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PANORAMA DEL PERIODO MUDO
Temática. Lo mismo que los demás cines mundiales, el colombiano
1920-1928? ve las condiciones del país no en la realidad de sus
contingencias histórico-sociales, sino a través de la literatura.
En este caso la vida campesina de María resultaba más real para los
adaptadores de la novela, que la realidad en las relaciones no tan
apacibles entre propietarios y jornaleros del Valle del Cauca. O
los problemas de la clase media mistificadas por el novelista José
María Vargas Vila en Aura o las vio1etas,"in traducción a un cine
al que únicamente le interesaba el simple romance amoroso. Y sería
más que ingenuo quien creyera que en teatro o cine, la tragedia de
la lepra planteada en Como los muertos fue un aporte serio a la
forma de comprender y tolerar al leproso. De estos temas y de los
demás, sólo servían los lineamientos principales de los argumentos,
respaldados ante todo por un factor definitivo: su popularidad
literaria. Así como en el cine italiano 1910-20 los Quo vadis?,
suceden a Los últimos días de Pompeya y Fabiola, los
correspondientes colombianos fueron María y Aura o las violetas,
que agotaban ediciones más ediciones de acuerdo con estadísticas
sobre la novela colombiana, verdaderos
|best-sellers no sólo
nacionales sino continentales. Otras películas del periodo mudo se
realizaron sobre temas mucho menos promocionados que los
anteriores, pero que también presentaban muy desenfocadas,
distorsionadas, las que pretendían ser realidades dizque aplicables
a la sociedad colombiana de los 1920. Y además, en el desenfoque
ayudaban las presiones "artísticas" de los cines italiano y
francés, patrones de creación cinematográfica "fina" y además
comercial, la parte más importante del asunto de hacer cine
nacional. Sobre este último aspecto, remito al lector al No. 2 de
la revista Cinemateca (órgano de la Cinemateca Distrital), donde se
presentan algunas de las influencias "espirituales" sobre el cine
colombiano en su periodo mudo.
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Decora de Como los muertos
(1925)
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Técnica. La visión de parte del Archivo Acevedo de noticieros no da
derecho a juzgar a fondo lo que fue la fotografía, movimientos,
planificación e iluminación del cine mudo colombiano, pero por lo
menos permite ciertas aproximaciones que indican una fotografía
"enfocada", que nunca buscaba ángulos extraños para transcribir lo
que quería mostrar, obedeciendo al cauto principio de frontalidad
para evitar problemas de iluminación contrastada o algo por el
estilo, tan propio de un cine todavía dependiente de principios
primitivos. Precisamente debido a esos principios, parece que el
plano fijo era obligatorio también por su facilidad de iluminación.
A lo mejor algunos de los camarógrafos de las películas mudas
nacionales insinuarían tímidos movimientos laterales en sus
momentos más audaces. Por algunas de las entrevistas transcritas,
se sabe que en los últimos años del periodo mudo se contó con
equipos de iluminación, porque antes fue el hermano sol (como lo
llamaba San Francisco), el encargado de iluminar las películas con
sus rayos que muchas veces exageraban la intensidad de la luz o,
con más frecuencia, no se dejaba ver en todo el día, sobre todo en
Bogotá, con sus eternas y caprichosas condiciones meteorológicas.
Aunque haciendo de la necesidad virtud, los noticieros de los
hermanos Acevedo, Bajo el cielo antioqueño y Madre, vistas "a
dedo", se vén bien iluminadas por todo el fotograma, sólo por
fotografías de películas del periodo, algunas hasta se atreven a
contrastar luces, seguramente, gracias al buen empleo de los
reflectores de sol.
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Interior de El amor, el deber y el
crimen (1925).
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Construcción. Ante el temor de emplear el término "montaje",
demasiado comprometedor para quien sólo conoce algunos fragmentos
de La tragedia del silencio, Bajo el cielo antioqueño y El amor, el
deber y el crimen. Por ejemplo esta sucesión: portal de una quinta
(exterior), quinta (exterior), un salón (interior), más
habitaciones (interiores), llegan automóviles (exterior), salón,
baile, etc., no forma una secuencia ordenada, porque a lo mejor
sólo son fragmentos cortos de las escenas exteriores e interiores
que describen, y por lo tanto no permiten la menor insinuación de
un ligero concepto de montaje. En los fragmentos vistos de Bajo el
cielo antioqueño a escenas de la película se le mezclan "tomas" de
noticieros, lo que hace muy confuso el conjunto. Es de figurarse,
sólo de figurarse, que un simple orden cronológico en la sucesión
de los diferentes planos sería el método general establecido en el
periodo mudo colombiano, de manera que el encargado del "montaje"
no debía romperse demasiado la cabeza, tratando de darle más ritmo
a determinada secuencia por medio de hábiles cortes, o de lograr la
efectividad de acciones paralelas. Es cierto que algunos de los
entrevistados se refieren más a la misma fotografía de la película
que a la ordenación de sus planos, insistiendo sobre problemas de
revelado y laboratorio, lo que hace dudar si se plantearon los
múltiples problemas de montaje ante la inevitable facilidad del
simple empalme de trozos positivos, listos para la ansiada, y
remunerada, proyección, sin más complicaciones técnicas.
Actuación. Creo que las curiosas, y escasas, fotografías de las
películas del periodo en referencia, sí son referencias para
conocer el estilo de actuación de actores y actrices en sus dos
expresiones principales: por un lado la actuación a lo diva, o
divo, del imperante cine italiano y, por el otro, el impuesto por
el teatro español en su repertorio corriente que influyó de manera
directa en la presentación escénica de las compañías nacionales de
teatro y en las películas. Aquellos gestos desesperados con trémulo
movimiento de brazos y actitudes de condesa algo necesitada, en
paralelo con un compañero que gesticulaba su pasión como si
sintiera un profundo dolor físico, son de la más pura extracción
italiana. Y del teatro español, el amplio catálogo de
gesticulaciones de Matilde Palàu en Como los muertos, con su
recargadísimo maquillaje para destacar las amplias ojeras de la
"mujer que sufre", están a la vista de las fotografías
sobrevivientes de la película. Pero nada de severidades al
respecto, porque cines tan evolucionados como el francés, el sueco,
el danés y hasta el más descomplicado de todos, el norteamericano,
también empleaban los mismos recursos de actuación porque todavía
no eran fijas las reglas de la auténtica representación
cinematográfica, de manera que se recurría al teatro convencional
con sus gestos y muecas, para representar emociones, que luego el
cine reduciría a discretísimas "señales espirituales" en la
expresión de los sentimientos, señales que de ninguna manera ni
siquiera intuían los actores y actrices del cine mudo colombiano,
al ser dirigidas por los "directores artísticos" que en su trabajo
los obsesionaba la presencia de las "divas" italianas y los
"cómicos" o "cómicas" de las compañías de teatro español que se
veían con tanta frecuencia en Colombia por los 1920.
Distribución. Si el lector repasa algunas de las entrevistas ya
leídas en este libro se dará cuenta de que se está todavía en la
época heroica de la distribución. "La película la distribuimos
nosotros por medio de agentes que mandábamos a los departamentos de
Colombia y a los países de habla española en el exterior" (Máximo
Calvo). A la pregunta de la suspensión de actividades de la
Colombia Films de Cali, don Hernando Domínguez responde: "Por
simples razones de explotación. Es cierto que las películas
rentaron en Cali y otras ciudades del Valle y Cauca, pero en el
resto de Colombia y, por mala distribución, los resultados fueron
muy regulares". Y luego da estos datos muy interesantes: "Tardes
vallecaucanas (documental) marcó el fin de las actividades de la
empresa por dos razones principales: para la distribución nacional
e internacional en los países limítrofes, se comisionaba a un
representante que se encargaba del lanzamiento publicitario y hasta
de la proyección en las diferentes ciudades, representante que por
lo general entendía muy poco del oficio y del negocio del cine,
ignorancia que, como era natural, causaba pérdidas a la empresa. Y
la segunda razón fue que por esos años comenzaba el predominio
absoluto del cine extranjero con su excelente técnica y argumentos
muy interesantes, competencia que naturalmente no podía sostener el
cine colombiano". Lo que quiere decir que bien entrados los 1920
todavía se practicaba en Colombia el antiguo oficio del explotador
itinerante empleado en los años posteriores a la invención del
cine, cuando no se conocen aún las grandes ventajas de una
distribución central que envía las películas a las diferentes
ciudades para ser explotadas y luego devueltas a la distribuidora
central. El asunto es pintoresco y hasta merece su historia
correspondiente para ser filmada: la del explotador itinerante
cargado con su proyector portátil, un paquete de películas de
exhibición y hasta, según cuentan, con un dinamo también portátil
para darle energía al proyector en los pueblos donde faltaba la
luz. Claro que de su habilidad publicitaria dependía el éxito de
las esporádicas exhibiciones en los pueblos que sin ninguna
recreación, los verían aparecer como enviados especiales de la
ciudad, con su milagrosa manera de hacer aparecer sobre un telón, o
sobre una pared, fotografías en movimiento.
La segunda razón expuesta por don Hernando Domínguez parece
definitiva, porque ante un dinámico Tom Mix nada tenía que hacer el
desfalleciente novio de Aura la de las violetas; y ante el encanto
de Mary Pickford, nada tenía que decir la superojerosa Mara Meba de
Suerte y azar. Y el problema para los proyeccionistas itinerantes
que a Mary Pickford y Tom Mix oponían a Mara Meba y el anémico
novio de Aura, era más que grande, llevando las de perder. Hay
negocios redondos, como en el caso de María, y un poco menos, Bajo
el cielo antioqueño, pero estos casos son muy raros a todo lo largo
de la historia del cine colombiano, que desde sus primeras
apariciones se resiente de una explotación muy deficiente y, sobre
todo, sin el interés de colocar un artículo difícil que de pronto
puede resultar comercial, gracias a una buena y objetiva publicidad
que, sin decir mentiras sobre el artículo, trate de volverlo
necesario para el posible espectador, lo que no sucedía, de acuerdo
con los testimonios transcritos.
Identificaciones. Aquí no se trata de repasar algunos
acontecimientos nacionales correspondientes al periodo mudo del
cine colombiano, porque están a la mano de cualquier manual de
historia nacional, pero a algunos lectores debe sorprenderlos la
falta de "reflejos condicionados" en cine producido en un país con
referencias sociales importantes en hechos tan negativos, por
ejemplo, como la masacre de las bananeras en 1928 y otros
acontecimientos. Al respecto, sólo una sonrisa es de figurarse que
cause al lector la afirmación de Pedro Moreno Garzón de que el tema
para la película El amor, el deber y el crimen fue "seleccionado
por sus contrastes dramáticos de fuerte tendencia socialista...",
porque es de figurarse lo que entendían por "socialismo" nuestros
candidatos cinematografistas de los 1920. Pero si se acepta que
contingencias sociales no llegaban a los largometrajes de ficción
dirigidos directamente a la sola entretención y beneficio, en
cambio sorprende que la totalidad de las "notas" de los noticieros
de los hermanos Acevedo estén dedicadas a actos sociales (nunca
"socia1istas") donde alterna las reinas de los carnavales bogotanos
con diferentes vistas de esos carnavales; presidentes de la
república en funciones oficiales con entierros de personajes
políticos. Y en la crónica desinformación ya tradicional de los
medios de comunicación colombianos, coincide el carnaval de 1928
con su cortejo de reinas y comparsas, mas presidentes y demás fauna
oficial, que nada significaban en el transcurrir histórico del
país, precisamente con la matanza de las bananeras, que sí es un
hecho muy importante y que es de supo ner ni siquiera les pasó por
la imaginación de los beneméritos hermanos Acevedo que tal hecho
pudiera ser filmable. Acusarlos de insensibilidad social es muy
facil, pero ante esta sistemática negativa de la realidad nacional
en sus noticieros y los de otros realizadores, cabe preguntar si
hace 50 o más años se estaba gestando lentamente esa "sensibilidad
social" que no aparece por ninguna parte de nuestro cine mudo
conocido.
Intenciones. Quizás si alguna vez se tiene la oportunidad de ver
algunas de las películas mudas nacionales, entonces será posible
apreciar algunos detalles que permitan medir hasta dónde podrían
considerárseles verdaderos productos nacionales, que por lo menos
reflejaran algo del sentir y vivir colombianos de esas épocas. Tal
conocimiento rectificaría la idea del completo conformismo de
nuestro cine mudo, dedicado a llenar una mínima "cuota de pantalla"
en el mercado de cine del país sin mayores intenciones estéticas y
mucho menos sociales, ya que la intención principal, además de
lograr un buen negocio, casi nunca logrado, era la de identificarse
con el cine italiano o francés de más demanda, actitud mendicante y
desnacionalizada, pero comprensible en las crudas razones de
inversión y ganancias.
Entonces, imposible exigir a un cine en tal situación de
dependencia que se ocupara en problemas serios y no en los posibles
melodramas comerciales realizados a la manera de la película
italiana X o de la francesa A. Jugar al juego de las posibilidades,
el que por qué eso no fue así o asá, puede ser muy entretenido,
pero lo poco que se conoce del cine colombiano mudo no da derecho a
planteamientos ajenos a la necesidad prosaica de lograr un cine que
gustara al mayor número de personas y no a minorías radicales que
le exigieran posiciones que de ninguna manera podía adoptar.
Estética. Eso de "estética" (entre comillas), aplicada al
modesto cine mudo, suena a cierta ingenua pedantería, con el
agravante de que todavía la específica estética cinematográfica
está por inventarse, de acuerdo con algunas opiniones. Pero sin
rozar siquiera tan peligrosas teorías, por ahora concretarse a los
"planos congelados" que representan las fotografías de las viejas
películas colombianas en su composición, o sea, en la mutua
dependencia de las personas y objetos que aparecen en esos
"planos-fotografías". La ambientación rural de María y Madre,
presionan a considerar el paisaje de motivo principal en algunas
escenas, dominio identificante con un público que, aunque no
gustara de la película, por lo menos admiraba sus bellos paisajes.
Y al respecto, reclamar para las puestas de sol toda una categoría
"estética" porque no sólo figuraban en los largometrajes mudos;
también en los noticieros de los hermanos Acevedo que las usaban
para despertar los instintos "estéticos" del público que aplaudía
frenéticamente cualquier puesta de sol. Las ambientaciones
interiores obedecían a fórmulas teatrales, "bastidor a la derecha
con jardín al fondo", y al respecto, recordar la gran importación
de telones italianos para las películas que produjo Colombia Films
de Cali, decoración pintada que se integraba perfectamente con el
maquillaje de diva italiana de Mara Meba. También llama la atención
la discreta presencia de mínimos muebles en los interiores de La
tragedia del silencio y Aura o las violetas, para darle toda la
atención visual a la acción de los personajes, lo más importante en
la composición del plano. Sin embargo, otros interiores, Como los
muertos, casi que son simples Música. Esto suena hasta peor que el
corto espacio "Estética", por la sencilla razón de referirse al
cine mudo. Sin embargo, Pedro Moreno Garzón ya informó algo al
respecto de la música que servía de fondo a la proyección de las
películas del salón Olympia, anécdotas que dan derecho a cierta
clasificación, respaldada por recuerdos infantiles, que dividía la
música en dos tendencias: la que con cierta libertad podía
considerarse "sincrónica", porque por su ritmo trataba de
transcribir musicalmente lo que estaba sucediendo en la pantalla,
tendencia que llega al realismo sonoro de producir algunos ruidos
para reforzar la ilusión "sonora" de la imagen. La otra tendencia
es la "libre", o sea la independiente de la imagen cuando la
orquesta, o el modesto pianista, interpretaban música de moda, sin
importarles que la película en proyección fuera un drama, una
comedia o de plena acción, pero es de suponer que sin excepción,
como todas las películas nacionales mudas fueron terribles
dramones, sólo por cierta afinidad patriótica se tocaba música
colombiana de los compositores populares y, en algunas ocasiones,
hasta de compositores al nivel de Guillermo Uribe Holguín. Además,
en algunas había bailes nacionales o de salón, lo que es de suponer
que fueron "sincronizados" con su música más o menos
correspondiente, y no sería demasiado raro que algún compositor
hubiera trabajado en danza, bambuco o pasillo, especialmente para
determinada película del periodo mudo colombiano.
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