ECONOMIA
Sin necesidad de meterle mucha teoría económica al asunto,
resulta claro que el cine colombiano en sus periodos mudo y
parlante, 1920-1950 aproximadamente, se sostiene a base de
iniciativas particulares. Importación de un camarógrafo francés por
el general Reyes (1909), el corto y relativo funcionamiento del
departamento de cine de la sección de Cultura Popular del
ministerio de Educación Nacional (1938-40) y la famosa Ley 9a de
1942, .tres hechos aislados de participación oficial con el cine,
no justifican un planteamiento por el estilo de ''participación de
los gobiernos XX, en el desarrollo del cine nacional de los dos
periodos estudiados".
En cambio , la iniciativa particular respaldada por inversiones
directas al cine nacional, tiene dos características: inversiones
que podrían llamarse espontáneas, nacidas de una "necesidad
interior de hacer cine'' , aunque el escaso patrimonio familiar o
personal se lo llevara el diablo, y las de capitalistas que sólo
incluyeron la importancia industrial del cine pero que, por su
falta de conocimientos técnicos y administrativos, fracasaron, para
desgracia del cine nacional, que siempre ha necesitado del
suficiente capital que lo respalde.
Ya es cuento común el del modesto director-productor que consume
gran parte de su patrimonio en hacer una película que casi siempre
le da pérdidas, dejándolo en una situación próxima a la indigencia.
De tales personajes está llena la historia del cine colombiano, y
aunque sus películas sean malas, es el personaje que las costea y
realiza el '' bueno '' , el interesante del cuento, personaje que
más tarde o más temprano debe ser base de un largometraje nacional
que cuente sus ideales y sus fracasos. Todavía, después de 50 ó 60
años, es posible tropezarse con hermanos, viudas, hijos o hijas de
viejos directores-productores del cine colombiano que echan el
cuento de que su marido o padre o hermano o cualquier pariente ''se
arruinó haciendo una película", y el asunto no tiene nada de
pintoresco ni de tema para película cómica ; es un doloroso drama
personal respaldado por un idealismo admirable que inicialmente
vence todos los obstáculos para luego rendirse ante la pérdida
económica y sus secuelas, las dificultades de exhibición, la
indiferencia de un público por su propio cine y la incomprensión de
los comentaristas de prensa.
Sobre patrimonios tan débiles, casi de objetos personales y, si
mucho, una casita hipotecada en un barrio de clase media, de
ninguna manera podía cimentarse la industria del cine colombiano.
El entusiasmo siempre ha sido muy respetable, como el idealismo.
Desgraciadamente ni idealismo ni entusiasmo son capitalizables para
formar una base industrial, y esto, a veces poniendo todo el
corazón, fue el único aporte de una serie de realizadores y
directores que, con su tesón y a pesar de sus escasos conocimientos
técnicos, habrían sacado adelante el cine colombiano, sobre todo en
las épocas de mayor oportunidad para un desarrollo de producción,
aprovechando las circunstancias casi iguales que al principio se le
presentan al cine mexicano. Pero este, a diferencia del colombiano,
sí tiene fuerte ayuda particular y oficial, y sus pioneros pronto
pasan de la etapa artesanal a la industrial.
Las inversiones que pueden definirse ''capitalistas '' por estar
respaldadas por personas muy diferentes de las definidas antes, son
muy claras en los 30 años de inversionistas. La empresa de los Di
Domenico, la antioqueña que produce Bajo el cielo antioqueño, la
Colombia Films de Cali por el lado mudo, y Ducrane Film y
seguramente Cófilma de Medellín, pueden ser los ejemplos de la
transitoria participación del capital colombiano en su propio cine,
capital que, bien manejado en administración e inversión, habría
formado la industria definitiva del cine nacional.
Desgraciadamente el cine de los 20, 30 y 40 tenía que luchar
contra inversiones mucho más seguras y rentables como las
industriales sobreprotegidas a partir de los 1930 por todos los
gobiernos inequívocamente desarrollistas. Y siendo el cine una
inversión de pocas garantías -porque las películas pueden o no
gustár, pueden o no ganar- y, lo peor, negocio de lenta
amortización para los ávidos capitalistas que la inversión de hoy
quieren recuperarla mañana y con muy buenos intereses , entonces ,
como dice don Oswaldo Duperly, y con mucha razón desde su punto de
vista personal: "Tenía que buscar otros horizontes", especie de
epitafio del cine colombiano de los 1940.