1. Las gordas y gordos de Botero, tan colombianos. Y rodeándolos, en todo momento, esas montañas con sus volcanes y sus nevados, esos pueblos con sus coloreadas tejas de barro y sus calles estrechas y empinadas. (Seguir leyendo)
2. Bernard Berenson en su clásico libro Los pintores italianos del Renacimiento menciona "la falta de gusto, esa tara indeleble de provincias" (Seguir leyendo)
3. Todos los ojos de sus personajes tienen una fijeza inmóvil, como si hubiesen quedado congelados en un remoto paraíso de los años treinta y cuarenta. (Seguir leyendo)
4. Al referirnos al cuadro de Homenaje a de La Tour aludimos, en cierta forma, al modo como Fernando Botero se vincula a la tradición de la mejor pintura, recreándola a todo lo largo de su trayectoria. (Seguir leyendo)
5. Es en 1988, una década después de su Monalisa, cuando Botero, con Guerrilla de Eliseo Velásquez, logra conmovernos con un óleo espléndido (Seguir leyendo)