Algunos de los asientos de los registros de embarques muestran las predilecciones literarias de los lectores americanos. Al azar tomamos de un pagaré de Pedro García y Pedro de Trujillo (México, 1576) : "Quatro Sumas de fray Luis", "Dos Marco Aurelio", "Seis Aventuras" (de Gerónimo de Contre-ras), "Dos proverbios del Marqués", "Dos Jubenal y Persio" "Una Agricultura", "Quatro Terencios", "Tres Valerio Máximo", "Un Plinio", "Dos Tragedias de Séneca", "Dos Lucano", "Una Lógica de Gaytano", "Dos Epístolas de Ovidio", "Seis Coloquios Matrimoniales", "Un Marcial", "Dos Secretos de Cirugía"; de la escritura de Francisco de la Hoz a Juan del Río (Lima, 1584) : "25 Examen de Ingenios" (Juan Huarte), "12 Pro-paladia y Lazarillo en pergamino", "6 obras de Fray Luis de Granada", "6 Orlando enamorado", "12 primera y segunda Araucana", "50 Epístolas de Tulio" (Cicerón), "12 Virgilios", "4 Historia de África" (Pedro de Salazar), "6 Comedias de Lope de Rueda", "4 Ulises de Hornero en ochavo de pliego en tablas de papel y cueros de color", "4 diferencias de libros de Alexo Banegas", "6 Garcilaso de los chiquiticos cin comento en pergamino"; y así pudiéramos continuar copiando estos sugerentes títulos tan elocuentes en su anacrónico laconismo.

La producción literaria de la metrópoli sí llegó a tierras de Indias a pesar de ciertas prohibiciones legales que, como muchas otras, fueron acatadas pero no cumplidas. El libro vence esos obstáculos y libre o clandestinamente penetra en el Nuevo Reino. Famosas son en la Santafé colonial las bibliotecas del Colegio del Rosario y la de los Jesuítas de San Bartolomé que después de la expulsión de la Compañía, vendría a constituir, como en otras ciudades americanas, la Biblioteca Pública, fundada en 1774. No son raras las bibliotecas de algunos particulares, entre las que se distinguen por su variedad y riqueza la del Arzobispo-Virrey don Antonio Caballero y Góngora y la del Precursor don Antonio Nariño en la que además de la cultura clásica y de buen número de autores europeos del Siglo de Oro, figuran las más atrevidas publicaciones filosóficas y políticas del siglo XVIII en las que el insigne bogotano bebería sus ideas revolucionarias. El sabio don José Celestino Mutis, fundador de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada reúne una espléndida colección de obras científicas que merecieron elogiosos comentarios del Barón de Humboldt.

Es evidente que el contrabando participó también en esta empresa de cultura, y los libros llegaron en toneles de vino, en cajas de conservas, en todas aquellas pintorescas formas de que se valió la clandestinidad para burlar las prohibiciones.

En el siglo XVIII, en que debe situarse la Época Precursora, recibe el Nuevo Reino de Granada una serie de aportes culturales de significado excepcional: la introducción de la imprenta en 1737, que un año después debería dar a la luz pública los primeros impresos neogranadinos; la creación de la Expedición Botánica, el establecimiento de la Biblioteca Pública, la fundación del teatro o Coliseo Ramírez, la aparición del primer periódico en Santafé y las tertulias literarias que a semejanza de los "salones" de la pre-revolución francesa y de las Sociedades de Amigos del País, sirvieron de vehículo a las nuevas ideas y fueron la antesala del movimiento de independencia.

Aunque, según el testimonio de Fray Pedro Simón en sus celebradas Noticias Historiales existió desde comienzos del siglo XVII una imprenta de naipes en Cartagena, y en 1582 fray Pedro de Aguado escribe al Consejo de Indias que "a él se le ha dado permiso para imprimir un libro en las Indias intitulado La Historia del Nuevo Reino de Granada y de su pacificación, población y descubrimiento y suplica "se le de licencia para pasar a aquella tierra para el dicho efecto", lo cierto es que no conocemos impresos granadinos anteriores a 1738. De este año se conservan dos obritas de carácter religioso: Novena del Corazón de Jesús sacada de las prácticas de un librito intitulado Thesoro escondido en el Corazón de Jesús por un devoto del mismo Corazón y Septenario al Corazón Doloroso de María Santissima sacado a luz por el Doctor Don Juan de Ricaurte y Terreros, Juez Cura y Vicario Eclesiástico de la Ciudad de Velez en el Nuevo Reyno de Granada.

"Los padres de la Compañía de Jesús (escribe Luis Augusto Cuervo) fueron los iniciadores y propulsores de la grande empresa, y de sus casas salieron los primeros libros -catecismos y novenas-, que alimentaron los corazones y las voluntades de los indígenas en los días iniciales de su civilización. América debe a los Jesuítas un reconocimiento conjunto y solemne por esa obra, realizada, en parte, entre los fragores de la Conquista, y cumplida, toda, en medio de fatigas y percances desalentadores. Para mí tengo que en la mente de Carlos III, cuando el Decreto de expulsión, se agitó con inquietudes de visión profética la actividad tipográfica de los hijos de San Ignacio en el Nuevo Mundo, que abrían un campo de investigación y de análisis, a la vez que de divulgación y de estudio peligroso para la firmeza del Trono y propicio al ensayo de nuevas ideas y de otras doctrinas en el conocimiento de los derechos reales. En 1767 se expidió la cédula de extrañamiento, y los Jesuítas abandonaron el Nuevo Reino de Granada; pero quedaron sus imprentas para que una de ellas, en manos generosas y audaces, editara en las postrimerías de la centuria la profesión de fe de Nariño que sirvió, sin ver la luz pública, de acicate y estímulo del pensamiento revolucionario".

A la imprenta de los jesuítas que sólo tuvo breves años de actividad sucedió la de Espinosa de la que se conservan impresos valiosos como el sermón del Padre Raimundo Acero con motivo de la ejecución de José Antonio Galán (1781) y la Guía de Forasteros de Joaquín Duran y Díaz, primer ensayo geográfico y estadístico del Virreinato de la Nueva Granada.

Antonio Espinosa de los Monteros puede ser considerado como el decano de los impresores colombianos. Inició sus tareas en Cartagena, al parecer en 1774, pues de este año es el primer impreso de la Ciudad Heroica: Octavario que o, la Inmaculada Concepción de la Virgen María Nuestra Señora consagra el D. D. Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara [...]. En 1778 viaja a Santafé a continuar su oficio, primero en la imprenta de su propiedad y luego en la llamada Imprenta Real que el Virrey don Manuel Antonio Flórez hizo venir de Cádiz y llegó a la capital del virreinato en 1782. De ella sale el primer libro colombiano, pues los anteriores fueron apenas folletos de escasas páginas aunque en ocasiones de cuidadosa impresión. Fue aquella obra la Historia de Cristo Paciente traducida del Latín al Castellano: por el Doctor Don Josef Luis de Azula, y Lozano, y lleva la fecha de 1787. De la Imprenta Real son también otros impresos de importancia como el Método general para curar las viruelas del sabio Mutis (1792), primera publicación científica colombiana y los dos primeros periódicos, El Aviso del Terremoto y la Gaceta de Santa Fe de 1785, que tuvieron muy breve duración.

Benemérita es la familia Espinosa de los Monteros en los anales de la imprenta en Colombia. A don Antonio sigue don Diego, que aunque no fue hijo suyo llevó su nombre, y a quien correspondió ser con el Precursor don Antonio Nariño el impresor de la traducción castellana que el segundo hiciera de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1793). Ningún ejemplar se conserva de este impreso publicado en la Imprenta Patriótica propiedad del mismo Nariño. La totalidad de la edición fue destruida y al ruidoso proceso que siguieron las autoridades españolas solo pudo presentarse como cuerpo del delito el papel que había servido para estampar las famosas cláusulas de la Revolución Francesa, anhelo y meta suprema de los criollos americanos que querían fundar una patria. Diego Espinosa de los Monteros fue a dar a la cárcel y de allí a las mazmorras cartageneras. Pero no bien hubo abandonado la prisión en 1799 reinicia sus labores y hace circular un papel sedicioso encabezado con estas palabras: "En breve tiempo, señores, se acabó para nuestro remedio, Gobernador, Comandante y Asesor, Viva la libertad y muera quien la impida". Espinosa dirige la "Imprenta del Real Consulado" donada por don Manuel de Pombo a este organismo que se fundó en Cartagena en 1795. En ella se imprimió la Constitución de 1812.

Corresponde a uno de los hijos menores del viejo Antonio Espinosa de los Monteros, Bruno, continuar la tradición familiar. Es el impresor de las Constituciones colombianas pues imprime la Constitución de Tunja, la segunda de Cundinamarca, las Actas del Congreso de las Provincias Unidas, la Constitución de Cúcuta de 1821, reimpresa al año siguiente, la que expidió el Congreso Admirable en 1830 y la de la Nueva Granada en 1832, cumplida ya la desintegración de la Gran Colombia. La Imprenta Real fue comprada por Nicolás Calvo y Quijano a quien se deben algunos impresos meritorios como los calendarios para 1798 y 1800, el primer número del Correo Curioso que dirigieron Jorge Tadeo Lozano y José Luis Azuola, (1801), la traducción del Acta Constitucional de los Estados Unidos publicada por Miguel de Pombo en 1811 y el Bando de la Junta, Suprema, señalando los nueve puntos principales de nuestro Gobierno.

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