Colombia
En Colombia la mirada de los artistas hacia el cambio se origina a partir de la década de los setenta, las modificaciones en la ejecución, el entrecruce de medios y herramientas se convierten en un hecho evidentes en los últimos diez años.
Los artistas entablan su relación con la ejecución de la obra como una confrontación y declaración de su biografía, ella puede remontarse a sus primeros años o cualquiera de la etapas de su existencia. Tomarán las sensaciones y encuentros con los sentimientos, con la naturaleza, con los problemas sociales, o con las fuentes simplemente estéticas. Esta podría ser la primera aproximación para encontrar una metodología que nos organice las propuestas estéticas y así podamos dialogar cercanamente con los nuevos lenguajes y expresiones de estos artistas.
Al establecer una primera clasificación en el arte colombiano aparecen en el panorama aquellos artistas, que en alguna de sus obras existió la intención en cambiar el soporte o medio y no importa el resultado olvidando la clasificación tradicional como señal de caducidad. Entre estos artistas están Enrique Grau-1928-, con su obra “Virtudes y Vicios” de 1982. La obra es el montaje en una gran vitrina vertical y de doble faz en cuya lectura deja muy claro los objetos que codifican cada uno de los dos extremos. Allí, acorta las polaridades, las acerca y a base de objetos y animales disecados, elementos textiles, los organiza en cada ambientación.
Beatriz González-1938-, Feliza Bursztyn-1933-, Bernardo Salcedo-1939-, Antonio Caro-1952-, quienes en distintos momentos comenzaron a realizar obras incluyendo materiales ajenos, quebrantando las formas de trabajo de la plástica tradicional.
González en los años sesenta temporalmente deja la superficie pintada con oléo para incursionar con las pinturas metálicas industriales “Apuntes Sobre la Historia Extensa” de 1967. Sobre plástico o textil planteándose el problema de extensas telas se destacan las obras “Cortina para el Baño de la Orangerie” de 1978, “Decoración de Interiores” de 1981 y acrílico sobre textil o toalla “Botticelli Wash and Wear”de 1976 en estas obra su interés lo postra en el sentido del soporte blando, flexible y transgrede la concepción del oficio del pintor conocido dentro de los términos usualmente acostumbrados. Salcedo en la III Bienal de Coltejer-1971 en Medellín- con la obra “Cien Bolsas de Heno”; Bursztyn de fuerte personalidad, de marcado y constante inconformismo con la sociedad, trabajó con la chatarra símbolo del desecho industrial. Desde 1972 en las “Cujas” y posteriormente en “Baila Mecánica”-1979- emplea la tela de raso para recubrir las esculturas en chatarra, ejecutadas para vibrar y generar ruidos desajustados. Caro desde comienzos de los setenta había quebrantado las leyes de la creación con sus recientes obras trabajadas en sal, agua, cajas de cigarrillo Marlboro con las que indaga sobre los problemas del comportamiento social y político del país. En 1976 produce la obra “Colombia” con el estilo de letras del logo de Coca Cola sobre materiales industriales tela, Jata, lienzo o cinta.
Desde 1975 hasta 1984 consecutivamente, el Museo de Arte Moderno de Bogotá exhibió durante diez años los diez Salones Atenas, con el apoyo de la agencia de publicidad de su mismo nombre. Durante esos años el curador quiso demostrar la experimentación, como elemento clave de los jóvenes vanguardistas colombianos que venían explorando. Esos años fueron fructíferos en el nacimiento de artistas que quebrantaban constantemente los medios tradicionales en el trabajo artístico. Tal vez, los nombres que hoy en día la historia del arte colombiano puede capitular con más claridad, porque vez, gran parte de sus obras están en los límites del rompimiento con la estética tradicional, son Miguel Ángel Rojas-1947-, Ramiro Gómez-1947-, Juan Camilo Unibe-1945-, Alicia Barney-1952-, Julián Posada-1960- y Rosemberg Sandoval-1959-, María Teresa Cano-1960-. En ellos existe el fuerte interés de salir del arraigo de la creación definida dentro de los parámetros de la pintura o escultura para encontrar una denominación más acorde en la de artista.
Otros artistas que han manejado su creación dentro de los límites en contadas y esporádicas obras como los cubrelechos, bolsas e individuales de Maripaz Jaramillo-1948- obras de enfoque utilitario. En la obra de María Teresa Cano el proceso de indefinición comenzó desde las primeras obras trabajadas con materiales comestibles -chocolate- y luego aparece el textil, vestido de novia, rosas disecadas, fragmentos textiles, entre otros recursos transforman la obra en un lenguaje ambiguo y de difícil clasificación.
Vale la pena destacar en el grupo de artistas del campo de la fibra donde los más innovadores son Liliana Villegas-1951-, Clara Inés Palau-1946-, Marta Ramírez-1957-, Diana Marcela Camelo-1959-, además de las más jóvenes que trabajan dentro de los materiales transformables y maleables están Carolina Mayorga-1972-, Ximena Guerrero-1973- y Elizabeth Morales-1973-.
Villegas fue la primera artista textilera cuyo interés radicó en convertir el tejido en un medio de expresión. Rompe con la acción de tejer como la tradición lo enseñaba, caso especial la obra que presenta en el Salón de Atenas de 1978, “Cien muñecas”. La vida de la mujer contada a través de cien muñecas desde la gestación, nacimiento, niñez, adolescencia, juventud, vejez y muerte aplicado a todos los ritos propios de cada época de la vida, hasta darse el momento cumbre en su obra presentada y actuada en el Teatro Colón “Oilé”-1985-. Allí reúne en una obra, un gran conjunto de expresiones -fibra, tejido, escenografía, danza, luminotecnia, música, acciones, y performance-, consideradas en nuestro medio regularmente separadas, y son mezcladas dentro del espectáculo. Palau había expuesto como tejedora y a partir de 1989 exhibe su exposición titulada “Amor Sacro y Amor Profano”, donde el lenguaje de la expresión femenina se evidencia de tal manera evocando a la mujer en los sentimientos más fuertes e íntimos. En esta obra se dan el amor y el dolor, a la vez unidos sin poder existir independientemente son sensibles y sublimados en los recuerdos de la vida femenina. El encaje, las rosas, el alambre de púas, y los poemas de Santa Teresa de Ávila son los códigos que simbolizan los extremos del amor carnal y el amor místico.
Marta Ramírez hasta 1985 es la tejedora más consagrada en la realización del trabajo artístico con gran minuciosidad, pero a partir de la investigación que adelanté con la comunidad étnico de los wayúu -Guajira colombiana- le da un impulso muy especial al enfoque de su obra, produciendo el cambio en el empleo de los materiales. La obra es textil por ser con materiales flexibles, lo industrial lo moldea y convierte en tejido decorativo, con la preocupación de alcanzar la calidad y delicadeza propia de quienes son afines al sentido de laboriosidad a través del tacto.
Son ellas las que incursionan dentro de los límites de la transgresión. Los resultados de sus obras están en el límite, ni es esto, ni es aquello pero sí dejan el camino abonado, para que después de los ochenta, otros artistas conocidos y aceptados más comúnmente por las reglas de la pintura y escultura, en la década de los noventa, como Doris Salcedo-1956-, serán quien incorpora materiales textiles en la preparación dentro de ese campo.
Retomando artistas que trabajan ciertas obras ocasionalmente con rompimientos y en especial interesándose por lo textil están: Doris Salcedo- 1958-, María Fernanda Cardoso-1963-, Rodrigo Facundo-1958-, Luz Ángela Lizarazo-1966-, y Juan Fernando Herrán-1963-. Sus obras oscilan entre diversos medios empleados en la ejecución, según el planteamiento y solución al problema creativo. No son artistas acostumbrados a detenerse en concepciones tradicionales, por el contrario, transforman la manera de trabajar del artista. Se comportan independientemente según cada propuesta. Salcedo, Cardoso, Facundo, Lizarazo y Herrán han recorrido un amplio espectro de medios que van desde interesarse por la naturaleza, hasta la realización y enriquecimiento de la obra por el proceso empleado. Transplantan los elementos buscados, o encontrados, o disecados, o juegan con ellos en una instalación siempre respondiendo a nuevas situaciones y espacios. Facundo replantea frecuentemente el soporte, el cual está en continua transformación; son de su interés los medios de reproducción industrial, la fotografía, el video, los equipos de la era industrial, el empleo del computador como herramienta de apoyo.
Inés Wickmann-1958-, en su exposición de los “Dechados” de 1995 convierte en tema el muestrario de los encajes de bolillo, frivolidad, crochet, punto de cruz la artista retorna con ellos mundos acallados por generaciones que negaron y malinterpretaron las labores femeninas consideradas más una abnegación que un completarse en ellas como seres. Ahora, gracias al reencuentro de la ensoñación la levedad toma fuerza, abre este mundo sosegado y revalora el gusto perdido por la fibra y el trabajo textil. Los niveles afectivos y emocionales en la obra de Wickmann son esenciales, aunque el “dechado” relaciona los momentos de aprendizaje del medio transforma y recrea las nuevas formas, ligando la vida del individuo y su existencia con la puntada como signo del tiempo.
Nancy Friedemann-1962-, Carolina Mayorga y Ximena Guerrero artistas jóvenes, aunque de diferentes generaciones, tienen algo en común, el interés por la manipulación de materiales. En Nancy Friedemann predomina el mundo interior de recuerdos, impresiones e imágenes de la realidad afectiva. Explora las intimidades en su contexto para penetrar en la sensibilidad femenina encontrando lo más válido en las imágenes metafóricas, cuestionando y valorando con intensa afinidad la condición de mujer. En la obra trabajada en crochet, en látex, y carbón, estos se convierten en materiales alusivos o se relacionan a las fuentes de origen traspasando las fronteras para enfatizar las sensaciones afectivas producidas durante el recorrido de la vida.
Carolina Mayorga y Ximena Guerrero manejan el concepto de la obra dentro de las categorías de extremos. Mientras la obra de Mayorga es el proceso de materiales naturales que convierte en escultura viviente los recortes de césped tejiéndose. En el caso de Ximena Guerrero, en la deconstrucción de los materiales textiles, orienta la síntesis del concepto de la creación evocador y transmisor de intensas cargadas capaces de traspasar los límites del tejido tradicional e intercomunicar extremos ideológicos, de apariencia, de relaciones entre lo natural y artificial, entre la actitud de la laboriosidad con la aparición de medios industriales.
Elizabeth Morales aunque es la más joven de los seleccionados en su tesis de grado “Ausentes” 1997, su propuesta es sui generis, en este estudio investiga la moda, su historia y el eje principal es siempre la mujer. Desde muy temprano se perfiló como una artista interesada en los significados y connotaciones de los elementos que ayudan a la definición de los esquemas, roles y símbolos de lo femenino. El traje y la indumentaria se convierten en un motivo de comunicación donde el hombre se hace presente a través del vestido femenino, habla de los roles de la mujer y ella evidencia lo que le molesta hoy en día en relación con lo sucedido en el pasado. En cada traje llega a una síntesis de aquellas distancias y mortificaciones que le acaecen al artista. Estos atuendos son la otra piel; viste al cuerpo en sentido metafórico para llegar al resultado de esculturas que están en el límite: ni lo uno ni lo otro, ni son vestidos reales, ni son estructuras fijas o estáticas. “Ausentes” son la ambigüedad cargada de significados. En algunos casos las obras seleccionadas y en otros los artistas nos llevan a considerar lo indefinible dentro de la tradición como puntos básicos en los procesos insondables de la mente creativa. Retomando el punto de partida, en estos tiempos en los que las normas han desaparecido, donde no existen las fronteras, la creación se abre para dar paso a un permanente entrecruzamiento de ideas, de medios hasta llegar al mayor despliegue donde todo se puede, todo se intenta, todo se transgrede, todo se traspasa y la creación gestada en las zonas límites de la permeabilidad o flexibilidad de la mente hacen posible toda aparición y todo cambio.
