Biografía

 


Nació José Félix Mejía Arango, Pepe Mexía para el mundo de las artes y las letras, el 22 de febrero de 1895 en Concepción, Antioquia, del matrimonio de Félix Mejía y Sara Arango, del cual nacieron otros ocho hijos. Su padre fue oriundo de Yarumal y emparentado con el poeta Epifanio Mejía. Su madre nació en Concepción. Esta ascendencia le sería de gran importancia en la vida. En efecto, Claudino Arango, tío materno, casó con Isabel Carrasquilla, hermana única del escritor Tomás Carrasquilla y llegó a ser su suegro con el transcurso de los años. De allí surgió una entrañable amistad con el novelista que influiría enormemente en su personalidad y vida artística.

La niñez transcurrió en varias localidades al norte de Medellín, donde se desarrollaban los negocios de su padre. Este falleció en 1904 y poco después la familia se trasladó a Medellín para quedar bajo la tutela de Don Claudino, quien ya residía en esta ciudad. En Medellín terminó sus estudios: los de bachillerato en el Colegio de San José y la carrera de Ingeniería Civil en la Escuela de Minas. Nunca se doctoró en esta profesión pues su inclinación era definitivamente hacia las letras, el arte y la arquitectura. Los escasos recursos económicos de la familia no le permitieron hacer estudios académicos en esta profesión ya que en el país no existían aún facultades de arquitectura y no le era posible viajar a estudiar al exterior.

Por esa época comienzan a manifestarse sus inclinaciones por las formas modernas del arte y a revelarse su personalidad artística, completamente original y diferente a lo conocido en el medio.

En 1915 funda, con un grupo de jóvenes escritores y artistas, la revista Panida, alrededor de la cual se integro el grupo conocido como "Los Panidas", de gran importancia literaria y cultural en la época. Se recuerda que su número fue de trece, pero pocos recuerdan sus nombres y seudónimos: León de Greiff (Leo Le Gris y Juan Cristóbal), Teodomiro Isaza (Mosén Canijo y Tisaza), Rafael Jaramillo Arango (Fernando Villalba), Félix Mejía Arango (Cornelio Rufo Pino y Pepe Mexía), Libardo Parra Toro (Tartarín Moreyra), Ricardo Rendón (Daniel Zegrí y Arlín), Jesús Restrepo Olarte (Xavier de Lys), Eduardo Vasco (Alhí Cavatini), Jorge Villa Carrasquilla (Jovica y M. Carré), José Manuel Mora Vásquez (José Manuel Montenegro), José Gaviria Toro (Joselín), Fernando González y Bernardo Martínez (quienes nunca utilizaron seudónimo). La actividad de este grupo marchó ligada a la bohemia cultural de esos años muy vinculada a la vida de don Tomás Carrasquilla, que se desarrollaba en los cafés "El Globo', "El Blumen" y "La Bastilla", entre otros.

La parte ilustrada de la revista corrió cargo principalmente de Ricardo Rendón pues si descontamos alguna orla decorativa puede decirse que Pepe Mexía no dibujó une línea en ella. Su colaboración se limitó a varios "pecados" literarios: con el seudónimo de C. R. Pino cometió varios poemas y prosa líricas, y en unión con Tisaza escribió vario textos que firmaron como "Helena de Maia". Los primeros cuatro números de Panida lo dirigió León de Greiff, y Pepe los seis últimos. La revista se extinguió en junio de 1915.

Por aquella época era ya usual la presencia de sus ilustraciones en otras publicaciones entre las que se recuerda Revista Colombia (1916 -1921), Sábado (1920 -1923) y los periódicos El Espectador, El Bateo, El Correo Liberal y Colombia. Aparecen en ellas los primeros "Juncos" o sea la representación muy personal y estilizado, en poquísimas líneas, de las figuras -principalmente la humana- Como expresión de estudios psicológicos de la personalidad, las costumbres y las circunstancias de la vida diaria. Esto fue radicalmente novedosa y original y coloca a Pepe Mexía como el introductor de las corrientes de vanguardia en Colombia. La economía del dibujo, la depuración de la línea y la agudeza de la observación psicológica son sorprendentes. Este sería el principal punto de partida para mucha de su producción posterior.

Después de trabajar algunos años en sección de edificios del Municipio de Medellín, funda en 1920 su primera oficina arquitectura, llamada "Félix Mejía y Cía.", la cual vinculó, entre otros, a don Agusto Govaertz, notable arquitecto belga, autor los proyectos del Teatro Junín y de la Gobernación de Antioquia.

En 1922 contrajo matrimonio con María Arango, hija de Claudino y de Isabel Carrasquilla y, por consiguiente, sobrina de don Tomás Carrasquilla. Esto estrechó aún más los vínculos con el maestro quien llegó a dedicarle su principal novela, La Marquesa de Yolombó. Extracto un párrafo de la dedicatoria que señala muy claramente cuál era concepto que tenía Carrasquilla de su producción artística:

A ti, caricaturista y dibujante de tan subido modernismo y partidario de los figurones estilizados y contrahechos, que hoy priman en las pinturas decorativas, no deben disgustarte del lodo los mamarrachos tan acentuados y los fondos tan escandalosos que saco en estos cronicones [...].

Fue militante del partida liberal y paralemente can la actividad artística y la arquitectónica va desarrollando la política, que le traería la primera satisfacción con la elección como principal a la Cámara de Representantes en 1931. Esa elección fue la recompensa a campaña de Enrique Olaya Herrera, que cumplió en medio de arduas penurias por tierras y ríos del Chocó, en compañía de Lázaro Restrepo, su amigo y compañero de política durante toda la vida. Este hecho lo condujo a trasladar su residencia a Bogotá durante dos años; allí residió en casa de su hermana Fanny, casada con el Panida Jesús Restrepo Olarte, quien firmaba sus poemas como Xavier de Lys.

En la capital hizo amistad con los principales políticos liberales de la época, entre ellos Enrique Olaya Herrera, Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo y Alberto Lleras Camargo. Pero más importante que el aspecto político durante su estancia en la capital, fue el contacto con las culturas precolombinas, cuyo estudio empezaba a florecer en los museos de Bogotá y que tanto le subyugó desde el punto de vista de manifestaciones artísticas. Levantó un valioso inventario de motivos indígenas, que le permitió posteriormente utilizar estos elementos en gran variedad de aplicaciones decorativas, y aun industriales, y como tema de muchos dibujos y composiciones. Más tarde completaría una invaluable colección de piezas de cerámica y otros materiales, que finalmente donó en generoso gesto a la Universidad de Antioquia.

A su regreso de Bogotá desarrolla gran actividad en el campo arquitectónico, de la cual quedan aún algunas muestras en la ciudad. Esta actividad la complemento con la aluminosa y continua lectura de libros de arte, arqueología, novela, etc., los cuales pasan a engrosar su ya amplia cultura artísca y su biblioteca, muy rica en obras sobre arte, principalmente. Todo esto se manifestó los dibujos ejecutados en los ratos de descanso y de ocio, utilizando cualquier trozo de papel que tuviese a la mano y sin la más mínima intención de producir una obra artísca. Todo lo hizo en plan de dejar obrar la paginación o en plan de ensayo de estilos y corrientes de actualidad o en plan de diversión o de hacer atenciones a sus amigas.

Ya desde tiempo atrás (1923), venía trabajando en otra importante faceta de su producción, cual fue la ilustración de los libros de sus amigos. Destacamos como muy importantes los de Fernando González, Tomás Carrasquilla, Abel Forma, Alfonso Castro, Alonso Restrepo Moreno, Salvador Mesa Nicholls, Federico Trujillo V., José Luis Restrepo y, sobre todo, Ciro Mendía. Es el momento de recordar la amistad con este gran poeta, que no fue Panida pero sí su compañero inseparable de bohemia y tertulia literaria. De esas tertulias fue muy famosa la del Negro Cano, que se realizaba en la librería del mismo en la carrera Carabobo y de ella quedó un simpatiquísimo poema de Ciro Mendía con dibujos de Pepe y la ilustración del libro Madrigales del Negro Antonio J. Cano, notoria por la adaptación de los dibujos al estilo romántico del libro y por las novedosas características editoriales de la publicación.

Aproximadamente en 1935 funda una nueva sociedad profesional que se denominó "Estudios Nuti", a la cual vinculó primero a Carlos Obregón y, posteriormente, a Eduardo Vásquez Ochoa. Paradójicamente fueron éstos quienes llevaron en peso el desarrollo de los aspectos modernos de la arquitectura en la sociedad, pues él se movía en este campo con mucha mayor propiedad en los estilos clásicos y coloniales. Esta sociedad perduró hasta 1950 aproximadamente, para ampliarse con la admisión de Federico Vásquez Uribe y de Félix Mejía (hijo), bajo el nuevo nombre de "Nuti y Cía. Ltda.", que subsistiría hasta 1958. A esta última etapa estuvo también vinculado su sobrino Rafael Arango Alvarez, quien le colaboraría posteriormente y de manera notoria en los dibujos del templo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Medellín).

La actividad política no decae y en 1939 es llevado a la Alcaldía de Medellín por el Gobernador Eduardo Uribe Botero. También perteneció, en esos años, a varias juntas administrativas, entre las que se recuerda la del Ferrocarril de Antioquia y la de Rentas Departamentales. Es también la época de la creación en Medellín de la seccional de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, de la cual llegó a ser Presidente en la regional.

De 1942 a 1945 aparecen sus retratos alegóricos, sin duda lo más perfectamente acabado de su producción y de los cuales se presentan en esta muestra los de Fernando González, Carlos Obregón, Ignacio Gómez Jaramillo y el de Ciro Mendía, este último en una versión definitiva encontrada este año y que posiblemente ni el mismo Ciro alcanzó a conocer. Obsérvese que éste, de Ciro, fue ejecutado a la acuarela en lugar de las técnicas de lápiz y tinta que normalmente utilizó, Aquí vale advertir que de Pepe Mexía no se conoce un solo trabajo al óleo y apenas unos cuatro o cinco a la acuarela.

En el período de la Segunda Guerra Mundial ve realizado su sueño de toda la vida: construir su casa propia de habitación. Siguiendo su gusto arquitectónico la diseñó en estilo colonial, sin lujos, pero con un valiosísimo trabajo artesanal en hierro forjado, madera torneada y azulejos. Allí residió hasta 1960. La residencia subsiste pero no es propiedad de los herederos.

Es la ocasión de mencionar su familia. Del matrimonio nacieron cuatro hijos. El primero, Félix, en 1923. El segundo, Carlos Nicolás, en 1928 pero falleció prematuramente siete años después. Las dos hijas nacieron ya en la época de la guerra: María Cecilia, quien reside en Bogotá y Constanza a quien se debe la recopilación y clasificación de casi todo el material presentado en esta exposición.

Durante la década de 1940 a 1950 realizó tres viajes que contribuyeron de manera notoria para aumentar su patrimonio cultural. El primero fue al Ecuador y al Perú, donde entró en contacto directo con las culturas Nasca e Incaica y con la maravillosa herencia colonial arquitectónica de estos países, mucho más rica que la nuestra.

Luego, en 1947, viaja a Europa y entra a estudiar directamente la obra de los pintores de vanguardia: de manera especial Piccaso -de quien llegaría a ser un gran conocedor-, Dalí, Leger, Klee, Miró, etc. Ello le permitiría experimentar, con una gran libertad e imaginación, en los diferentes estilos y escuelas, como se puede apreciar en esta muestra. Así mismo aprovecha este viaje para profundizar en los conocimientos del Gótico con el objeto de desarrollar el proyecto del Templo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, iniciado por el arquitecto Ormaechea quien, al fallecer, sólo había construido las bases del templo y no había dejado suficientes detalles que hubieran permitido implementar el estilo escogido. A la postre, ésta fue para Pepe Mexía su obra maestra arquitectónica. Entre 1950 y 1955 hace dos viajes a México, con lo cual completo su conocimiento directo de las grandes culturas precolombinas. Inclusive leyó a los cronistas españoles del siglo XVI, para mejorar sus ya extensos conocimientos sobre estos temas. No abandona, sin embargo, su actividad profesional y se dedica cada vez más a la arquitectura religiosa, destacándose en este aspecto los templos de El Perpetuo Socorro -ya mencionado-, el de San Miguel en el barrio de Villa Hermosa, el de la Normal de Señoritas en el de Buenos Aires y el de la ciudad de Apia (Caldas), estos dos construidos en la década siguiente y que vendrían a ser sus últimos trabajos en el género.

Tampoco abandona su actividad política y asiste regularmente a la Barra de los Bolos en el Club Unión ya la Del Madroño en el Club de Medellín, ambas de carácter más político que literario. Es de recordar aquí que había sido fundador del Club Campestre de Medellín y practicó el golf hasta 1930. Luego volvió a este deporte en la década del 50. Esto le permitió analizar de cerca la plástica que encierran los movimientos de este deporte y producir una maravillosa serie de dibujos informales sobre el mismo, reviviendo el estilo de los Juncos de 1920.

En 1958 regresa al Congreso de la República en calidad de Senador, cargo que desempeña hasta 1960. Sería su último viaje fuera de Medellín y a su regreso se dedica de lleno a la actividad profesional.

Por esta época vendió su casa, para vivir en el centro de la ciudad en un apartamento más reducido y más cercano a su lugar de trabajo. Esto le significó también el desplazamiento de gran parte de la biblioteca y de la actividad artística a su pequeña finca en la vereda de Los Salados en el municipio de El Retiro. Allí disfrutó casi todas los fines de semana de la compañía de Ciro Mendía y otros amigos y sobrinos quienes lo visitaban en esas ocasiones para gozar, en ambiente familiar, de su conversación y conocimientos.

Otro aspecto de su cultura fue el de las colecciones que logró reunir con los años. Además de la de piezas indígenas ya mencionada, hizo una muy valiosa de estampillas y otra de porcelanas que incluía más de dos cientos potes de farmacia, adquiridos personalmente en ciudades del país y del extranjero. Algunos de estos potes y el piano de José Asunción Silva, comprado en Bogotá, forman parte en la actualidad de la colección de la Hacienda Fizebad.

Su última década productiva es la de 1960 -1970 dedicada a la actividad profesional, ya la elaboración de dibujos, muchos de los cuales están aquí presentados.

Hacía 1970 se notan los primeros síntomas de una progresiva pérdida de la memoria que lo conduce rápidamente, a la total cesación de actividades y, ocho años después, fallecerá en forma tranquila el 21 de julio de 1978.

Su esposa lo seguirá cuatro meses después, tal vez como signo de la indisoluble unión que llevaron durante 56 años. Ella supo siempre comprender y apoyar esa multifacética personalidad que encerraba un alma tranquila y bondadosa, altamente influida por la timidez y el desinterés por las cosas terrenales.

Después de repasar su vida he llegado a la conclusión de que, además de estar ante un espíritu profundamente artístico, se está también ante un desconocido humanista que nunca quiso proyectarse más allá de su vida afectiva en ninguno de los dos aspectos, quizá por un exagerado sentido de la autocrítica.

Félix Mejía A.
Mayo de 1986.

 


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