867, por el General Santos Acosta. En el edificio del convento de Santa Inés se destinó al efecto un salón, en donde se reunieron más de setenta cuadros escogidos.
En el mismo año de 1867 fué nombrado profesor de dibujo en la escuela de Artes y Oficios; pero habiéndose suprimido esta escuela, fué nombrado profesor de dibujo de Botánica en la de Ciencias naturales. Refundida esta escuela en la de Ingeniería, en 1873, los cuadros de la galería fueron trasportados al edificio de la Candelaria, sin contar con el director ni tomar nota de ellos. Allí fueron puestos sin orden ni concierto en un salón, de donde fueron extraídos los mejores, muchos de los cuales se hallan hoy en manos de particulares, y otros tantos no se sabe qué suerte corrieron; los pocos que quedaron se hallan hoy en la Biblioteca nacional, en donde los arregló el doctor Ricardo Becerra, como Secretario de Instrucción pública.
Durante el tiempo que TORRES pinto al óleo, hizo cerca de 600 retratos, y más de 200 entre cuadros místicos y otros; dejó en diseño é inéditas más de 300 láminas de costumbres nacionales y otros asuntos.
Son de notarse entre sus pinturas originales:
Alegoría de la Administración del General José María Obando: Contiene este cuadro cerca de cincuenta figuras, de tamaño natural, parte de las cuales representan las Provincias de la Nueva Granada, y otras lo que el Presidente prometía á la República. Este cuadro tiene próximamente seis varas de largo sobre cuatro de ancho.
El Colegio de la señora Sixta P. de Santander: Cuadro alegórico, donde aparecen las alumnas al pie de una escalinata, en un templo en donde el Salvador presenta su corazón á la comunidad. Las figuras son de tamaño natural.
Cristo aparece á la Magdalena: Cuadro premiado en la Exposición de Bogotá, en el año de 1844.
La Virgen de Chiquinquirá: del mismo tamaño de la milagrosa que se venera en aquel lugar; se halla á espalda del altar mayor de ese templo; tiene unas nueve figuras.
La Virgen de la Concepción: tamaño natural; se halla en la iglesia de San Francisco de esta ciudad. Tiene algo más de tres varas de altura por dos y media de ancho.
Paseo campestre: cuadro de costumbres nacionales tiene 33 figuras; representa una comida bajo una arboleda que corta un riachuelo; paisaje de vegetación andina.
Apoteosis alegórica del Libertador Simón Bolívar: acuarela enviada á Caracas en el Centenario de 1883 contiene diez figuras y varios accesorios simbólicos.
Entre los retratos sería largo enumerar los que se distinguieron; recibió de la prensa varios elogios por ellos, y privadamente muchas cartas de felicitación, entre ellas algunas de Europa, con motivo de retratos que fueron llevados allá.
Distinguióse en composiciones alegóricas y en la belleza de los rostros místicos. Hizo también algunas pinturas al temple, entre las que podemos citar: el monumento que se colocaba el Jueves Santo en la Iglesia de la Concepción; se componía de una gran portada, en la que se veían los cuatro Evangelistas y el Salvador, hechos en pintura transparente, por un sistema de invención exclusivamente suya; un telón que representa el interior de una basílica; la portada con sus accesorios existe en poder de las monjas, el telón está en la iglesia.
Hizo otro monumento Semejante para la iglesia de Guayatá.
Para el teatro pintó muchas decoraciones y un telón de boca, donde estaban representadas alegóricamente con dos estatuas, la comedia y la tragedia en un jardín rodeado de una balaustrada., en el fondo del cual se levantaba el templo de la sabiduría. Este telón, que sirvió muchos años, lo destruyó el uso y fué reemplazado por el que existe.
Fué profesor de dibujo en la Universidad nacional durante siete años y en muchos colegios particulares, miembro de varias sociedades artísticas, entre ellas del Ateneo de Bogotá. En las exposiciones sociales habidas en habidas en Bogotá recibió tres diplomas, dos medallas de plata y una cantidad en dinero.
José Belvez
