EPILOGO
Si el paciente lector me permitió un prólogo, también debe
concederme la gracia de este corto epílogo de despedida. Sin
proponérmelo, estos comentarios personales sobre cine colombiano, a
lo largo de su elaboración, me parece que han tomado la forma de un
guion cinematográfico descompuesto en varios planos : primeros
planos correspondientes a los testimonios de diferentes
personalidades de nuestro cine hasta los 1950, porque sus
opiniones, hasta donde es posible, están desde dentro del cine que
contribuyeron a crear. Desde ya, es la parte más importante del
libro que el lector tiene en su mano. Luego vienen los planos
medios implícitos en mis propias opiniones sobre la materia;
complementados por las panorámicas cuando se trata de hacer
síntesis de los varios periodos.
El mayor problema para cualquier estudioso del cine colombiano
es la falta de referencias reales representadas en los propios
largometrajes comentados pero desgraciadamente no vistos. Porque no
es excusa que la mayoría de las historias de cine también se
refieran a películas que sus autores nunca vieron, porque se
perdieron y es imposible ver todas las citadas en referencia.
Espero indulgencia del lector respecto a este problema que, repito,
va a encontrarse todo presente y futuro historiador del cine
colombiano. Nuestro tradicional descuido e indiferencia por el
patrimonio nacional fue causante de este desastre, porque es
desastre el que no se conserve sino una mínima parte de la
producción cinematográfica colombiana de sus primeros cincuenta
años de funcionamiento, exceptuando el inapreciable Archivo Acevedo
de noticieros 1924-1948. Indispensable que la persona que quiera
detallar nuestro cine en sus variados aspectos, lea
obligatoriamente la Historia del cine colombiano, de Hernando
Martínez Pardo, tantas veces citada en este libro por sus
indispensables referencias.
Si el autor contribuye a despertar el anhelo investigativo o,
por lo menos, la curiosidad por aclarar ciertos periodos del cine
colombiano, todavía mal definidos precisamente por falta de una
investigación paciente y constante, si su libro, que ahora termina,
estimulara esas urgentes labores, haría feliz a este modesto amante
del cine colombiano.