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DESCENTRALIZACIÓN

De las once películas registradas del periodo mudo colombiano, sólo cinco se realizaron en Bogotá y las seis restantes en los departamentos, ideal de una auténtica producción nacional. Por la fuerza de simples estadísticas, debe aceptarse que la época del cine mudo continúa de ejemplo nacional de estabilidad cinematográfica, aunque no sea posible plantear ni siquiera las bases de una industria debido a que todas las películas son producto de esfuerzos individuales, sin ningún apoyo oficial o, por lo menos, la suficiente estabilidad económica que hubiera garantizado una producción más o menos continua.

Pero el hecho es que en sólo cinco años se realizan once películas de las que en sólo el año de 1926 se filman cinco. Este dato produce, en el interesado en el cine de su país, cierta desesperación retrospectiva, porque si cualquier ministro de Hacienda, o de Industrias, de los 1920 colombianos, en vez de estar pendiente de los directorios políticos a los que pertenecía o algo tan inútil por el estilo, se hubiera preocupado por una pequeña industria todavía casi desconocida llamada cine, entonces todos esos esfuerzos individuales los habría concentrado el gobierno en el común de realizar películas, ahora se tendría una industria a la altura de la mexicana, brasileña o argentina, para citar los tres países fuertes del cine latinoamericano. La oportunidad se perdió y se perdió para siempre.

Ya se informó que María se filmó en Buga (gran honor para esa ciudad del Valle!); Suerte y azar y Tuya es la culpa en  Cali; Bajo el cielo antioqueño, naturalmente en Medellín, y hasta parte de Alma provinciana por las breñas santandereanas cerca de Bucaramanga, para ambientar algunas escenas donde figuraban los tradicionales "bandidos del Páramo". Pero en esta lista faltan dos largometrajes más que comprueban la sana descentralización del cine mudo colombiano. Se trata de dos obras de la más pura cepa caldense: Madre, filmada en Manizales, y Nido de cóndores, en Pereira.

Madre, realizada en 1926 por el mismo autor del cuento, Samuel Velásquez, a juzgar en los fragmentos que reposan en los archivos de la Cinemateca Colombiana, es un drama o melodrama rural, por las escenas campestres y el sentido de los diálogos.

Apuntes de una representación teatral de Maria.


Parece que al estilo de Bajo el cielo antioqueño, los actores también se escogieron entre la sociedad manizalita de la época. Y como sucedió entonces y después con varias películas departamentales, no se sabe si se exhibió en Bogotá o fue de consumo local, Manizales, departamental, Caldas, o si por afinidades limítrofes, pudo verse en Medellín o Cali.

Quizás por los mismos meses que se realizaba Madre en Manizales, en la vecina Pereira, y por no quedarse atrás, se filmaba Nido de cóndores, enhiesto título que parece no respaldaba un argumento sentimental, sino, de acuerdo con Máximo Calvo, su camarógrafo, "esta película más que comercial era de propaganda, porque el argumento era un pretexto para mostrar el origen, adelanto y progreso de Pereira". Parece que fue un largometraje dirigido por otro literato, Alfonso Mejía Robledo, autor del argumento, quien junto con Samuel Velásquez, su vecino, comprueba el predominio absoluto de los escritores en todos los campos del arte y de la política, porque los ponían hasta a dirigir películas.

Es de suponer que en todas partes pase lo mismo, pero en Colombia la cantidad de películas planeadas y nunca filmadas es enorme y de esto pueden dar fe las personas que son parte de nuestro mundillo del cine. Entre los proyectos más pintorescos recuerdo el que me explicó el malogrado y pintoresco actor Jorge Mistral respecto a María, que pensaba realizar y andaba en busca de víctimas llamados productores: el argumento de la novela de Jorge Isaacs seguía poco más o menos las mismas líneas narrativas, pero el final de María debía ser apoteósico, y para lograrlo, Mistral explicaba que la joven moría envuelta en la bandera colombiana rodeada de rayos. Desgraciadamente no encontró el productor que le marchara a esas ideas.

Ya Hernando Domínguez Sánchez, en su entrevista sobre la productora Colombia Films Company, afirmó que entre los planes de la empresa figuraban dos películas más de las filmadas: El alférez real, de Eustaquio Palacios, y la novela Tierra nativa, de Isaías Gamboa, que nunca se filmaron. Y es de figurarse que similares planes tenían los hermanos Acevedo y los Di Domenico. Respecto a estos últimos, Hernando Martínez Pardo cita de la revista de la empresa de los Di Domenico, Películas, un proyecto de realizar "una cinta cinematográfica que reproduzca con la mayor fidelidad posible, en costumbres, vestidos, etc., aquella época interesante de la historia colombiana que vino a culminar en la afortunada acción del 7 de agosto de 1819", proyecto que nunca se realizó.

Extra del cine colombiano en la década de 1920


En El Tiempo del 21 de abril de 1926 se publicó una fotografía que 25 años después, Fray Lejón comentaría así: "El señor Florentino Bernal, marcado en la foto con una cruz, y dueño del café del Capitolio, en donde se instaló el primer shooting (?) en Bogotá, ha fundado una grande empresa fumadora de películas. La primera cinta, que se llamará La divina ley, tiene muy hermosos cuadros: las salinas de Zipaquirá, el Salto de Tequendama, el Chorro de Padilla y varias instituciones piadosas, como la Cruz Roja, el nuevo hospital de San José que quedó tan bonito, los comedores para empleados, fundados por nuestra alta sociedad, etc. En la foto aparece el grupo artístico que ha trabajado en la 'vista cinematográfica' en momentos en que, con elegantes atuendos de viaje, los actores se disponen a tomar el tren de Girardot, donde serán filmadas varias escenas". Y hasta aquí la crónica humorística del cronista. Efectivamente se ve un nutrido grupo de viajeros presididos por un señor gordo, don Florentino, seguramente el productor de la película, de la que nunca se volvió a saber nada.

Por investigación de Carlos Alvarez, en el diario bumangués Vanguardia Liberal del 18 de agosto de 1928 se registra la presencia de otra película que hasta ahora figuraba en el equívoco limbo de los recuerdos: |Caminos de gloria o, para darle su título completo, Uribe Uribe o elfin de las guerras civiles en Colombia, título optimista de una película con guion o tema del autor de Mi gente, Efe Gómez, dirigida por Pedro J Vásquez y producida por David Martínez Collazos. Esta película, posiblemente filmada en Medellín, de acuerdo con algunos testimonios, se exhibió por los 1929 y 30 en Bogotá y otras ciudades colombianas, sobre todo en 1930, en plan oportunista, cuando se exhibe "respaldando" la candidatura liberal de Enrique Olaya Herrera sólo por simples identificaciones políticas. Al respecto, recordar que el general Rafael Uribe Uribe ocupa dos veces, que se sepa, al cine nacional: en El drama del 15 de octubre, de los hermanos Di Domenico, en 1915, y años más tarde este Uribe Uribe o el fin de las guerras civiles en Colombia.

Y un curiosísimo descubrimiento, de acuerdo con la información del amigo Luis Enrique Nieto: Los amores de Kelzf, realizada
en Líbano, Tolima, por Arturo Sanín en 1928 y con los siguientes actores: Luis (?) Valderrama, Dilia Echeverri, Carlota Garay y Carlota Jaramillo. Al tratar de un príncipe (,seguramente oriental?) en su opción entre dos bellas mujeres, al escoger una, la otra se suicida ahogándose en una laguna, parece de pura ascendencia "Rodolfo Valentino" y sus dos éxitos que todavía se exhibían por esos años, El sheik y Elhio del sheik. Entonces, dentro de la saludable descentralización del cine mudo nacional, debe anotarse la contribución tolimense con Los amores de Kelif.

Tambien se menciona otra película (,noticiero largo?), sobre el popular sacerdote Rafael Almanza, muerto en 1927, tema muy a la mano por la fama del personaje, y otras películas que figuran en la sospechosa memoria de algunos amables informadores que, sin quererlo, confunden películas extranjeras con nacionales; simples noticieros con largometrajes y demás equivocaciones, pero a las que debe prestárseles atención porque, al someterlas a la indispensable investigación, de pronto resultan muy agradables sorpresas que de todas maneras amplían el apasionante capítulo del periodo del cine mudo colombiano.

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