EXPERIMENTOS GRÁFICOS
La presente exposición reúne un grupo heterogéneo de artistas nacidos a media dos de los cincuenta los cuales en su mayoría han estado vinculados al taller de Arte Dos Gráfico desde la iniciación de sus carreras. Lejos de tener una relación comercial con la obra gráfica, estos artistas, se han aproximado al grabado con proyectos e ideas propias que, de alguna manera, demandan un nuevo rigor investigativo tanto a nivel técnico como conceptual.
Antonio Caro, Gustavo Zalamea y Mauricio Cruz han incursionado más que todo en el arte conceptual. El tercero viene trabajando desde los primeros años del setenta, básicamente en el campo del dibujo y la gráfica. Los demás pertenecen a una generación de pintores neofigurativos, quienes a pesar de estar animados por el impulso neo-expresionista internacional, enfocan su labor hacia ámbitos de la cultura local; o hacia propuestas de mitologías personales o universales.
Antonio Caro ha venido trabajando en los últimos años de una forma monotemática: el maíz. La planta de maíz se presenta desprovista de toda noción espacial u ornamental, existiendo sólo como emblema de tipo americanista. Mauricio Cruz, por su parte, realiza una obra densa e intrincada. Esta se estructura en base a la sobreposición de imágenes y palabras que presuponen una sintaxis implícita. En ocasiones aparecen imágenes tomadas de la historia del arte o instrumentos de tipo alquímico o científico, cuyo juego imposibilita una lectura única y estable pero que, en el mejor de los casos, es una provocación a la interpretación.
Zalamea ha realizado una copiosa obra gráfica, a veces en forma de libros, basados en textos o referencias literarias. Suyo es un lenguaje escrito basado en riguroso ordenamiento espacial, de referencia arquitectónica que sirve de escenario a anotaciones de tipo paisajístico o a elementos orgánicos muchas veces sujetos a fuerzas telúricas o atmosféricas.
El ímpetu de la nueva figuración es aparente en la obra de Vieco, Cristancho, Silva, Laignelet y Rueda. Vieco propone una figuración de caracteres primitivos de trazos rápidos, en contrapunto con anotaciones cromáticas vivas y espontáneas. Cristancho trabaja imágenes arquetípicas con base en la integración del hombre y la naturaleza; la imagen es un símbolo de alusión a la iconografía prehispánica cristiana. Silva por su parte, trabaja con imágenes simbólicas de tipo universal que hacen parte de la memoria cultural de occidente. Laignelet compone imágenes -a veces trípticos- donde la figura está inmersa en rituales íntimos que prefiguran el espacio interior, tanto emocional como síquico del artista. Rueda propone estructuras orgánicas simples con delicadas entonaciones cromáticas; en una búsqueda de los secretos esenciales de la naturaleza.
La figuración igualmente intimista de Garzón Flórez está justificada por la complejidad técnica del proceso de impresión de las planchas de grabado. Las imágenes aparecen envueltas en ricas texturas en una atmósfera onírica y surreal. Lo anterior contrasta con la simplicidad de ejecución y visión de los objetos cotidianos de Miguel Huertas. Estos son rescatados de su vanalidad con un sutil sentido nostálgico y lírico.
Ninguno de los artistas aquí presentes es un grabador de tiempo completo, más aún, casi todos se expresan en diversos medios y estilos. Por tanto sus obras gráficas no obedecen a ideas ampliamente desarrolladas en la pintura. En su mayoría estos grabados guardan un sano paralelismo con la temática pictórica de cada uno, lo cual confiere a la obra un cierto aire espontáneo, inconcluso y experimental.
RAUL CRISTANCHO
Profesor Universidad Nacional
