1. MARCO TEÓRICO
 

1.1 ANÁLISIS DE CONTENIDO
 

En un sentido tradicional, el análisis de contenido es una técnica o herramienta cuantitativa de investigación que sirve para describir objetiva y sistemáticamente el contenido manifiesto de una comunicación6, una forma particular de semántica cuantitativa en la que se asume que el significado simbólico de los mensajes está neutralmente en ellos. Con su desarrollo contemporáneo, parece más conveniente definir esta metodología como "una técnica de investigación destinada a formular, a partir de ciertos datos, inferencias reproductibles y válidas que puedan aplicarse a su contexto"7.

El cambio no es inocuo, en absoluto, pues en lugar de sostener que existe un contenido único y latente en los mensajes, que puede ser simplemente extraído y cuantificado, se afirma que el contenido no constituye una cualidad objetiva o absoluta de las comunicaciones. Entonces, a pesar de que el análisis de contenido es una herramienta con raíces positivistas, especializada en las dimensiones cuantificables y directamente observables de los mensajes, tiende a definirse como un instrumento que supera el cómputo de cantidades y se declara pertinente para analizar, por igual, lo manifiesto y lo latente en los hechos simbólicos, tanto verbales como comunicativos.

Su fiabilidad sigue proviniendo de la posibilidad de reproducir sus resultados, pero supera un interés meramente computacional al hacerse consciente de los cimientos sistémicos de los mensajes, cuya particular naturaleza obliga a recurrir al contexto de los datos para poder realizar inferencias adecuadas. Las pautas presentes en esa información son interpretadas como índices y síntomas de fenómenos sociales, políticos, lingüísticos, psicológicos, etcétera, a partir de la formulación de inferencias, razonamientos lógicos que se expresan a partir de datos verbales, simbólicos o comunicativos8, sin desprenderlos del contexto, pues dependen en gran medida de las relaciones estables dentro de un sistema, y cuyo objetivo es analizar y conceptualizar precisamente ese fragmento de realidad que les dio origen. Las inferencias que interesan al análisis de contenido son aquellas que expresan relaciones estables entre los datos y un sistema, que puedan extenderse en el tiempo y en el espacio, aun cuando su finalidad no sea predictiva sino solamente descriptiva y que puedan enunciarse de formas tan diversas como tendencias, pautas, diferencias, normas, etcétera.

Siguiendo a Klaus Krippendorff, el desarrollo de una investigación con este método debe seguir ciertos pasos en orden secuencial:

• Formulación de los datos.
    o Determinación de las unidades.
    o Muestreo.
    o Registro.
• Reducción de los datos.
• Inferencia.
• Análisis.

Los datos, en su forma más simple, son estímulos físicos registrados, que constituyen una unidad de información; deben ser representativos de fenómenos reales con tal de dar cuenta tanto del vínculo entre las fuentes de información como de las teorías y modelos concernientes a su contexto. En cada trabajo debe aclararse cuáles datos se analizan, cómo se definen y de qué población se extraen, pues son lo único que está directamente disponible para el analista, y no así su contexto, cuya delimitación o construcción depende en mayor medida del investigador, quien debe preocuparse por incluir todas las condiciones circundantes, antecedentes, coexistentes o consecuentes, de acuerdo con la disciplina desde la cual esté observando un fenómeno. Se trata, de todos modos, de una demarcación arbitraria, pero cuya utilidad para la investigación es indiscutible, pues aclara los límites epistemológicos de la investigación y separa lo que es pertinente y lo que no, en cada caso.

Los datos deben cumplir ciertos requisitos para servir de base a un análisis de contenido; básicamente deben poder distinguirse y separarse en unidades, cuyo número no sea tan grande que se hagan inmanejables, de tal manera que se pueda realizar sobre ellos una actividad de muestreo y, finalmente, deben poder registrarse en un medio duradero que permita ser posteriormente analizado.

Las unidades deben responder, al máximo posible, a los datos empíricos más significativos y deben ser fácilmente identificables, mientras que la tarea de muestreo consiste en reducir el número de unidades hasta asegurarse de que son los elementos más representativos del conjunto elegido9.

Según Maurice Duverger, las unidades en las que se dividen los datos deben ser clasificadas en categorías predefinidas que dependen de la investigación que se esté realizando y de la hipótesis planteada, y cuya determinación debe responder a los temas, a la forma en la que éstos se tratan, a la intensidad del efecto producido por la comunicación estudiada, a los procedimientos retóricos, a los valores expresados o defendidos, al estatuto personal o rasgos de carácter de los personajes a que se refieren los documentos, etcétera10. Agrega que las categorías; deben ser puestas a prueba mediante procedimientos de comprobación de fidelidad y validez. Este procedimiento, que se consideraba el principal rasgo de un análisis de contenido, le ha cedido el paso a la formulación de las inferencias, explicada anteriormente, como razón de ser de esta metodología.

El análisis corresponde a la etapa más convencional de relación de las pautas más visibles o estadísticamente significativas, que dan cuenta de los resultados de la investigación. Puede basarse en técnicas diversas como el estudio de frecuencias, asociaciones o correlaciones cruzadas (encadenamientos entre las variables), contingencias (asociaciones a partir de co-ocurrencia) o conglomerados (reducción y agrupación de conceptos), entre otros11.

6
KRDPPENDORFF, Klaus. Metodología de análisis de contenido. Barcelona: Ediciones Paidós, 1990, pág. 28.
7
Ibidem.
8
Ibidem, pág. 27.
9
Para identificar los modos en los que se puede realizar un muestreo, véase KRIPPENDORFF, Klaus. Op. cit, capítulo 6.
10
DUVERGER, Maurice. Op. cit., págs. 181-189.
11
Ver KRIPPENDORFF, Klaus. Op. cit, capítulo 10, págs. 161-174.
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