|
|
V.
Ujanova, N. Bikiéniva
Traducción del ruso: Rubén Darío Flórez Arcila. Profesor asociado, Universidad
Nacional
La pintura de iconos no era un proceso de creación simple para el
viejo maestro. El arte de representar la faz divina era semejante al de la creación del
mundo por Dios. El creador separó al comienzo la luz de las dorado, símbolo de la luz
celestial. Antes de crear al hombre, Dios creó los árboles, los animales, las aves, los
peces. Así el pintor al comienzo pinta el prerrostro (es decir, la pintura
anterior a los rostros: colinas, fondos arquitectónicos, atuendos, etc.); después viene
lo humano. La corona de la creación divina fue el hombre; la corona de la
creación del pintor de iconos es el Rostro Divino (en la pintura de iconos: la
pintura del rostro).
Antes de comenzar la pintura del icono, los pintores pedían la bendición, guardaban
ayuno y oraban largamente, limpiaban la isba, se vestían con ropas limpias. Si el icono
se pintaba en el taller del monasterio, todos los hermanos se levantaban para la oración.
Meditando sobre los pintores de iconos, el santo Maxim Grek, filósofo
y bibliófilo del siglo XVI, escribía Le conviene a los isógrafos llamados
pintores de iconos permanecer limpios, vivir una vida espiritual y con hábitos piadosos,
exornarse con las virtudes de dulzura y mansedumbre, perseguir en todos sus actos el bien,
y no deberán ser ni blasfemos, ni sacrílegos ni lujuriosos ni borrachos ni calumniadores
habituarse a las malas costumbres. Porque los pecadores no serán admitidos a tal oficio santo
1
.
Son conocidos desde el
siglo XVII los antiguos tratados rusos sobre el arte de pintar iconos, pero las
reflexiones de los filósofos-teólogos sobre los pintores de iconos y su arte se pueden
hallar en tiempos más lejanos en la literatura hagiográfica y en los
mensajes y en las cartas
2
Allí
se encuentran, ante todo, pensamientos sobre la necesidad de venerar los iconos, acerca
del contenido litúrgico de la imagen del icono, del vínculo del icono con los textos
bíblicos, especialmente de los textos evangélicos, y también acerca de cuál debe ser
la personalidad del pintor de iconos.
Hasta nuestro tiempo han llegado manuales faciales de los siglos XVI a XVIII,
especie de material de ayuda para el pintor de iconos. Allí se encuentran prórisi
3
y breves descripciones verbales
de tramas de composición complejas, así como la fisonomía de un santo específico.
Fueron muy difundidos en la antigüedad los masteróvik, colección de recetas y consejos
útiles sobre las maneras de preparación de los colores, colas y aceites.
En excavaciones arqueológicas en Kiev, en 1938, y posteriormente en
Novgorod, entre 1973 y 1977, se hallaron talleres de pintores de iconos. Se encontraron
colores, trozos de ámbar para la preparación de aceite, instrumentos para trabajar la
madera, tablas, listas, etc. Todo ello testimonia que el pintor de iconos tallaba él
mismo las tablas para el icono, lo cubría con liefcas y maceraba los colores.
Uno
de los primeros investigadores del arte ruso del icono, I. P. Sajárov, escribía en 1849:
La ejecución de la pintura de iconos es un gran arte clásico que exige del pintor
diversos conocimientos
4
.
Rusia, al recibir el bautismo de Bizancio en 988, al lado de la creencia ortodoxa y la
práctica del servicio religioso, adoptó también las bases y los cánones del arte de
pintar iconos, empezando por los métodos de preparación de la tabla del icono.
El
icono tradicionalmente se pintaba sobre una tabla de madera, la cual previamente se secaba
durante años. Los maestros conocían muy bien las especies de maderas y sus propiedades
físicas. En general, la madera preferida de los maestros rusos fue el tilo, pero en el
norte la escogencia recaía en el pino. La madera para las tablas de iconos se cortaba al
comienzo de la primavera antes de que la madera se llenara de savia. Como conocían la
estructura de los maderos, los pintores de iconos aserraban las tablas de manera que las
fibras corrieran a lo largo y no a lo ancho de éstas. Se trabajaban las tablas con
diferentes instrumentos; las huellas de éstos que se encuentran en el dorso de la tabla
permiten establecer la fecha del monumento.
Para
los iconos de gran tamaño, la tabla se componía de varias partes. Para que no sufrieran
alabeo, las tablas se reforzaban en el reverso o en los extremos con travesaños de madera
(chavetas). En distintas épocas los modos de amarre de las chavetas y sus configuraciones
variaron; esto ayuda a determinar la fecha probable de los iconos.
Sobre la parte frontal de la tabla, en la mitad se hacía una cavidad. El campo que
rodeaba la cavidad (cofre) cumplía el papel de un marco especial que separaba
el mundo visible del mundo no visible. A partir del siglo XVII, en
la pintura de iconos los campos y la mitad se distinguían sólo por el color sin
cofre (cavidad).
Sobre la tabla se pegaba habitualmente una capa fina (un tejido) sobre el cual se
esparcía el fondo. Para la capa se escogía trapo viejo, ya muy blando, de tejido de
lino, que al extenderse sobre las base sostenía fuertemente el fondo. A veces se escogía
una tela nueva que con anterioridad era mojada y hervida. La tabla no siempre era encolada
totalmente con la tela. Ésta podía estar dispuesta en fragmentos sobre los empalmes o
debajo de las representaciones de los rostros de los santos; para que el tejido se
adhiriera mejor a la base, la tabla se raspaba con un instrumento puntiagudo. En el arte
icónico posterior, el papel vino a cumplir la función de la tela. La base en la pintura
de iconos era el liefcas; se preparaba a base de una mezcla de tiza con cola de pescado,
se disponía en varias capas y se pulía minuciosamente con un diente de oso.
El
dibujo preparatorio se realizaba sobre el liefcas mediante dos procedimientos: 1) con
pincel, en color negro; 2) con grafía (con línea) trazada con una aguja. En esta etapa
del trabajo, los prórici servían de ayuda a los pintores de iconos.
Después de esto, los pintores de iconos doraban el fondo y los nimbos.
Para ello utilizaban láminas doradas que aplicaban con jugo de ajo. Las superficies
doradas se pulían complementariamente con un diente de lobo o de oso. A partir del siglo
XVII no es muy frecuente hallar iconos pintados enteramente con láminas doradas. Esta
práctica cobró mucho auge en la pintura de iconos de los siglos XIX y XX.
En
la siguiente etapa, los maestros iniciaban el trabajo con colores. Los colores eran
habitualmente de origen mineral, tierras de colores y piedras trituradas
disueltas en yema de huevo y kvas (bebida rusa fermentada). Las posibilidades técnicas de
los actuales microscopios binoculares que hacen posible un gran aumento permiten ver la
estructura de cristal con composición compleja de los colores. Cada color en el icono
está compuesto de mezclas de los mismos pigmentos utilizados por el pintor en la paleta
del monumento dado.
Los
colores se aplicaban por capas en un orden definido y usado durante siglos. La pintura de
los rostros era la labor más compleja y de mayor responsabilidad. En la pintura del
rostro la primera capa de pintura se llama sankir (bosquejo, como en pintura). Sobre él
se dispone por capas el ocre; en la pintura de iconos rusa esto se conoce como vojrienie
(ocrización). El proceso se culmina con dvizhxi (ozhivki), leves pinceladas con blanco
que significan la luz.
Así
como Dios Padre creó al hombre inspirándole un soplo de vida con el espíritu divino, de
la misma manera el pintor de iconos, al pintar el rostro de Dios, inspira a su
creación con un color divino, con el assist. Son finas líneas doradas que se disponen
sobre la capa de pintura en la imagen de los cabellos y los atuendos de los santos, y
simbolizan el color celestial que se deposita sobre el santo. En tiempos antiguos, el
assist cubría exclusivamente los cabellos y los vestidos de los personajes celestiales:
Cristo y los ángeles. En la antigüedad, la técnica de disposición del assist era bien
compleja: tras concluir el trabajo de los colores, el pintor, con un pincel, cubría con
zumo de ajo el dibujo de assist (a veces con zumo de cebolla); luego, con miga de pan,
trasladaba al dibujo hojas doradas naturales.
Cuando en el siglo XVII cambia bruscamente la mentalidad rusa, el assist se vuelve un
elemento puramente decorativo que adorna la representación de los vestidos de todos los
santos, los árboles y la arquitectura. Cambia la técnica de superposición. En esa
época los maestros comenzaron a utilizar oro creado; es decir, disuelto en un
aglutinante natural. Ahora los maestros emplean el oro como color, disponiéndolo con
pincel sobre la representación.
El icono concluido era cubierto con olif, una laca especial de
composición compleja a base de aceites vegetales. ... Es un gran equívoco ver en
el olif sólo un medio técnico de conservación de los colores y no tenerlo en cuenta
como un factor artístico que conduce los colores hacia la unidad de un tono general y que
les da profundidad
5
.
Lamentablemente, el olif tiene la propiedad de oscurecer, ocultando los colores casi por
completo. Con el transcurrir del tiempo, las representaciones en muchos iconos fueron
cubiertas con capas de hollín y suciedad. Aproximadamente cada cien años era
renovado el icono oscurecido pintándolo nuevamente; por eso es posible hallar
sobre muchas tablas de iconos capas de colores de varias épocas.
Durante mucho tiempo se pensó que la pintura con visibilidad oscura era un
particularidad típica de la pintura de iconos antigua.
A
finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, en Rusia surgió el arte de la
restauración. Los maestros comenzaron a eliminar capa por capa de las pinturas
superpuestas sobre la capa original, inicial. Fue un tiempo de descubrimiento del
auténtico valor estético del icono ruso antiguo. Con el surgimiento del oficio de
restauración comenzó el estudio científico profesional de las fuentes del arte ruso. El
comienzo del siglo XX estuvo marcado por una serie de exposiciones artísticas de los
iconos antiguos. Un hito de la época fue la exposición de iconos de colecciones
particulares realizada en 1913 en Moscú. Por primera vez fueron exhibidos iconos
revelados sin las pinturas posteriores ni los aceites que los oscurecían. Muchos años
después, evaluando la significación de tal acontecimiento, el conocido sabio soviético
V. N. Lazariev escribió: De pronto de los ojos de los asistentes a la exposición
cayó la venda que les impedía contemplar el rostro genuino de la pintura de iconos rusa.
En lugar de los iconos oscuros, tenebrosos y cubiertos con una pesada capa de olif, los
espectadores vieron los maravillosos monumentos de la pintura de taller, la que podría
llenar de orgullo a cualquier pueblo. De inmediato fue claro para todos que este arte no
era ni ascético ni fanático
6
.
Los
primeros ensayos de restauración no fueron siempre exitosos, y se diferencian
notablemente de la actual práctica museográfica de restauración. El restaurador, que
trabajaba según el pedido del coleccionista, seguía sus gustos subjetivos. Así el
restaurador pintaba los espacios faltantes o dejaba en la pintura inicial fragmentos de
pinturas posteriores. Una tal restauración de anticuario satisfacía frecuentemente a los
coleccionistas, pues el icono se veía así más antiguo.
Actualmente la tarea de la restauración museológica consiste en el máximo
descubrimiento y conservación de la pintura original (autoral). En las investigaciones de
restauración los especialistas son ayudados por los avances de la técnica moderna: rayos
X, rayos ultravioletas y microscopía binocular.
Al
renacer el arte del icono, los maestros actuales acuden a las fuentes escritas en busca de
las fórmulas de los artistas antiguos pero, lo que es igualmente, se dirigen también a
sus creaciones, que se conservan con amor en las colecciones de los museos.
Notas
1.
Maxim Grek, Sobre los santos iconos, citado en N. K. Gavriushin (compilador), Filosofía
del arte religioso ruso de los siglos XVI-XX, Moscú, 1993, pág. 46.
2. Véase, por ejemplo, san Iosif Volotski,
Epístola a un pintor de iconos y tres Palabras sobre la
veneración de los antiguos iconos. Siglo XVI; el santo Máximo Grek, ibíd.
3. Proris: Término de los pintores de iconos rusos:
ejecución en el papel del contorno del dibujo.
4. I. P. Sajárov: Investigación sobre la
pintura de iconos rusa, citado en Restauración de iconos. Recomendaciones
metodológicas, Moscú, 1993, pág. 4.
5. Pável Florenski, El iconostasio,
citado en Filosofía del arte religioso ruso de los siglos XVI-XX, pág. 276.
6. Cita tomada de S. Iamshikov (compilador), Pintura
rusa antigua. Nuevos descubrimientos, Moscú, 1965, núm. 35.
|
|