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La primera Cabeza o Cabezota al óleo de Lorenzo data de 1983. Las últimas, de 1990 (figuran en la Biblioteca Luis-Ángel Arango con el título de Tríptico de cabecitas). Aunque nunca se expusieron como una serie, sin duda constituyen un conjunto como los denominados "Talking heads" y "Piezas en forma de pera": En estas pinturas se encuentran algunos de los cuadros más importantes del artista, tanto por la osadía cromática, como por la libertad creadora. De 1983 son dos de las mejores: en una, la gran cabeza ostentares triángulos amarillos en la zona de la boca y tiene un ramaje rojo en el lugar de la nariz; en otra, la cabezota rinde un homenaje a los "punk" (de una orejota pende un arete y encima de aquella hay como una cola de caballo verde). De 1985 es otra espléndida cabeza, hasta donde es posible un poco más naturalista que las anteriormente mencionadas, aunque mantiene como siempre los dos ojos muy diferentes entre sí. En estos ejemplos las deformaciones prácticamente no molestan; las pinturas son una verdadera fiesta de color. Quizás por el abigarramiento de los elementos el Tríptico de cabecitas sea menos accesible y alguien pueda pensar que se trata de una figuración desquiciada. Pero, por supuesto que también cabe la consideración positiva, si se examina sólo el hecho pictórico, de que el cuadro es admirable tanto por la mezcla multitudinaria de colores como por la creación de formas orgánicas entreveradas. Y claro, también, por su significado. Estas cabecitas barrocas y grotescas aluden a la conciencia de lo irracional, ala crisis de la sociedad, a la subversión de todos los valores, al fracaso de las ideologías. Sin embargo, pese a todo esto, las cabecitas de Lorenzo tienen una cierta gracia y una dosis de optimismo. Sobre todo, si se les compara con las cabezas momificadas de Amulf Rainer, las ebrias de Enzo Cucchi, las primitivas y con la testa hacia abajo de Georg Baselitz, las cosificadas de Walter Dahn. Aunque Lorenzo realizó algunos cuadros de "Escenas" cuando estaba estudiando en la Universidad, puede decirse que esta temática la desarrolló en el decenio de los ochentas, desde cuando pintó A month in de country. De nuevo, las "Escenas" no constituyen una serie; son cuadros independientes que Lorenzo, además, jamás pensó presentar cómo conjunto. Sin embargo, son pinturas que tienen algunos puntos en común: muestran en un solo espacio varios personajes, poseen una acusada proclividad narrativa y confunden la realidad cotidiana con la irrealidad del teatro o del cine (el arte que más le gustaba al artista y de cuya historia sabía muchísimo) o inventan situaciones y personajes que permiten recordar narraciones novelescas, actos de teatro o episodios cinematográficos. Nada más ilustrativo de esto que las líneas siguientes extractadas de su comentario sobre A month in de country; cuadro que pintó después de unas vacaciones en una finca:" ... Me alegra mucho, Jaime, que (esa tela) le haya gustado ... En cuanto al nombre, que parece haber causado si no un cierto traumatismo en ciertas personas, por lo menos ciertas dudas, permítaseme la, un tanto lo reconozco, pedante explicación que tiene. A month in de country es un ballet inglés, con música de Elgar, creo, y una coreografía (bastante pantomímica) que, si no estoy mal, es de Frederick Ashton...no sólo es el título, lo que sería ya una cita suficientemente justificable, sino él recuerdo que tengo del ballet ...y que es algo casi misterioso, pero sobretodo un tanto chejoviano -con algo de la atmósfera de un Jardín de los cerezos, de una: Gaviota... algo, digo, solamente algo; ese carácter un poco cansado, no sólo del cansancio del verano, sino del cansancio de la sociedad que veranea; ese carácter de algo que pertenece a una manera de vivir que está por extinguirse... algo, pues, un poco del pasado. Y es a esa atmósfera a la que quería referirme, considerando que ese, tipo de veraneo que se hace en "las fincas"- es algo que casi es del pasado..."4 Lorenzo trabajó escenas imaginarias que pueden tener varias lecturas, según la formación cultural de cada quien (recordando a Umberto Eco), especialmente cuando los personajes y las situaciones no corresponden a vivencias colectivas. Por ejemplo, en el caso de un tríptico sin título que muestra, en el primer panel, a alguien que ve televisión; en el panel central a una mujer con guante verde y a un hombre desnudo al lado de un lavamanos y en el panel de la derecha a una figura acostada que parece asistida por otra, acongojada. O en el de un óleo, también sin título, que muestra a un hombre cubriéndose el rostro, rodeado de varias figuras a su espalda y antecedido por un personaje vestido de rojo, con tres ojos y portando una copa. Las Danzantes y las Fiestas (obras sin título para el pintor) pertenecen a otra esfera. Aunque también son personajes y actos inventados, cualquiera entiende que lo que observa proviene del mundo del espectáculo y de las reuniones sociales: hay muchachas que bailan con entusiasmo y hay mucha gente reunida (en una discoteca?).
La tercera exposición individual de óleos la realizó Lorenzo en 1986. Denominada "Pinturas", el artista reunió en aquella ocasión un conjunto de ángeles trabajados entre 1985 y 1986. Aunque el título de la muestra invitaba a considerar, como piensan la mayoría de los artista del siglo XX, que el tema es lo de menos y que lo mas importante es el cuadro como tal, con todas sus cualidades pictóricas, no hay duda de que en estos lienzos el motivó también es fundamental. Tema que, como ya se vio fue obsesivo en la producción de Lorenzo. A diferencia de los ángeles de los grabados, los óleos si están relacionados contos ángeles bíblicos. Por lo menos, algunos. Para esta aseveración tenemos varias pistas: en la tarjeta dé la invitación a la exhibición se reprodujo la segunda de las Elegías de Duino de Rilke (aquella que comienza: "Todo ángel es aterrador. Y sin embargo, ay de mi!", y más adelante menciona a Tobías) y la ilustración fue un ángel portando un pescado, en clara alusión al arcángel Rafael. Además, todos los cuadros son de gran formato vertical, recordando los muchos lienzos con el tema del período colonial; los ángeles de Sopó, por ejemplo. Sin embargo, no puede dejar de pensarse que el artista no se limitó a inspirarse en la riquísima iconografía cristiana, sino que muchas visiones y muchas concepciones respecto a los ángeles debieron rondar su imaginación en el momento de pintarlos. Cómo se sabe hay ángeles en la filosofía y en la mitología griegas, en el budismo, en el, taoísmo, en el hinduismo, etc.. Estas pinturas de Lorenzo constituyen uno de los momentos más afortunados de su trabajo. Son unos óleos que atraen por la presencia muy llamativa de los ángeles y por la rica composición cromática, realizada, como de costumbre, a base de manchas que constituyen una verdadera red de relaciones y contrastes. Entre 1986 y 1987, Lorenzo llevó a cabo una serie de cuadros que expuso en Caracas a comienzos de 1987 con el nombre de "Óleos". Esta muestra se denominó "Homenaje a Pessoa" por el texto del poeta portugués que lo acompañó:"...He saw Chis room and all in it from far. He saw the couch,the boy, and his own frame casi clown againstthe couch,and he become a clearer presence to himself.." [...Vio este cuarto y todo en el desde lejos. Vió la cama,el muchacho y su propia figura abatida contra la cama y el se convirtió en una presencia más clara para sí mismo ...].Aunque obviamente los óleos no ilustran nada de manera específica, ni siquiera "Antinoüs" de la cita de Pessoa, cabe pensar en varios pasajes de su obra literaria cuando se observa la escena, que se repite en cada uno de los cuadros y que muestra a un hombre acostado, velado por una figura extraña a la luz de la luna, entre otros, varios de su diario oscuro, lleno de visiones poéticas y reflexiones filosóficas, conocido como el Libro del desasosiego. Por ejemplo: "Dormir, ser lejano sin saberlo, estar echado, olvidar con el propio cuerpo; tener la libertad de ser inconsciente, un refugio del lago olvidado, estancado entre frondas verdes, en los vastos alejamientos de las florestas. Una nada con respiración por fuera, una muerte leve, de la que se despierta con añoranza y frescor, un ceder de los tejidos del alma al ropaje del olvido"5. Estas pinturas del artista, de extraña iluminación; son de sus obras más enigmáticas y poéticas. Como siempre, de rico y osado cromatismo. Las dos últimas series de pinturas de Lorenzo tuvieron que ver con la naturaleza: la primera, un conjunto de "Volcanes" de técnica mixta de 1988-1989 y la segunda, un grupo de "Bodegones con cabeza" de 1991, como de costumbre, sin título para el pintor. Hombre de ciudad y artista proclive a la figura humana, el paisaje era un motivo desconocido en su producción (exceptuando las ilustraciones y el cuadro A month in the country). Invitado por Unión Latina, con sede en París, a realizar un cartel para un festival de cine colombiano en esa ciudad, Lorenzo hizo un volcan, que también fue reproducido en el folleto "Colombie cinematographies".A partir de dicho trabajo, Lorenzo hizo la serie de "Volcanes", conjunto pequeño de cuadros no muy grandes en que, como es usual en su obra, el artista ejecutó variaciones en torno a un tema, en este caso una montaña en erupción. La presencia trágica de la naturaleza,que fue propia del romanticismo en casos como los de Friedrich y Turner, se recuerda ante estas pinturas que muestran un volcán activo en primer plano y desconocen el resto del paisaje. Una erupción es un fenómeno aterrador y al mismo tiempo fascinante; dos condiciones contradictorias caras a Lorenzo, quien aquí volvió a lucirse pintando grafismos y manchas vehementes en muy variados colores. Los "Volcanes" estuvieron antecedidos por un óleo de 1988, sin título, conocido como Derrumbe. Un cuadro tremendo en cuyo centro aparece enmarcada en un círculo una ciudad desvencijada; a la izquierda, un hombre cayendo al vacío con la cabeza hacia abajo y a la derecha, una figura erecta que sostiene con indiferencia a otra desfallecida. Estas imágenes independientes instaladas en un lienzo único tienen en común la referencia a la destrucción y a la muerte. Sin duda, una de las pinturas más testimoniales y patéticas del arte colombiano de los últimos años.
A fines de 1991 llevó a cabo Lorenzo su última exposición; la consagrada a siete óleos de "Bodegones con cabeza", realizados en pocos meses. Con gran esfuerzo, debida a sus precarias condiciones de salud, el artista pinta unos lienzos diferentes, en los que los colores aparecen con poco espesor, sin los empastes habituales. Aunque en cada uno se ven los mismos elementos, las composiciones son distintas tanto por la distribución de los objetos, como por los colores. Estos, como de costumbre, son intensos y muy variados. En uno de los mejores, por ejemplo: las vasijas son verde-azul oscuro y amarillo con café, las flores rojas y amarillas, la cabeza reúne verdes, rojos y amarillos y los someros planos de base y fondo son verde esmeralda, lila matizado, rojo, verde y café. Sorprendentemente, son de los cuadros más amables de Lorenzo. En ellos, los chorriones, los colores mezclados sin cuidado y el dibujo inseguro no desentonan sino que, por el contrario, aumentan su espontaneidad y sobre todo su apariencia desenvuelta y juguetona. Si la gran mayoría de los trabajos del artista se puede asociar con el expresionismo, en estos óleos finales es fácil pensar en el fauvismo. No se parecen en nada a los lienzos de Matisse y amigos de los primeros años del siglo, pero recuerdan, hasta donde esto era posible, su espíritu alegre y optimista. Sin duda, son la mejor declaración de Lorenzo respecto a su amor intenso por la pintura6 y por la vida. Finalmente, hay que mencionar de manera especial los retratos del artista. A lo largo de toda su vida profesional, desde cuando estudiaba en la Universidad Nacional, Lorenzo hizo retratos de muy buena factura, al principio principalmente dibujos al pastel; sólo en los últimos años prefirió el óleo. Como buen expresionista, sus retratos no se limitan al externo de los modelos,sino que se adentran en su vida interior, aun más establecen una comunicación psicológica entre el retratado y el propio pintor. Puede decirse que en sus mejores retratos no sólo se aprecia la personalidad del modelo, sino la misma personalidad de Lorenzo. En la mayoría de los casos son retratos de allegados o de personas muy conocidas. Y, como era propio de su estilo, trabajos de trazos y pinceladas fuertes y colores arbitrarios y vivos. Como es consecuente, cada retrato tiene características particulares; el de María de la Paz Jaramillo, pastel, demuestra carácter y dulzura al mismo tiempo; el del padre del artista, pastel, es muy profundo y melancólico; el de Eduardo Ramírez Villamizar, óleo, tiene una clara tensión psicológica y una atmósfera extraña, para citar algunos ejemplos. Si se exceptuan algunos pocos y extraordinarios grafitos de sus últimos días, en los que el artista se representó en sus actividades cotidianas, su único autorretrato se encuentra en la Fiesta, un óleo de 1990. En él su rostro se asoma en la parte inferior del lienzo; mira hacia afuera del cuadro y no tiene nada que ver con la escena orgíastica que invade la totalidad de la pintura. Sin duda alguna, con su admirado maestro de adolescencia Juan Antonio Roda, Lorenzo es el otro gran retratista colombiano de los últimos años. Al hacer un balance de la totalidad de la obra del artista resulta innegable que Lorenzo Jaramillo es el pintor, dibujante, ilustrador y grabador más importante de su generación. Su trabajo está respaldado por algo que hoy puede resultar exótico: el cultivo del espíritu, el savoir vivre. Tambien por el amor a los oficios, a las manualidades (hizo un curso hasta para aprender a hacer papel).A diferencia de tantos que hacen un arte esotérico, abstruso o completamente insustancial, la producción de Lorenzo es franca y surge de la realidad física y sobre todo del hombre, de sus circunstancias y en especial de su vida interior. Como buen representante del expresionismo, su imaginación se impone a las imágenes que realiza y como la mayoría de los mejores del siglo XX sabe que la realidad epidérmica que se capta con los sentidos no puede ser la única verdad. Esencialmente humanista,su visión del hombre llega a ser horrible, aunque en nada injusta. Por eso no deja de retocar con un poco de humor ciertas representaciones tremendas. 0 simplemente no toma partido y sólo muestra lo que sabe. Debido a los colores fuertes y variados, sus pinturas y muchos de sus dibujos resultan atractivos. Igualmente, debido a los trazos seguros y vigorosos su producción gráfica llama mucho la atención. Empero, tampoco son trabajos que se entreguen fácilmente, siempre prefieren guardar sus distancias. (En 1991 el artista dijo: "...Al comienzo, mis cabezas no le gustaban a nadie. Pero todo el mundo las miraba con detenimiento y eso es lo interesante. Y de tanto mirarlas, terminaban gustándole a la gente. Eso también me divierte..."7).Y para terminar hay que afirmar que el parangón que permiten sus obras con las de algunos artistas fundamentales del siglo XX sólo sirve para comprobar cómo todavía hay artistas que mantienen vigente una manera de concebir el arte que nació en el Renacimiento y que ha tenido una historia maravillosa muy difícil de superar.
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