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INDICE
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APARIENCIAS
Hernando Martínez Pardo, en su Historia del cine colombiano,
señala siete empresas de cine registradas, sin contar las múltiples
que no llegaron a la reseña notarial, porque terminaron al agotarse
el entusiasmo repentino de los posibles socios, empresas que
funcionaron y algunas hasta produjeron largo y cortometrajes a lo
largo de los 1940-1950. Tal actividad por lo menos empresarial, da
derecho a contemplar con optimismo la labor cinematográfica
nacional durante este periodo que provoca definirlo de "parlante",
o mejor, de "domesticación del parlante", título más que atrasado,
ya que por esos años los problemas técnicos del parlante estaban
más que superados a nivel internacional pero, a juzgar por las
películas colombianas sobrevivientes del periodo señalado, el cine
parlante presentaba rudezas imposibles de tolerar en el cine
norteamericano y europeo.
Pero, y de acuerdo con ciertos analistas políticos, la llamada
"república liberal" de los 1930 y 40 equivale en colombiano al
famoso New Deal impuesto por el presidente Roosevelt para
reaccionar y controlar la depresión económica de los 1930. Y dentro
de este New Deal a lo colombiano, también figuró el cine entre
otros estímulos desarrollistas, llegando hasta la célebre Ley 9a de
1942, "por la cual se fomenta la Industria Cinematográfica". La Ley
9a consta de 8 artículos y un parágrafo y está redactada en el más
serio estilo oficial posible, recalcando la composición
nacionalista de cada futura empresa cinematográfica que se fundara;
el inventario de sus equipos técnicos para medir su importancia; un
lindo artículo (el 4o.) sobre exención de derechos de aduana a las
sustancias químicas y, ¡maravilla! , a las películas vírgenes,
siempre que la producción de la empresa incluya ''una cantidad
mínima (?) de metros de película que contengan noticieros
educativos, científicos, industriales y turísticos de propaganda
nacional'' . (Qué mal debió sonarles a algunos posibles
realizadores esta ''mínima'' condición de que los noticieros
deberían ser de ''propaganda nacional''). También se refieren a la
exención de impuestos nacionales en los salones de cine donde se
exhiban películas colombianas y que estas deben ser producidas sólo
en 35 milímetros, prometiendo la reglamentación de la Ley 9a lo
que nunca se cumplió hasta muchos, muchísimos años después. Pero
por ninguna parte aparece la inevitable ''cuota de pantalla'' , la
fórmula salvadora de ''tantas películas colombianas por tantas
extranjeras'' ni una ayuda económica directa al cine nacional,
bases inevitables para la creación de cualquier industria . Pero es
que , de acuerdo con la experiencia en esto de las leyes de
desarrollo, los legisladores son hasta buenos planteando la
necesidad de determinada industria, pero nulos en la forma de
organizarla, y ni hablar cuando se trata de ayudarla de verdad, y
entonces todo queda en el limbo de los buenos propósitos, de los
buenos sentimientos . Treinta y tres años antes y sin necesidad de
leyes, tantos artículos ni reglamentaciones, el general Rafael
Reyes habría importado un camarógrafo francés para su uso personal
y de lo que se ofreciera, lo que fue más práctico que la redacción,
sin cumplimiento, de la Ley 9a de 1942.
La coincidencia no da derecho a sentirse agorero, pero si el
lector se toma la molestia de contar el número de largometrajes
mudos colombianos, observará que son diez los debidamente
registrados; y si repite la operación a costa del llamado tan
arbitrariamente "periodo parlante", que se inicia con Flores del
Valle y termina, a escoger, con cualquiera de los filmados en 1945,
también sólo llegará a diez largometrajes y nada más, porque el
periodo y la vigencia de las empresas fundadas y en funcionamiento,
sólo tuvieron fuerzas para sobrevivir por cinco años, lo que da un
promedio de dos películas anuales, lo que no está mal para cimentar
una pequeña industria de cine nacional que, de seguir a ese ritmo,
pues ya habíamos tenido cine en Colombia por muchos años. De nuevo
se oyen, se escriben, las mismas frases que se habían oído y
escrito en los 1920: "Por fin tenemos cine!". "Se está filmando la
película X, que según parece, superará la película extranjera A,
que tanto gustó a nuestro público". ''Hemos asistido con fervor
patriótico a la exhibición privada de la película nacional B y
debemos declarar que la actuación de los actores es muy buena lo
mismo que el trabajo de cámara". ''Aunque su tema no fuera tan
interesante, las lindas canciones que se oyen en la película C,
valen ampliamente la asistencia del público al teatro X donde la
están exhibiendo'' . ''La belleza única de nuestros paisajes nunca
se ha visto aprovechada de manera tan efectiva como en la película
X'' . Colección de frases de cajón sobre el cine colombiano, que
transcribo con la esperanza de que todavía sean aprovechables.
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El sereno de Bogotá (1945),
dirigida por Gabriel Martinez.
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De las diez películas "parlantes" registradas, sólo una es
dirigida por un colombiano, Sendero de luz, de Emilio Correa
Alvarez, debidamente respaldado por Hans Bruckner, técnico
austriaco. De manera que el aporte extranjero fue definitivo, lo
que implica su ''colonización'' , término que está pasando
rápidamente de moda, digan lo que quieran los radicales. Sólo por
comparación se consigna que de las diez de nuestro amado periodo
mudo, el asunto es más nacional porque la mitad, 5, fueron
realizadas enteramente por colombianos. Pero los "parlantes" les
llevaban muchos años de ventajas técnicas, sonido y demás
atractivos, actores curtidos en escenarios populares y en la radio,
ventajas que mueven a un obligatorio rigor, imposible con los casi
"primitivos" del periodo mudo que, por lo menos, tenían a su favor
la inocencia de los iniciadores, el candor de los pioneros. En
cambio los que realizan películas entre los 1940 y 45 , se supone
que por lo menos conocen principios elementales de cine que les
permitan realizar películas no excelentes pero, por lo menos, a
buen nivel profesional. Con pocas excepciones, quizás Hans
Bruckner, Charles Rioux y uno o dos más, los otros son los clásicos
"paracaidistas" que han asolado a nuestro cine tradicionalmente.
Que fueran malos técnicos de cine no importaba, porque en sus
respectivos países habían hecho de todo menos cine, que a lo mejor
no lo conocían ni siquiera en los salones de exhibición.
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El sereno de Bogotá (1945).
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