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Custodia Grande de Santa Clara la Real de Tunja |
Otra de las más notables piezas de orfebrería del siglo XVIII es la custodia de la Catedral de Bogotá, regalo del dadivoso y devoto arzobispo Antonio Claudio Alvarez de Quiñónez, quién donó todas sus cuantiosas rentas para obras pías durante su mandato espiritual en el Nuevo Reino de Granada y en otras provincias americanas. Fue nombrado arzobispo de Santafé en 1727, después de estar en la sede primada de América, la arquidiócesis de Santo Domingo. Dádivas suyas fueron: la antigua casa donde se edificó el Palacio Arzobispal, la capellanía de la ermita de Nuestra Señora de la Peña, la capellanía de la ermita de Nuestra Señora de Egipto, sumas para la cofradía de Nuestra Señora del Topo, en la Catedral, y para el Convento de la Candelaria.
Para dar mayor solemnidad a las festividades de Corpus Christi, ordenó la hechura de una suntuosa custodia, obra que fue confiada a la pericia del conocido orfebre de ese tiempo, Nicolás de Burgos y Aguilera, quien terminó la espléndida joya poco tiempo después de la muerte del piadoso arzobispo. La riqueza de esta reliquia de la colonia, que se conserva cuidadosamente y con las debidas seguridades en la Basílica, puede medirse por el certificado firmado por el artista, en el cual especifica las características de su obra, así:
- Certifico yo Nicolás de Burgos artista platero de oro que la custodia que he hecho para la catedral de esta ciudad de Santafé, tiene un mil novecientos cuarenta y cinco (1.945) esmeraldas; como cincuenta y nueve (59) amatistas; un (1) topacio; un (1) jacinto; un (1) granate fino, que todas las piedras componen tres mil trescientas quince (3.315), y así mismo ochocientos setenta y dos (872) granos de perlas, y pesa un mil ochocientos (1.800) castellanos de oro, que hacen diez y ocho (18) libras. Y para que conste lo firmo a catorce de Febrero de mil setecientos treinta y siete años. Nicolas de Burgos y Aguilera1.
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Custodia de la Iglesia de San Ignacio de Bogotá |
Pero el auge de los trabajos de platería y de orfebrería en el Nuevo Reino de Granada no sólo se da en las centurias del XVII y del XVIII.
En los protocolos de las notarías del siglo XVI aparecen registrados numerosos nombres de personas que tenían el oficio de "plateros de oro" y "plateros de plata" -como se denominaban entonces- tanto en Santafé como en otras ciudades comarcanas. En dichos documentos consta, por ejemplo, que el rico comerciante Luis López Ortiz contrata con Francisco Rodríguez, en 1568, la hechura de una custodia para la iglesia del convento de San Francisco.
Angelina Araújo, historiadora a quien la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural Colombiano del Banco de la República le encargó la revisión de los protocolos antiguos de la Notaría primera de Santafé, correspondientes al siglo XVI (años 1580 a 1584), anota la siguiente lista de personas que ya en esos lejanos años de la colonia se identificaban como pertenecientes a este gremio:
- Plateros de oro
- Carpio, Diego de
- Castañeda, Alonso de
- Guevara, Diego de
- Guillén, Bartolomé
- Hernández, Pedro
- Herrera, Gonzalo
- Martínez, Alonso
- Morales, Juan de
- Ortiz, Miguel
- Otálora, Juan de
- Parias, Andrés de
- Pérez, Juan
- Pinto, Juan
- Ramírez de Benavides, Juan
- Ramírez, Juan
- De los Ríos, Gaspar de
- Rivera, Pedro de
- Roa, Juan de
- Rodríguez, Martín
- Sosa, Domingo de Vásquez, Pedro
También, en 1568, se registra un contrato entre Alonso Galvero y Juan Ramírez, para que este último le enseñe el oficio de platero. En 1569 un asiento similar, según el cual Gaspar Núñez, platero, se compromete con Bernardino Fernández, vecino de Pamplona, a enseñar su oficio a un hijo de Sebastián Lorenzo, de 18 años de edad. En el mismo año, Juan Gómez de Lebrija da fianza para que libren de la cárcel que pagaba, por deudas, a Diego Hernández, inscrito como "platero de oro". En 1570 figura Diego Gutiérrez como platero. En 1571, con el mismo oficio, Luis Destela, Luis García, Pedro Martín y Gaspar Núñez como "plateros de oro", lo mismo que Diego Hernández y Andrés Ortiz Godoy se registran con este oficio en 1573. Y de los años anteriores, a partir de 1556 hasta 1568, los nombres de Andrés de Córdoba, Pedro de Herrera, Diego Martín, Pedro Méndez, Baltazar de Mendieta, Mercato Jácome, Diego y Francisco Rodríguez y Baltazar Sánchez, todos registrados como "plateros de oro", lo que permite pensar, quizá, que la plata, que sólo empezó a explotarse en las tierras del Nuevo Reino hacia finales del siglo XVI, cuando se reconocieron las minas de Mariquita, era poco trabajada en los talleres santafereños, en tanto que por el mismo tiempo los obradores de platería de Quito, Cuzco, Lima y los de México o Nueva España estaban en pleno apogeo y sus productos alcanzaban a satisfacer las demandas de las ciudades fundad en esta época en las diversas comarcas centroamericanas y de la zona andina, en lo que influyó no poco el descubrimiento de grandes yacimientos de plata en estas áreas.
Anotemos, finalmente, que las primeras piezas de plata que llegaron a las costas de Tierra Firme, arribaron con la expedición de Pedrarias Dávila a Santa María la Antigua del Darién, en julio de 1514. Según los asientos del libro de cuentas de la armada que con tan alto costo se organizó entonces, figuran, entre otros, elementos destinados al rancho que servía de iglesia en el asentamiento de Balboa y al cual se le quiso dar desde 1513 el rango de iglesia catedral, en lo que iría a ser la primera diócesis establecida en la América Tierra Firme. En los referidos asientos se incluyen los siguientes objetos, que pueden considerarse como los más antiguos que llegaron a estos contornos del Nuevo Mundo, destinados al culto religioso.
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- Tres cruces de plata mediana
- Otra cruz de plata, mayor, que pese ocho marcos
- Seis cruces de metal, pequeñas
- Cuatro incensiarios de metal
- Cinco cálices de plata con sus patenas
- Ocho cálices de plata, dorados
- Unas crismeras de plata
- Tres custodias de plata para poner el Sacramento
- Seis cetros dorados
- Cuatro acetres de metal con sus izopos
- Dos hierros para hostias.
Así llegaron hasta las tierras que hoy son Colombia, hace 486 años, en el siglo XVI, las primeras muestras de los plateros de oro y de los plateros de plata, fruto de una industria que, doscientos años después, en el siglo XVIII, alcanzarían el esplendor de la orfebrería santafereña2.
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Custodia Grande de Santa Clara la Real de Tunja |
1 |
José Manuel Groot, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, Bogotá, Ediciones de la Revista Bolívar, 1956. |
2 |
Ibíd. |



