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NOTICIEROS
Hasta que no se demuestre lo contrario, el cine colombiano desde
los últimos años de los 1930 hasta los últimos de los l940 está
dominado exclusivamente por lo noticieros, dominio explicable
porque este género de información cinematográfica por su mismo
interés, excluía por esos años, la urgencia del sonido, y entonces,
con una simple música grabada que sirviera de fondo a a noticia
visual se contentaba al público aún maravillado de ver en cine
acontecimientos diario que 'en vivo" se habían visto n días
anteriores, a veces, hasta en el mismo día. Por ejemplo, el mismo
día de la posesión presidencial de Enrique Olaya Herrera, 7 de
agosto de 1930, el teatro Caldas de Bogotá anunciaba
|El triunfo
de Olaya Herrera, oportunísima recopilación de noticieros
centrados sobre la figura de ese político liberal.
Cinesco, órgano del teatro Real, fue un simpático boletín que
editó ese salón de cine en 1932. En su No. 6, 17 de junio de 1932,
en la última página y debajo del anuncio de los matinales al
estimulante precio de 13 centavos, anuncia al Noticiero Cineco con
esta advertencia: "No olvide que cada semana estrenaremos un
NOTICIERO NACIONAL. El de esta semana contendrá entre otros asuntos
de interés: Matrimonio de doña Emilia Nieto Ramos (fiesta en el
castillo Marroquín). Festival en el Asilo de San Antonio. Partida
Foot-Ball Panamá-Internacionales etc. Exhibido solamente hasta el
domingo. ¡El lunes sale de Bogotá!".
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Escena de carnaval en noticiero de
los hermanos Acevedo (1925).
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Como casi siempre pasa con esta clase de publicaciones
particulares, Cinesco sólo alcanzó a los 10 números, el último data
del 15 de julio de 1932 y, lo mismo que los otros citados, en su
última página anuncia: "Don Pendes Carnaval Neira y Godoy. Vea
usted el aterrizaje de don Pendes, en el Noticiero Cineco número 6
que estrena hoy el Real. Bellísimas vistas, en el mismo noticiero,
del escrutinio para la elección de S.M. Margot 1 y de las
actividades de los estudiantes para la elección de su reina y para
la preparación de los Carnavales de 1932"
Sin mayor investigación, es posible que de este tipo de
referencias se encuentren muchas en periódicos y publicaciones de
la época, porque siendo el noticiero la línea de menor resistencia
en cine, su periódica o irregular aparición es casi normal cuando
de las pantallas han desaparecido casi por completo los cortos y
largometrajes. Del auge de los noticieros entre los 1930 y 1950, da
cuenta Hernando Martínez, que informa sobre los siguientes: el
Noticiero Nacional, iniciado hacia 1924 por los hermanos Acevedo y
que llegó hasta 1948; el Noticiero Especial, que exhibe el teatro
Faenza a fines de 1944; el Noticiero Colombia de Camilo Correa
editado en Medellín entre 1947 y 48; el curiosísimo Noticiero del
Alhambra, esfuerzo casero, por ahora de autor anónimo y seguramente
otros noticieros hundidos en el olvido, todos secundarios ante el
Noticiero Nacional de los 'hermanos Acevedo que por tantos años
informaron al público lo que sucedía en Bogotá y, algunas veces, en
el resto del país, centrado en los hechos de la "buena sociedad" y,
sobre todo, los políticos.
Quien conoce solo parte del valioso Archivo Acevedo, hoy en
poder de la Esso Colombiana, que lo salvó de la destrucción, se
confunde entre tanto plano suelto que alterna inauguraciones
anónimas por los 1920 y pico a juzgar por las modas, con monseñor
González Arbeláez dirigiéndose a los fieles y que parecen pruebas
de sonido a fines de los 1930; un desfile en honor de Cristo Rey en
1929, con maniobras de los bomberos, que sólo un contemporáneo y
gran conocedor de gentes y hechos podría informar y clasificar
debidamente. Por ejemplo, las "secuencias" de diferentes carnavales
bogotanos se mezclan con la elección de Miss Colombia 1932, pero de
esta confusión, y a pesar de no figurar algo realmente importante,
se desprende un encanto especial que no sólo depende de los 40 ó 50
años de filmado, sino del mismo candor en la composición de los
planos; la presencia de tanta persona, de la multitud en los planos
de "conjunto", vuelven importantes todos estos materiales para el
historiador, para el sociólogo, para el psicólogo, que quiera
conocer por lo menos cómo se divertía el bogotano en los 1920 y 30,
más los "placeres públicos" que les daban la posesión de
presidentes o la recepción a políticos, verdaderas fiestas
folclóricas.
Otro capítulo muy importante de la recreación son los deportes y
los toros. Del deporte figuran tomas fragmentarias de los
diferentes Juegos Olímpicos: Barranquilla (1935), Manizales (1937),
fútbol, básquet masculino y femenino y demás deportes a los que
faltaría ubicarlos y personalizarlos para mayor interés de este
tipo de material que se complementa con corridas de toros tan del
gusto bogotano. En este capítulo figuran el pintoresco Silveti, un
mexicanote que se paseaba por las calles bogotanas vestido de
charro: el maestro Domingo Ortega en sus bellísimas faenas, algunas
perdidas porque seguramente la candidez del camarógrafo queriendo
filmar en
|ralenti para que se pudiera apreciar mejor, pues
le daba muy despacio a la manivela de su cámara, obteniendo el
efecto contrario: un cómico "acelerado" que no permite ninguna
atención en determinada faena. En el capítulo de los toros el plato
fuerte son las notas reunidas sobre la célebre Conchita Cintrón,
que enloqueció a los aficionados colombianos a principios de 1944,
y que forman un cortometraje donde se ve a la rejoneadora no sólo
en la plaza de Santamaría; también en el hipódromo, en una hacienda
sabanera, siempre sonriente y bastante bonita, cortometraje al que
los hermanos Acevedo dieron el honor de terminarlo nada menos que
con un ocaso, o sea, la apoteosis, porque su efecto "estético"
sobre el público era fulminante; siempre los aplaudía.
Pero eso de carnavales, reinados de belleza, deportes, toros y
demás recreaciones, sólo ocupan un 30 por ciento del material
revelado y reducido a 16 milímetros, porque el resto lo ocupa la
principal entretención de los colombianos desde hace siglos: la
política. En la política es donde los hermanos Acevedo ponen todas
sus complacencias, porque es de ver el cuidado con que filman al
político de moda, generalmente un presidente de la república,
caminando, sentado, en diferentes sitios, recibiendo delegaciones,
y aunque no se oyera porque los noticieros no eran parlantes,
perorando a todas horas y las gentes oyéndolos con la mayor
atención, "vistas" que no dejan de tener un fuerte contenido
cómico. Por ejemplo, la toma de posesión de Enrique Olaya Herrera
vista en el conjunto de planos que forman un cortometraje de unos
veinte minutos, tiene algo de epopeya casera en la forma como
alterna el personaje principal con su corte de políticos, todos
risueños, todos satisfechos, en medio de pasivas multitudes que, en
realidad, parece que no saben para qué están ahí. Y en muestra,
sólo una pequeña parte en sus diferentes "piezas" de este noticiero
largo: "Presidente Olaya con Gonzalo Acevedo (quien lo filmaba)
'Paper-Chase'. Grupos de 'personajes'. Tedéum en la catedral con el
antiguo presidente Miguel Abadía Méndez. Presidente Olaya firma. La
ciudad de Bogotá desde avión. Salida del presidente Olaya después
de su posesión. Avión en el aire. Avión volando tomado desde otro
avión. Tropa y gente en la plaza de Bolívar. Diversos grupos de
invitados a la posesión", y etc., se observará que en esa
intromisión de los aviones en medio de la glorificación del
personaje, en su descanso visual, casi que provoca elogiarlos desde
el punto de vista de montaje.
Otro noticiero largo y con nombre propio es "Entrevista del
presidente Olaya Herrera con el presidente Roosevelt", que muestra
al presidente colombiano bajando y subiendo de un avión, en varias
partes de Cartagena, presidiendo desfiles militares y otros actos
alegóricos, pero por ninguna parte aparece el presidente Roosevelt,
seguramente porque los feroces guardaespaldas gringos no dejaron ni
siquiera arrimarse de lejos al simpático Gonzalo Acevedo,
frustrando sus esperanzas de filmar al mandatario norteamericano
que, con su colega colombiano, en cambio aparecieron profusamente
en periódicos y revistas ilustradas de la época.
Este noticiero empata con otra loa, ahora dedicada a Alfonso
López en plan de candidato 1934-38, del que se recuerda su saludo
desde un balcón del hotel Granada, e ¡insólito!, un contracampo
tomado desde el mismo salón hacia la carrera 7a con su abigarrado
desfile de jinetes a caballo, delegaciones de barrios y demás
utilería empleada por los organizadores de tales festejos. Poco más
o menos en el mismo tono se desarrolla el supernoticiero
''Transformación en la presidencia de Alfonso López '' , título que
seguramente se refiere a la frase ''transformación en marcha" que
popularizó el presidente López. De nuevo, las consabidas
manifestaciones que, a través del tiempo, parecen las mismas y
hasta con las mismas personas; el hotel Granada, la plaza de
Bolívar, desfiles y más desfiles, personajones políticos y la
utilería de ocasión, panorama que para el lector quizás sería
aburrido, pero que haría las delicias de los actuales "polítólogos"
(así los llaman), al observar que, por lo menos en la simple
apariencia de los actos políticos nada ha cambiado en 50 años a
nivel presidencial y su cortejo, aunque ya es imposible organizar
manifestaciones tan concurridas y pasivas.
Aunque el asunto suene a "agencia mortuoria", el mismo Gonzalo
Acevedo, principal animador del noticiero, contaba que en realidad
esta empresa había comenzado el 29 de febrero de 1924 con los
funerales del general Benjamín Herrera, porque las pocas notas
filmadas desde 1922 hasta esa fecha no las tenía muy en cuenta.
Años después, por su duración y cuidado en el montaje, Funerales
del presidente Olaya Herrera debe considerarse como lo más
significativo que en el género de noticieros se ha realizado en
Colombia. Y después de casi 25 años de labores más o menos
regulares, el noticiero de los Acevedo termina con los funerales de
Jorge Eliécer Gaitán. Claro que con sólo un poquito de conciencia
nacional los funerales de tres personalidades claves de la política
liberal se hubieran prestado a un tratamiento de simple objetividad
crítica, posición que, naturalmente, nunca tuvieron los simpáticos
hermanos Acevedo, que se contentaron sólo con sus fúnebres
tendencias.
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Cinesco, semanario publicado por el
Teatro Real.
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Funerales del presidente Olaya Herrera hace un recuento de
algunos acontecimientos políticos y particulares del presidente
Olaya durante su administración hasta el 7 de agosto de 1934 cuando
lo sucede Alfonso López, todo esto con los consabidos discursos
(mudos, afortunadamente), manifestaciones, balcones con sus
correspondientes caudillos e insertos de aviones haciendo
espectaculares looping y demás atractivos. Pero el asunto se pone
serio cuando se entra en materia: "Funerales" de los que se
transcribe la 'secuencia" completan: Llegada del barco que trae el
féretro. Mismo barco visto desde un avión. Toma aérea del puerto de
Buenaventura. Barco atraca en el muelle. Grupo de personas. Varios
marinos suben al barco. Marinos rodean el féretro. Féretro es
levantado con grúa, que lo coloca en el tren especial. Interior del
tren. Coche especial del tren donde colocan el féretro. Grupo de
personas con familiares del presidente Olaya. El tren parte y la
gente corre detrás (excelente plano). Llega el tren a Cali. Aviones
vuelan. Ceremonia religiosa. El féretro es trasladado a una cureña.
Desfile detrás de la cureña. Gente corre tras el desfile. Tren
mortuorio y gente corriendo a la partida. Interior coche fúnebre
lleno de flores. Camión con muchas flores que transporta el
féretro. Vista de la carretera Armenia-Ibagué. Llegada a Ibagué.
Desfile con féretro en hombros. Coche fúnebre lleno de flores.
Salee1 tren. Gente corre tras el tren. Tren en marcha. Hijas del
presidente Olaya. Estación de la Sabana. Llegada del tren fúnebre.
Luis Cano. Féretro colocado sobre cureña. Se inicia el desfile.
Continúa por la Avenida Colón. Llega a la Plaza de Bolívar. Grupo
de militares. Grupo de civiles. Con el féretro en hombros, se
penetra en el Capitolio. Grupo con el presidente López. Féretro en
capilla ardiente en un salón del Capitolio. Hijas del presidente
Olaya. Féretro entra a la catedral. Multitud de coronas en la plaza
de Bolívar. Féretro sale de la catedral. Se inicia el desfile
fúnebre. Aviones volando. Desfilan militares. Desfilan civiles.
Desfile pasa por el parque de la Independencia. Llegada al
cementerio central. Alfonso López. Entierro. Luis Eduardo Nieto
Caballero echa tierra sobre el féretro. Otras personas hacen lo
mismo. Gente con coronas. Fin. Ante la secuencia transcrita, y no
obstante sus inevitables repeticiones, imposible negar su excelente
sentido informativo, buen periodismo en imágenes.
Otro momento estelar del noticiero colombiano es Guerra con el
Perú, dividido en dos partes, con proyección que dura cerca de una
hora, y tan repleto de un cándido fervor patriótico que a veces,
llega hasta conmover como si se tratara de una apasionada pintura
primitiva que, en sus significados, haría las delicias de cualquier
historiador desmitificante, de los que ahora están apareciendo. La
guerra con el Perú, 1932- comienzos de 1933, llena de equívocos por
parte y parte, indudablemente es una de las grandes experiencias
nacionales de los 1930, como el 9 de abril de 1948, que corresponde
a la década de los 1940, ambas experiencias cubiertas por el cine
de los hermanos Acevedo entre otros.
Además de las ''vistas obligatorias'' del desplazamiento de
soldados por diferentes medios de transporte y que en su frecuencia
sirve para darle unidad al noticiero, resulta muy gráfico un dibujo
animado donde se muestra la enorme distancia que debían recorrer
los barcos para llegar a Leticia. Se hace énfasis en el decisivo
factor de la aviación durante el conflicto con bastantes planos de
aviones y aviadores y uno que otro jefe militar, siempre sonrientes
por los nervios que le producía la cámara, más que la guerra. La
selva observada desde diferentes puntos de vista forma el gran
telón de fondo de la movilización de hombres y animales, sin
olvidar la nota lírica: anochecer en la selva. Pero no todo debe
ser referencias sobre el conflicto y, para animarlo, la linda
Margot Manotas, reina de los estudiantes de Bogotá en los
carnavales de 1932, afectuosa compensación por no haber sido
elegida reina de la belleza colombiana en el concurso de ese mismo
año, se pone un casco de aviador para dar la ilusión que también va
a la guerra y así estimular el patriotismo colombiano. Y en la
selva, imposible rehuir algunos planos de indios e indias que
pacientemente se dejan fotografiar, algunos tejiendo sus telas a
mano, o en sus chozas, sin mostrarse entusiasmados por la gente que
los rodea. Resultan simpáticos los planos dedicados a la vida
diaria de los soldados que juegan, reciben y escriben cartas, los
rapan y atienden la instrucción militar diaria.
La parte fuerte de Guerra con el Perú es el "Combate de Guepi",
donde en medio de los planos de recursos ya conocidos, soldados,
aviones, oficiales, barcos, etc., se ven emocionantes escaramuzas
de combate en la selva con sus correspondientes "muertos" y
"heridos", plena acción filmada en el solar de una quinta de
Chapinero, según contaba Gonzalo Acevedo, buen camarógrafo pero
mediocre estratego, porque al dirigir el avance de sus tropas los
soldados de atrás, y por la dirección de sus fusiles,
inevitablemente masacraban a sus compañeros que iban adelante.
Estas libertades de puesta en escena no implican ningún irrespeto
sobre el tema, que se contempla con la ternura con que se ven las
"reconstrucciones" del maestro primitivo Georges Méliés.
Y todo este panorama filmado de 25 años de vida nacional termina
así: Multitud (la eterna multitud) en la plaza de Toros. Jorge
Eliécer Gaitán. Manifestación (la eterna manifestación) en la plaza
de Bolívar. Gaitán habla desde un balcón de la alcaldía. Inmensa
manifestación gaitanista. Diversos seguidores de Gaitán. Más
discursos. Gente en árboles. Entierro de Jorge Eliécer Gaitán.
Viuda e hija de Gaitán. Discurso de. Carlos Lleras Restrepo. Darío
Echandía. Más discursos. Continúa el desfile. Continúa el
desfile...
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