SANTIAGO URIBE HOLGUÍN

(SANTAFÉ DE BOGOTÁ, COLOMBIA, 1957) VIVE Y TRABAJA EN SANTAFÉ DE BOGOTÁ, COLOMBIA


 

INFANTA MARGARITA
1993
Técnica mixta sobre tela
122 x 160 cm
Colección del artista.

Como tantos artistas del siglo XX, Santiago Uribe Holguín comenzó su carrera como pintor figurativo, en su caso con innegable influencia del británico Francis Bacón, transito durante más de diez años por el arte abstracto y regresó a la figuración a principios del actual decenio, sin desaprovechar nada de sus recorridos anteriores, en los que practicara tanto el dibujo de personajes, como el acabado de superficies ricamente texturazas.
Cada etapa en la obra de Uribe está llena de logros. El artista insiste en un estilo y trata de hacer siempre los mejores trabajos. Su preocupación no es por el correr o sorprender, sino por perfeccionar al máximo lo que está haciendo. El paso de una época a otra no es fácil; está pleno de titubeos. El pintor cambia cuando llega al convencimiento de que su estilo requiere necesariamente de una innovación.
Esto sucedió con la transición de sus excelentes cuadros de tendencia informalista a sus pinturas de técnica mixta, en buena parte inspiradas en temas de la historia del arte. La aparición de la representación fue lenta y llena de incertidumbres. Sólo poco a poco, el artista llegó a la certeza de que el nuevo derrotero era el más adecuado para continuar adelante con su producción.

Uribe trabaja ahora con fruición cuadros sobre tabla, basados en obras famosas de la historia de la pintura.
Del arte antiguo de Roma al español contemporáneo. Antonio López García, el artista recuerda un determinado tema para realizar su propia versión estilística del mismo. No se trata ni de apropiaciones, ni de recreación irónica o insolente. Uribe sólo busca un pretexto temático para pintar según su manera particular. Preocupado especialmente por la pintura como tal, el artista piensa ante todo en la calidad de la superficie, en la aparición de la imagen representativa y en la relación de las formas y de los colores.
La primera impresión que se tiene frente a los cuadros de Uribe es la de estar ante pinturas murales sacadas de sus paredes e instaladas sobre soportes transportables.
Pero el artista no se queda en la ilusión de una transferencia -algo por lo demás corriente desde los tiempos de Vasarisino que ahonda en la engañifa de una pintura de presencia añeja y en proceso de deterioro. En sus tablas el tiempo es tan protagonista como el personaje tomado de la historia del arte.

GERMÁN RUBIANO CABALLERO

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