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ENTREVISTA CON PEDRO MORENO GARZÓN

Pedro Moreno Garzón, que desde hace muchos años vive en Caracas, también figuró entre los iniciadores del cine colombiano por los 1925. Periodista que trabajó por años en Cromos de traductor, se vinculó al cine como secretario de la sociedad cinematográfica Sicla Films de los hermanos Di Domenico. Colaboró con Vicente di Domenico en la filmación de Aura o las violetas (1924), El amor, el deber y el crimen (1925) y Como los muertos (1925), vinculación que terminó al venderse la empresa a Cine Colombia. Posteriormente pasó a la United Press, donde ha trabajado hasta la actualidad en la oficina de Caracas.

- ¿ Cómo se vinculó a la empresa de los hermanos Di Domenico.

- De secretario de la empresa Di Domenico, donde adquirí mucha experiencia en el negocio del cine desde dar cine ambulante hasta la administración del salón Olympia, cuando Francisco di Domenico se fue a Europa, donde posteriormente fue cónsul de Colombia en Nápoles.

- ¿Dónde iniciaron los Di Domenico sus negocios de exhibición?

- En el teatro Variedades que según entiendo, antes se llamo del Bosque, situado en el Pabellón de las Industrias,  las construcciones que se edificaron para el centenario de independencia en 1910 y en el que cabían unas 800 personas atadas y otras tantas de pie. Los Di Domenico importaron al país los primeros proyectores de "mariposa", ya perfeccionados porque evitaban la molesta "titilación", que tanto molestaba a los espectadores en las proyecciones anteriores a este gran invento. Las películas eran exclusivamente italianas y, por lo tanto, dominaron el mercado de cine colombiano por esa época. Los noticieros sí se importaban de todas partes y hasta recuerdo quizás el primer efecto sonoro que se dio en Bogotá: en un noticiero sobre la guerra ruso-japonesa, para que las escenas resultaran más realistas, detrás del telón algunos "sonoristas" producían toda clase de ruidos que imitaban lo que creían que podrían ser los fragores de una batalla.
- ¿Y el salón Olympia?

-Con el éxito del teatro Variedades, más bien les fue fácil a los Di Domenico convencer a un grupo de personas de la conveniencia de construir un verdadero y gran salón de cine. Fue don Nemesio Camacho el principal animador de la empresa de construcción del gran local de más de tres mil localidades distribuidas en 1.800 de luneta y 1.400 personas de galería. Desde su inauguración fue un éxito increíble, porque los jueves y domingos, días de funciones, era muy difícil entrar por las aglomeraciones que aprovechaban los tenorios de ocasión para presionar a las señoras y señoritas. La división social era estricta porque la galería, a diez centavos, se llenaba de gente popular, buena y mala; en cambio la luneta se veía colmada por, la sociedad bogotana. Pero todos eran sucios, porque no puedo contar lo que encontraban las aseadoras del salón Olympia al otro día de las funciones tanto en la luneta como en la galería.

- ¿Qué proyectores tenía el salón Olympia?

Pedro Moreno Garzón director de El amor, el deber y el  crimen (1925).

- Los primeros fueron Pathé de fabricación norteamericana, y luego Simplex, ambos de muy buena proyección en claridad y luz de la imagen, cualidades que explican el éxito ante un público que no había visto una proyección tan perfecta.

- Y las películas?

-Principalmente italianas, que en esos años era el único cine que se conocía. Películas con la Bertini, la Menichelli y demás famosas actrices italianas, agotaban la boletería y causaban tumultos de gente. Más tarde se conocieron las norteamericanas, por ejemplo en un corto de Chaplin que fue un éxito, aunque el cómico más popular fue Harold Lloyd. Las series también gustaban mucho; por ejemplo, la serie de Fantomas que, no obstante estar la película hecha pedazos por el frecuente uso, era un éxito en los matinés, lo mismo que los Misterios de Nueva York, otra gran serie.

|-Todos los contemporáneos se refieren a la buena música que interpretaban las orquestas que amenizaban las proyecciones del salón Olympia.

-Efectivamente. Durante la proyección de las películas, los espectadores también oían la célebre orquesta del salón Olympia, en la que tocaron músicos de la calidad del trompetista Prisciliano Sastre. El repertorio musical era principalmente de óperas donde, naturalmente, predominaba la italiana, la que más gustaba al público, aspecto que, me parece, contribuyó a la cultura musical de los bogotanos, porque había que oír a la salida de la galería, a los artesanos silbando música de Verdi, Rossini, Wagner y demás grandes compositores de ópera. Este tipo de música combinaba muy bien con los temas pasionales, trágicos, de las películas italianas y francesas de la época. Pero en las comedias se tocaba música más "movida", y entonces se recurría a los bambucos y pasillos que animaban las comedias de Harold. Lloyd y Charles Chaplin.

- ¿Entonces también se interpretaba música colombiana?

-La orquesta del salón Olympia estrenó composiciones del maestro Zamudio, de Emilio Murillo, y otros músicos colombianos. En alguna ocasión el contratista de la orquesta, Rafael Pinzón, anunció que incluiría en el repertorio una obra del maestro Guillermo Uribe Holguín, proyecto que inicialmente no gustó a la empresa por considerar que la música del maestro Uribe Holguín era demasiado seria para ser interpretada ante un público de cine. Pero ante la insistencia de Rafael Pinzón, al fin la aceptó y en su estreno tuvo tanto éxito que, con sus gritos y aplausos, todo el público, logró que se repitiera, especialmente el de galería. De manera que el salón Olympia por esos años ejerció una buena influencia doble, porque no sólo interesó al público por el buen cine que presentaba, sino que, por el excelente repertorio musical de su orquesta, contribuyó a la buena educación musical del bogotano. Me parece que aún para los que no lo conocieron, debe ser imperecedero el recuerdo del enorme pero acogedor salón Olympia.

- Cómo inicio la empresa de los Di Domenico la producción de películas?

-Antes de llegar a Colombia los Di Domenico, personalmente don Vicente, habían realizado documentales y noticieros en panamá, Venezuela y otros países, aclarando que ninguno de la familia era un técnico de verdad, sino sólo aficionados. Con estas experiencias, y por el estímulo del éxito económico de María, que por los años 1923-1924 fue una gran atracción taquillera, se resolvió fundar una compañía productora de películas que se llamó Sociedad Industrial cinematográfica Latinoamericana, Sida Films, de nombre muy largo pero de poca duración y donde los socios aportábamos nuestro propio trabajo, y los Di Domenico todos los materiales necesarios para filmar películas.

- ¿Había entre ustedes verdaderos técnicos?

-Advierto que, exceptuando a don Vicente di Domenico, que por lo menos había filmado anteriormente algunos noticieros, ninguno de nosotros tenía experiencia técnica en el cine; éramos aficionados en toda la extensión de la palabra, y para realizar el plan de largometrajes que planeábamos, sólo teníamos nuestro entusiasmo personal por el cine.

- ¿ Quién propuso la filmación de Aura olas violetas?

- Como yo era secretario de Sida Films, me encomendaron que buscara un tema colombiano para adaptarlo al cine. Después de leer varios libros nacionales y de pensar en muchos temas, seleccioné la famosa novela Aura o las violetas, de José María Vargas Vila, por dos razones: la novela no era difícil de filmar, porque su argumento es sencillo y, además, siempre fue con María y La vorágine, una de las tres novelas colombianas más leídas y, por lo tanto, Aura o las violetas, adaptada al cine, necesariamente sería un éxito de taquilla. Estas consideraciones influyeron sobre los de Sida, que aceptaron el proyecto, y se comenzó a preparar la película.

- ¿Dónde consiguieron los actores?

-Esta fue la parte más difícil de todo, hasta el grado de pensar en no filmar la película por falta de actores. Por ese mismo tiempo los hermanos Acevedo comenzaron la filmación de un largometraje basado en un guión que cambiaron varias veces, me parece que por falta de experiencia en el cine, lo mismo que nosotros. El padre de los Acevedos, don Arturo, se empeñó en formar compañías nacionales de teatro, empresa que le costó bastante dinero, pero con la compensación de lograr buenos grupos teatrales con un buen repertorio. Entonces para ellos no había los problemas que para nosotros, porque les servían los mismos actores de las compañías que organizaba don Arturo. Es cierto que podían aprovecharse las actrices, actores y comparsas que actuaban con bastante frecuencia en el teatro Municipal por esos años, pero ninguna actriz española daba el tipo de Aura que se buscaba. Y otro problema más: pensando que sería la mejor solución, organizamos un concurso para seleccionar a los actores colombianos que pudieran actuar en la película, pero no resultó, porque en ese tiempo existía el prejuicio entre la gente de que los "cómicos", como se les llamaba, actrices y actores, eran personas muy poco honestas, y el solo hecho de presentarse profesionalmente en un escenario y, por afinidad, en una película, era muy mal mirado.

- ¿ Cómo resolvieron semejante problema?

- En una casa del costado oriental de la avenida de la República entre calles 24 y 25 se asomaba al balcón de su casa (lo que hacían diariamente señoras y señoritas bogotanas al caer de la tarde), una muchacha muy bonita de rostro suave y dulce, el ideal para representar a Aura. Se llamaba Isabel van Walden y, al proponerle que si quería trabajar en el cine, aceptó por ser hija de extranjeros y no compartir los prejuicios contra los actores. Encontrar el galán también fue muy difícil pero se encontró en Roberto Estrada Vergara, joven de aspecto agradable, distinguido, "durito" de actuar como una piedra, debido a su falta total de experiencia de actor, falla que compartía con su compañera, aunque para ambos el resultado final fue bastante satisfactorio.
 

El amor, el deber y el crimen (1925).

- ¿Y la parte técnica?

-Solucionado el problema de conseguir actores, se pasó al de cómo filmar la película. Al finalizar el salón Olympia hacia occidente, quedaba un gran solar que se utilizaba de depósito.

Allí se levantó un tablado donde se construyeron los interiores de Aura, formados los bastidores forrados en cañamazo y, encima, papel de colgadura. Colocados en determinados sitios, servían de ángulos de filmación de las diferentes escenas que, por falta de reflectores, se iluminaban con planchas de lata que, al reflejar el sol, el reflejo se dirigía hacia los artistas que protestaban cuando era demasiado luminoso. Algunas escenas se filmaban hacia las cuatro de la tarde, cuando el sol era suave, ya bajo, y entonces su luz no era violenta, aunque también a los parasoles de lata se les ponía un velo para disminuir la intensidad del brillo.

- ¿ Cómo fue la filmación?

-En Aura o las violetas yo dirigí la interpretación y movimientos de los actores y Vicente di Domenico se ocupó de la cámara y demás detalles técnicos. Por un capricho, no permitió ver los rushes, o pedazos de película filmada, sino hasta el final, cuando la película estaba terminada, lo que impedía darse cuenta si debían cambiarse o corregirse algunas escenas por mala interpretación de los actores, mala iluminación, algunos defectos de cámara y demás fallas que se presentan en toda filmación, pero, a pesar de estos inconvenientes, el éxito de la película fue inmenso al estrenarse.

- ¿ Y otros problemas durante la filmación?

- Cuidar mucho de la presentación moral de la película, porque la censura departamental era muy estricta, por ejemplo, respecto a los besos que debían ser muy rápidos, ya que los lentos no se admitían, motivo que causó la prohibición de varias  películas, sobre todo francesas, por sus argumentos de infidelidades con besos apasionados.

El amor, el deber y el crimen (1925).

- ¿ Cómo se recibió Aura o las violetas?

- Para el estreno de la película y días siguientes se acabaron las boletas por completo y en exhibición duró varias semanas completas; hasta se exhibió en Caracas. Este éxito casi que estaba previsto por la fama de la novela.

- ¿ Y continuaron las actividades de la sociedad Sicla Films?

- Parece increíble, pero el gran éxito económico de Aura fue la disolución de la sociedad, porque seguramente Vicente di Domenico pensó que era mejor repartir las ganancias entre su familia que compartirlas con los socios. Entonces decidió que él sería el único productor de sus próximas películas, repartió a cada socio lo que le correspondía y liquidó a Sida Films, lo que fue una tontería porque al continuarla por algunos años más, habría servido mucho al cine nacional.

- ¿Pero la nueva organización continuó realizando películas?

-Mi segunda película, Como los muertos, ya no se filmó en condiciones tan incómodas como Aura, ya que los Di Domenico construyeron un estudio bien montado al fondo de sus oficinas que quedaban en la carrera 7a entre calles 22 y 23, donde hoy está el teatro Colombia, que puede considerarse como el primer estudio de cine colombiano por el excelente equipo técnico con que se le dotó.

-Cual Equipo?

- Era un estudio cubierto de vidrios para aprovechar la luz del sol, pero al mismo tiempo varios reflectores alemanes marca Age suplían las necesidades de iluminación; una copiadora automática inglesa, un gabinete de fotografía, un salón de proyecciones y otros elementos complementaban el equipo técnico. Y, además, camarines para los actores, sección de maquillaje y vestuario, indican lo completo del estudio de los Di Domenico, donde se filmó Como los muertos.

- ¿Por qué se escogió esta pieza de teatro?

- Porque la habían representado con éxito algunas compañías nacionales y españolas y por lo dramático del tema sobre la segregación causada por la terrible enfermedad de la lepra. Siendo el encargado del guión, procuré hacerlo lo más cinematográfico posible, aspecto que no le gustó al autor de la obra, Antonio Alvarez Lleras, que hubiera impuesto la simple trascripción de la pieza de teatro, lo que era imposible.

- ¿ Y se presentaron los mismos problemas de actores como en Aura?

- No, porque aprovechando la presencia de una gran compañía de teatro español que actuaba en el Colón, se contrató a los primeros actores del conjunto, Matilde Paláu y Joaquin Sem, auténticos profesionales que entendían muy bien lo que se les solicitaba en la película pero, por su fama, eran actores caros que hicieron subir el costo de producción de la película y, por esta razón, escenas que salieron mal por técnica o actuación no pudieron repetirse.

- ¿Y el éxito económico de Como los muertos?

- Menor que el de Aura, creo yo que debido precisamente a los defectos anotados que no pudieron corregirse, a pesar de haberse anotado en el salón de proyecciones del estudio, lo que hubiera servido para mejorar la calidad general de la película. Si hoy se viera Como los muertos, seguramente parecería ridícula, porque ahora el cine es más sugerente, dice más que antes, y claro que con mejor técnica.

- ¿Después de Como los muertos continuó la producción de largometrajes?

- Mi tercera película se llamó El amor, el deber y el crimen, basada en una obra del doctor Rosales, seleccionada por sus fuertes contrastes dramáticos cíe tendencia socialista y por su facilidad de filmarla en interiores y vestuario muy sencillo. Los exteriores se filmaron en Apulo y, debido al equipo eléctrico del estudio en Bogotá, se podía trabajar a cualquier hora, filmándose muchas tomas, lo que contribuyó para que la película se filmara sólo en 20 días, tiempo record de filmación en cualquier época del cine. Los actores fueron la Mara Meba, áctriz italiana contratada por una empresa cinematográfica de Cali, que la importó directamente, y Rafael Burgos. Esta película, a pesar de los buenos elementos con que contaba, fue un fracaso económico pues no gustó al público.
¿Siguió usted en el cine?

-El amor, el deber .y el crimen fue mi última experiencia cinematográfica. Me fui a Caracas, donde me radiqué desde entonces. Por su parte, y más tarde, también los hermanos Di Domenico se desvincularon del cine, porque Vicente di Domenico se fue a Barcelona, donde montó un estudio de doblaje de películas, y allí murió hace muchos años.
- ¿A qué cree que se debió el fracaso de los Di Domenico en la producción de cine?

-Me parece que el fracaso de este antiguo ensayo por establecer la industria de cine en Colombia, en primer lugar se debió a la falta de conocimientos técnicos de todos nosotros, conocimientos que de ninguna manera podíamos suplir con el entusiasmo que sentíamos por el cine y que permitió la realización de las películas señaladas en esta entrevista. Por ejemplo, en lo que a mí me tocaba, o sea la dirección de actores, por falta de los necesarios ensayos para que representaran bien su respectivo personaje, no se "ponían en situación", y así se filmaban, aunque luego estas fallas fueran muy visibles en la película. Y como tampoco podían repetirse las escenas, como le expliqué antes, por no gastar la película Pathé y, posteriormente, Kodak, entonces todo salía mal. Casi en la misma situación terminaron la empresa Acevedo e hijos, que por la misma época realizó dos películas: Bajo el cielo antioqueño y La tragedia del silencio. Pero a pesar de sus fallas, vale la pena recordar estos primeros intentos de establecer nuestro cine nacional en el país.

- ¿Actualmente qué hace?

-Vivo muy agradablemente en Caracas desde hace muchos años, pero vengo con alguna frecuencia a Bogotá, mi ciudad, donde pienso pasar mis últimos años, evocando en las nuevas películas colombianas mis lejanos tiempos de director de cine nacional.

(Entrevista concedida en 1964. Don Pedro Moreno Garzón murió en abril de 1976)
 

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