SÍNTESIS DEL PERIODO PARLANTE
Ya se explicó que se toman libertades respecto a la aplicación
''parlante" aplicado al periodo 1937-50, porque sólo se refiere a
la difícil integración del sonido al cine colombiano, que, de
acuerdo con comentarios casi generales, era bastante regular, y
confirmados por el de El sereno de Bogota y Sendero de luz, las dos
únicas películas sobrevivientes del periodo en tanto no se
descubren otras.
Juzgar diez largometrajes sólo en función de dos establece la
misma contradicción ya expuesta sobre los pocos elementos de juicio
basados en algunos fragmentos y fotografías del periodo mudo
nacional. Pero resulta imposible prescindir de plano sobre los
comentarios en favor y en contra que se publicaban en periódicos,
muchos transcritos por Hernando Martínez Pardo en su Historia del
cine colombiano y con mucha razón por ser por lo menos esos
elementos de juicio que indican cierta opinión promedio de cómo fue
recibida determinada película, sin importar que los comentarios
sean superficiales y hasta contradictorios.
Es cierto que ni Sendero de luz ni El sereno de Bogot4 dan derecho
a generalizaciones de forma y contenido sobre el cine colombiano de
la época aludida, pero son indiscutibles referencias a la tendencia
radio musical y al melodrama (más o menos reflejo del mexicano),
que dominaban en su plan oportunista de ''hacer taquilla'' .
Desgraciadamente, por los problemas económicos expuestos en la
parte anterior, el cine colombiano a lo mejor no tuvo tiempo de
fabricar mitos cinematográficos, por el estilo de las Marías Félix,
de los Jorges Negrete y Cantinflas que, con su sola presencia y la
de otras figuras famosas, sostuvieron gran parte del cine mexicano
de la misma época correspondiente a nuestro parlante. Es cierto que
al respecto no puede establecerse ninguna comparación entre un cine
en pleno desarrollo industrial y el colombiano prácticamente en la
indigencia. Pero desespera el pensar que imitándolo casi al pie de
la letra en varias de las películas del periodo, no se le imitara
también en su organización, en el descubrimiento de "presencias"
tan definitivas en taquilla como los nombrados . También se
discutirá que la fuerce tradición teatral mexicana y sus escenarios
de ''variedades", necesariamente facilitaron el material de actores
que exigía el cine, y buen material, en cambio que el teatro, la
radio y demás recreaciones escénicas colombianas casi siempre
estuvieron marcadas por un limitadísimo nivel de aficionados y
además de trabajo transitorio, nunca permanente para mayor
limitación.
No fue la chilena Lily Alvarez ni el Tocayo Ceballos los que , a
fuerza de varias películas , pudieran imponerse de correspondientes
a algunas figuras indispensables del cine mexicano, porque quizás
no se les dio la oportunidad de un buen guion para demostrar su
calidad personal , o por el contrario nunca tuvieron la calidad
necesaria para dominar sus películas con su sola presencia. Y sólo
citando dos actores, porque el caso puede extenderse a los que
figuraron en el precario cine parlante colombiano.
Se pueden tener consideraciones, y hasta ternura, con el cine
mudo colombiano producto d una serie de circunstancias ya referidas
y con resabios primitivos que seguramente lo van a hacer cantador
cuando se vean , por ejemplo , Bajo el cielo antioqueño, Madre,
Alma provinciana y otras sorpresas por el estilo. Sus tanteos,
desorganización, limitaciones y demás fallas son casi
indispensables a un medio artístico que da sus primeros pasos como
los bebés.
En cambio con el cine parlante de los 1940 se siente cierto
rencor, porque está en paralelo con la gran artesanía de Hollywood,
de México, de la Argentina, sin mencionar a la europea, artesanía
presente en el cine de consumo que se exhibía cada vez en mayores
cantidades debido al aumento de los salones de exhibición. Paralelo
en tiempo, y bastaba contemplar con atención la temática y técnica
de esa abundante producción, para adaptarla modestamente al cine
colombiano. Y el aporte extranjero fue muy regular, a juzgar por
los resultados en la casi totalidad de las películas de la época
donde intervinieron extranjeros. No hay derecho a que, en las diez
películas en referencia, ninguna representara en el parlante lo que
fue María en el periodo mudo. Todas se hundieron en un piadoso
olvido más que justificado, si se supone que la calidad de las
películas perdidas era bastante parecida a las dos sobrevivientes.
Aquí la torpeza técnica y administrativa no tienen perdón, porque
el cine ya contaba con bases de producción, realización y
explotación bastante fijas para admitir la serie de errores en
cadena que representan cada una de las películas del periodo
parlante. Quizás si se pudieran revisar en su totalidad, surgirían
ciertos encantos a la vista del espectador colombiano complaciente
, que ama su cine ''a la brava'' , contra todo y todos.
Pero hasta cuando llegue ese imposible momento, debe insistirse
en que la impresión general es bastante negativa, además, porque
establece un patrón de mala calidad que se extiende a la década de
los 1950, donde casi que se sistematizan los mismos errores del
periodo anterior. Si el cine mudo colombiano desaparece ante la
invasión del cine parlante sin dejar ninguna base para el del
periodo siguiente, un regular parlante, sólo regular, habría
servido de punto de partida para una producción estable y, por la
inevitable selección natural presente en todas las manifestaciones
artísticas entre los 1950 y 70, habrían surgido directores, actores
y técnicos con la suficiente experiencia para estabilizar también
algunas películas de calidad.
Eso de que al cine colombiano hay que ''reinventarlo'' a cada
periodo de producción, con poca o ninguna vinculación con su propio
pasado, es un drama artístico-industrial que debe superarse ante
todo, imponiendo una continuidad que impida los desastrosos
''vacíos '' que periódicamente soporta el cine colombiano,
continuidad que implica tradición y, con esta, la calidad, la
"densidad", el espíritu que requiere el cine colombiano, si es que
alguna vez llega a ser auténticamente nacional.