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INDICE
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FIN DEL PERIODO "PRIMITIVO"
¿Para qué sirvió el capítulo anterior? Ante todo de "intermedio"
para que el lector se entere de algunos de los viejos salones de
cine, y luego, porque era natural que en el Olympia se estrenaran
las películas nacionales realizadas por los Di Domenico y en los
demás, Bogotá y Faenza, también se presentaron películas nacionales
con buenos, regulares y pésimos resultados económicos. Además,
habría que invertir aquello de "la función crea el órgano", porque
en este caso fueron los órganos los que crearon la función, los
salones de cine los que hicieron cada vez más urgente la necesidad
de proporcionarles toda clase de películas, incluyendo las
nacionales.
Esto último parece exagerado al comparar la pobrísima producción
colombiana de 1910-20 con la pompa de las películas italianas y
francesas que explotaban en gran forma retórica todos los temas
humanos y divinos. Pero es que entre las muchas oportunidades
perdidas del cine nacional debe mencionarse la que corresponde a la
guerra mundial 1914-18, cuando, y lo mismo que en la Segunda Guerra
Mundial, 1939-45, todas las industrias, incluyendo la del cine,
deben disminuir su producción porque sólo impera la industria de
guerra. Y al faltar las películas de exhibición obligatoria en los
salones de cine, resulta más que lógico pensar en la producción
nacional que por lo menos compense, en parte, la falta de material
extranjero. Por eso no es casual que los Di - Domenico inicien y
estimulen su actividad de productores de películas, precisamente
entre El drama del 15 de octubre (1915) y el utópico proyecto de
una superproducción sobre la batalla de Boyacá para celebrarle su
centenario en 1919. Y además, los noticieros producidos también por
los Di Domenico, sin mayor regularidad, porque dependía de las
noticias más interesantes que, a juicio de los realizadores,
merecían figurar en estos noticieros.
Por vagas informaciones de contemporáneos, se tenía la noticia de
una película sobre la muerte del general Rafael Uribe Uribe,
noticia que confundían con el anunciado proyecto de una filmación
sobre la vida del general a principios de 1929. En su valiosa
investigación sobre la casi "prehistoria" del cine colombiano,
Hernando Martínez fijó año, 1915, y nombre, El drama del 15 de
octubre, película muy importante en la filmografía de nuestro cine
por ser la primera de la que pueden obtenerse datos precisos de
producción y exhibición. Es más que presumible que antes de 1915
continuaron las "notas" para noticieros nacionales iniciadas hacia
los 1909, o antes, trabajo para noticieros donde también es muy
posible que se intentaran filmaciones con argumento como las había,
aunque esporádicas, en casi todos los demás países
latinoamericanos. Pero, desgraciadamente esas posibles películas,
al no haber datos hasta ahora, permanecen en el limbo de las
posibilidades.
Los hermanos Di Domenico, habilísimos para el negocio, aprovecharon
un tema tan palpitante todavía en 1915, como el asesinato del
general Uribe Uribe un año antes, craso oportunismo que les costó
más de un problema con las autoridades y con el mismo público. Pero
debió sorprender, y asustar, la reconstrucción del crimen tan
"verista" a lo italiano, y hasta con la presencia de los dos
asesinos filmados en el panóptico, para mayor realismo del
documental.
Hernando Martínez transcribe el anuncio aparecido en la revista de
cine Olympia, órgano de propaganda de la empresa Di Domenico, en su
número del 24 de julio de 1915, donde se anuncian, además de dos
notas de noticiero
|-Procesión del Corpus en Bogotá en 1915 y
Procesión cívica del 18 de julio de 1915-, tres películas más
inequívocamente con intriga: Una notabilidad rural (cómica), La
hija del Tequendama (cuatro actos-drama), y se anuncian "en ensayo"
(proceso de producción?), Dos nobles corazones (drama) y Ricaurte
en San Mateo, de tema histórico.
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Portada de la revista Películas,
mayo y junio de 1923.
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Efectivamente, el anuncio de las películas citadas fue
publicado, pero es raro que no quedaran en el recuerdo de nadie de
interrogados posteriormente, como don Donato di Domenico, Pedro
Moreno Garzón, empleado de la empresa, o de Gonzalo Acevedo. O por
lo menos de la tradición que, sin mayor fundamento, afirmara que en
1915, o de manera más general, antes de María, se habían filmado
algunos largometrajes. La memoria del cine nunca es tan nula como
para no recordar algunas películas, y hasta ahora, fuera de la
mención de Olympia no se ha encontrado algún dato que sirva para
constatarlas. Siendo el asunto tan vago, en este terreno caben las
teorías por el estilo de la siguiente:
|¿ Una notabilidad rural y
La hija del Tequendama no serían cualquier película corta
italiana o francesa a la que se le adjuntaban algunas de las
numerosas "vistas" que por esos años filmaban los mismos Di
Domenico para sus noticieros colombianos? Entonces, por ejemplo, un
corto dramón italiano hábilmente intercalado con planos filmados en
los lugares indicados resultaría algo parecido a La hija del
Tequendama, si en el "remontaje" figuraban planos filmados en el
Tequendama y lugares próximos. Recordar que en 1915 la gente estaba
poco informada de esta clase de trucos que pudieron hacer los
hermanos Di Domenico, que además de hábiles empresarios de cine,
para su época, sabían bastante de técnica cinematográfica, la
suficiente para esta clase de "nacionalizaciones".
Respecto a la película El triunfo de la fe, realizada por Floro
Manco en Barranquilla hacia 1914 o 15, se pensaba, por su título,
que algo tendría que ver con algún acto religioso, congreso mariano
procesiones de Semana Santa, etc. Pero de acuerdo con la última
información de Jorge Nieto, quien habló con algún descendiente de
Floro Manco, el tema es muchísimo más prosaico. Don Floro tenía un
almacén en Barranquilla, que se llamaba precisamente La Fe, y su
triunfo dependió de su buena situación comercial. Se trataba de un
noticiero que, al mismo tiempo que promovía las ventas del almacén
La Fe, servía para mostrar el progreso de Barranquilla integrado al
triunfo particular de Floro Manco, por los años de la realización
de este primitivo noticiero.
Debe insistirse sobre la facilidad de filmación con cámaras de
funcionamiento muy sencillo, revelado casero y exhibición
asegurada, como en el caso de los Di Domenico, razón que fuerza a
no rechazar de plano la posibilidad de realización de películas de
ficción, aprovechando el rico telón de fondo del paisaje colombiano
y su folclorismo. Sólo una paciente investigación podrá convencer
que efectivamente se filmaron y vieron algunas de las películas que
cubre este periodo, hoy tan remoto, investigaciones que pueden dar
más de una grata sorpresa.
En capítulo pasado se trató sobre la importación de un camarógrafo
francés por el general Rafael Reyes para que filmara actos de su
gobierno y otros aspectos de interés general, para los noticieros
que se exhibían en los teatros de cine que por los 1909 funcionaban
en el país. El gusto por el noticiero se inició en los noticieros
del cine y todavía se le ve con agrado en la televisión y se le oye
en la radio. El noticiero inició el cine de los hermanos Lumiére y
Tomás Edison, con seguidores en todas partes del mundo a fines y
principios de siglo, por ser el género que más a el público.
Sí cabe la duda en la existencia de algunas películas de las queda
el nombre, ni siquiera la memoria, del periodo colombiano en
presentación, lo seguro son los noticieros s en el país por los Di
Domenico, entre otros. Las "notas" para noticieros tenían dos
fines: servían para formar propiamente el noticiero de cinco a diez
minutos de exhibición salón Olympia, y también para venderlos al
exterior como "exótico" para gozo y pasmo del espectador burgués de
Roma, quien todavía y a pesar de situarse en el siglo XX ya
adelantado, ignoraba por completo qué era eso llamado
Colombia.
El drama del 15 de octubre fue una "actualidad reconstruida de
figurarse, con la misma ingenuidad que empleaba el Georges Méliés
para este género, aunque sin el encanto que transmitió este genio a
su obra cinematográfica. La procesión del , La procesión cívica, ya
están indicando su tema y el interés con que se verían en las
pantallas colombianas por la familiaridad del ambiente y hasta de
algunos rostros conocidos. Lo curiosos que estos noticieros fueran
mercancía exportable, porque sólo para consumo interno y que fuera
del país no interesaran más teniendo en cuenta que seguramente en
los países s también tenían por lo menos camarógrafos que filmaban
as o menos los mismos temas. Pero es que, a lo mejor, por vieron en
cine procesiones de Caracas, Lima o Quito, obligatorio intercambio
de las mismas notas poco más o menos, sólo para estimulante o
desilusionante comparación.
En este periodo que puede llamarse primitivo por el poco desarrollo
del cine nacional entre los fines y principios de siglo hasta los
1920, predomina todavía la etapa del descubrimiento de un
espectáculo que para muchos tiene algo de magia porque no puede
entrar en la cabeza eso de que a las fotografías, siempre
estáticas, de pronto les dé por moverse. Y para ver esta maravilla
se construyen grandes salones que proyectan grandes dramonones a
los que el espectador ya estaba acostumbrado por haberlos visto
bastante parecidos en el teatro. s hermanos Di Domenico, además de
ver en el negocio de construcción o administración de salones de
cine, la parte más importante de su empresa, también se preocupan
por suministrar material nacional a esos salones para que el
público se sorprenda con ver a su país reflejado y, en cierta
forma, fijado para siempre en el cine. Y por eso e inicialmente, lo
importante no es filmar películas de ficción, que sobraban en las
italianas y francesas, sino noticieros que lo ilustraran sobre su
propio país.
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