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FASCINACIÓN MARIANA

Sin prevenciones cinematográficas, el lector de María se da cuenta inmediata de sus cualidades visuales, además de las literarias. Dos sólidos personajes centrales complementados por secundarios importantes y hasta episódicos que sirven para enriquecer el relato, y todos actuando sobre un paisaje comprometedor como el del Valle del Cauca, está planteando ya un guión cinematográfico donde toda esta literatura visual se ponga a funcionar. Además, y en estas épocas tan poco románticas, cierta nostalgia romántica hace muy atractivos los más que castos amores de María y Efraín, que en el libro se entienden por medio de diálogos muy literatura siglo XIX, difícil comunicación que hoy casi ni se entiende. Estos diálogos pudieron ser un lastre para los diferentes guionistas de las versiones de la novela de Jorge Isaacs, pero seguramente pudieron concretarse, lo que no quiere decir que a la célebre pareja, tan siglo XIX, se la obligara a conversar con los términos y palabras de la juventud 1980, que también es difícil entender.

Para darse cuenta del sagrado terror que inspiraba el que María en cine fuera a perder una sola de sus cualidades literarias, transcribo algunos apartes del artículo escrito por Juan de Luna (el poeta Eduardo Castillo), en la revista Cromos del 28 de octubre de 1922, por la época del estreno de la versión de Alfredo del Diestro y Máximo Calvo e ilustrado con fotografías de la película:

"Quienes hemos disfrutado el placer inefable de recorrer en peregrinación espiritual aquellos escenarios del poema dolorido, venerandos, como santos lugares de una religión del sentimiento, hemos comprendido mejor que otros la belleza infinita de la obra y hemos apurado todo el dolor indecible del poeta [. . . ] . A través de todos esos lugares prestigiados por el aura poética, nos hará vagar con hondo recogimiento la artística película que acaba de ensayarse en Cali [. . ] . Y para que no se crea que pretendo hacer un elogio convencional al hablar de esa cinta, he de confesar que, cuando en el Valle se trató por primera vez de llevar a la pantalla la producción inmortal de lsaacs, fui de los que, con Mario Carvajal, Nieto [Ricardo], Garrido [Gilberto], y Blas Scarpetta, quisieron iniciar una campaña contra ese intento. Afortunadamente la injusticia que pretendíamos no se llevó a efecto. Lo natural era esperar el resultado de la empresa que don Alfredo del Diestro y otros caballeros del Valle se proponían llevar adelante. No era razonable ni equitativo prejuzgar. No obstante, mi pesimismo se conservaba intacto : la interpretación de personajes tan idealizados hoy y tan humanizados en su época, estaba a cargo de artistas noveles, absolutamente ajenos a los secretos recursos del arte mudo. Perdóneseme la franqueza: yo pensaba que la distinción y la belleza de las damas y la buena voluntad de los caballeros que integraban el cuadro artístico no eran elementos suficientes para sacar con éxito empresa tan difícil".
 
Después, Juan de Luna repleta de elogios a cada uno de los actores, lo que garantiza la calidad de la película, prometiendo que al estrenarse María en Bogotá se retractará de su falta de fe, ya un poco convencido "ante el doble testimonio de los intelectuales de Cali, y de las fotografías que hoy publica esta revista".

Posteriormente es seguro que se unió al coro de alabanzas que coleccionó la película, olvidando sus escrúpulos literarios sobre la falta de respeto que implicaba la misma filmación de un texto sagrado de la literatura colombiana. Pero el gran éxito de la película convenció hasta al más escéptico, éxito explicable porque la novela no era sólo best seller colombiano; también latinoamericano, porque su exaltado romanticismo se identificaba en todas partes.

Emilio García Riera en El cine mexicano (1963), informa que en 1918 Rafael Bermúdez Zataraín produjo y dirigió en México la primera versión cinematográfica de María, tres años antes de la  versión colombiana Insistiendo en el tema, Chano Urueta, popular director mexicano, realiza otra versión de la novela de Jorge lsaacs en 1938, con Lupita Tobar y Rodolfo Anda, que seguramente no repitió el éxito de la primera mexicana y de la única versión colombiana, porque ya los tiempos no estaban para romanticismos, y menos, en los 1970, con la última del argentino Tito Davison, filmada en los mismos lugares de la acción como en los tiempos de Alfredo del Diestro y Máximo Calvo. Y se completa la filmografía de María con la parodia, o "burlesco", fraguada por el pintor Enrique Grau, que comenzaba en plena broma y terminaba en melodrama casi serio.

Maria (1922).

Aún guardadas todas las distancias de los casi sesenta años de haberse realizado la María colombiana, parece ser la película más famosa y más taquillera de toda la historia del cine colombiano, porque en tanto tiempo no se ha logrado ninguna que la reemplace en popularidad, a pesar de que la gran mayoría del público nacional no tenga ni siquiera idea de que existió.. De ahí la insistencia en destacarla, aunque si de pronto se descubriera  una copia perdida y se exhibiera su inevitable primitivismo produjera más risa que admiración.
 
Otro aspecto importante de Maria, y de acuerdo con testimonios de los contemporáneos, constituye el que varios de los productores y directores  que surgieron en nuestro activo de los productores y directores que surgieron en nuestro activo cine mudo lo hicieron estímulos por el éxito económico de la película que a poco de estrenada, por las muchas exhibiciones , las copias se gastaron y hubo necesidad  de enviar el negativo a los Estados Unidos para obtener nuevas de reemplazo que llenaran la constante solicitud, no sólo en Colombia sino también  en otros países latinoamericanos, de exhibirla en los salones de cine. Este fenómeno nunca se repitió en el cine colombiano.

En remota niñez se recuerda haber visto, en el antiguo Cinema (hoy teatro del TPB), Mar de la que sólo queda el recuerdo de la barca que conduce a Efraín por el torrentoso río Cauca, escena que sine curiosamente de ejemplo único de la famosa película en el Archivo Acevedo, entre otros trozos de algunas películas de nuestro periodo mudo. Este archivo constaba sobre todo de noticieros filmados por los hermanos Acevedo entre 1922 y 1948, colección de inmenso valor para el cine colombiano.

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