EXPRESIONES MODERNAS DEL DIBUJO COLOMBIANO

Al organizar la exposición itinerante "Expresiones Modernas del Dibujo Colombiano" hemos querido dar a conocer la Colección de Dibujo del Museo de Arte de la Universidad Nacional. De tal manera hemos hecho una selección equilibrada en su estructura y cronología en la presencia de parámetros significativos del dibujo colombiano en los últimos quince años.

Esa estructura cronológica nos sugiere, por lo tanto, una lectura que se inicia con las obras de un grupo de jóvenes que hicieron de la problemática urbana su asunto de principal interés, como una afirmación en sentido crítico o no, de las circunstancias que rodearon el contexto social en los inicios del setenta, como un reflejo latinoamericano de los procesos políticos que en nuestro medio adquirió particularidades debidas al crecimiento desaforado de las ciudades colombianas con su consecuente deterioro social y físico, y que para muchos de nuestros países vecinos significó el reemplazo de gobiernos democráticos por otros militares. De ello se desprende sencillamente que en las obras de la segunda parte de los setenta prime una actitud crítica con más o menos humor, lo cual sumado al carácter eminentemente urbano de las obras, nos remite a una versión del Pop, donde no interesa tanto la crítica a la sociedad de consumo capitalista, como la manera intensa, directa e indirecta, que el artista escoge para hacer un análisis de los grupos sociales en deterioro, los mitos sexuales, la violencia de diversa índole, etc.

Así a este planteamiento temático, correspondió una actitud técnica y formal que a fines de los sesenta y comienzos de los setenta se manifestó en el contexto colombiano mediante una generación de artistas interesados en el dibujo como una forma de expresión autónoma. El dibujo, el grabado y la serigrafía cobran una especial relevancia y entran a ocupar el puesto que tuvo la pintura en las décadas precedentes.

En las obras de estos artistas gráficos se evidencia una tendencia que ha heredado rasgos del Pop y del Hiperrealismo. El dibujo es minucioso, se utilizan especialmente lápices blandos que permiten un manejo controlado del trazo y de los tonos, se observa un manejo cuidadoso de las superficies y un gran interés por la forma y el detalle. El artista fija su atención en los objetos cotidianos y en su entorno urbano. Se aproxima a la realidad fragmentándola, descomponiéndola o rompiéndola, pero su visión guarda una fidelidad fotográfica ante el detalle y los valores tonales.

La fotografía es un punto de partida importante para muchos de ellos, algunos utilizan postales, material de revistas o fotos encontradas, otros toman sus propias fotografías. A esta época y esta actitud corresponden los dibujos de Darío Morales definitivamente hiperrealistas; Miguel Ángel Rojas cuya obra autobiográfica siempre ha mantenido un vínculo con la fotografía en diversos sentidos; los primeros trabajos de Mariana Varela; las fotonovelas de Arnulfo Luna; los personajes urbanos de Oscar Jaramillo, Saturnino Ramírez, las mujeres de Jairo Téllez y los dibujos de María Victoria Porras.

Otros artistas optan por un dibujo menos elaborado, en el que prevalece un gesto más espontáneo y expresivo en el trazo, utilizan materiales como pasteles, carboncillo, crayolas y otros más fluidos como las tintas.

En este grupo están los dibujos con frottage de Diego Mazuera, los de Félix Ángel, María Cristina Cortés en sus primeras obras, Ángel Loockhart quien utiliza lápices blandos pero con un trazo de gran soltura; los paisajes violentos de Francisco Rocca, el dibujo de Juan Manuel Salcedo, la caja de Gustavo Sorzano, las superficies de Alfonso Mateus y los dibujos de Carlos Granada.

Los ochenta marcan el retorno a la pintura, es significativo el que algunos de estos artistas que habían estado dedicados al trabajo de la gráfica comiencen a incursionar en este campo. De esta manera se puede apreciar en las exposiciones otro momento importante, marcado en este caso, más bien por un cuestionamiento del problema plástico que se pregunta por la naturaleza de la técnica del dibujo socavando los conceptos tradicionales y sorprendiendo al público con la inclusión y conciliación de medios como la pintura y el collage. Estas obras de ese género no esperan la actitud pasiva del espectador; están ahí para provocar y animar una reflexión necesaria que hace dudar de los términos de la crítica tradicional y amplia los límites del concepto. Un concepto que se estructura desde una idea que es liberada por el artista según su libre elección de medios. Y por lo tanto no es extraño que la obra se nos manifieste como un tema abstracto o raramente figurativo.

El panorama del dibujo en Colombia cambia radicalmente. A veces los límites entre el dibujo y la pintura se hacen imprecisos, podríamos hablar de un dibujo "pictórico" en el que el trazo y la línea resultan tan importantes como las superficies, las texturas y los colores.

Como en el caso del dibujo sobre cartón pintado de Mary Anne Vaughan, el "Tablero" de Santiago Cárdenas, los dibujos de Marta Combariza, los collage de Yolanda Espitia, los paisajes a color de Edgar Silva y los dibujos recientes de Mariana Varela.

La tercera actitud que se advierte está marcada por un acentuado individualismo en las propuestas. Cada obra es un mundo que hace parte de un proceso interno en la obra de cada artista, pero que además evidencia el estar incluidos en el desarrollo general del arte colombiano. No son ajenos a las tendencias de vanguardia pero guardan una cierta mesura y contención al mantener el propósito de clarificar y profundizar su idea de una manera más exacta de lo que significa la obra dentro del problema de la creación plástica. Estos artistas serían Manuel Hernández y María Cristina Cortés.

Investigación:

MARIA CLAUDIA ROMERO
MARTA RODRIGUEZ
Profesoras Facultad de Artes
Universidad Nacional, Bogotá.

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