Aproximación a la Obra de Pepe Mexía
Sobre los inicios del arte moderno en Colombia existen tres teorías. Una, la tradicional, sostenida por Gabriel Giraldo Jaramillo, Luis Alberto Acuña, Jorge Zalamea, Walter Engel y Germán Rubiano, señala al grupo Bachué -seguidores del muralismo mexicano- como el iniciador en los años treinta de la ruptura con la Academia y el propiciador en nuestro medio de un arte americanista contemporáneo.
La segunda, planteada y defendida con vigor por Marta Traba -E. Barney Cabrera y Gil Tovar apoyaron su tesis- señala que el arte moderno sólo irrumpe en Colombia con el advenimiento del arte abstracto y concretamente con la aparición de Los Monstruos": Obregón, Wideman, Ramírez Villamizar, Botero, Negret, Grau y Rayo.
La tercera tesis, la correcta, plantea la existencia de una vanguardia clandestina (1915-1930), enclavada entre el período de dominio de la Academia (Leudo, Pizano, Acevedo, etc.) y la aparición de los Bachués. De allí que su enfrentamiento no fue sólo contra el gramaticalismo de la Academia, sino también contra el discurso politiquero de los Bachués. A esa ruptura artística, propiciada por las obras de José Posada, Pepe Mexía, Scandroglio, Trujillo Magnenat, Rendón, Franklin, Nel Rodríguez, Carlos Obregón y otros, se han referido apenas de manera parcial críticos como Pedro Restrepo Peláez, Darío Ruiz Gómez y Alvaro Medina.
Este hecho, el que la crítica nacional apenas comienza a desbrozar, a descubrir, a investigar y replantear la real historia del arte en nuestra patria y que apenas ahora se inicia el conocimiento y la valoración de la obra de un Pepe Mexía, de un José Posada, confirma plenamente el calificativo que le damos de "vanguardia clandestina" a este puñado de caricaturistas, dibujantes y pintores que, por sus propios medios y sin estudios en el extranjero, hicieron precozmente contemporáneo el arte en Colombia.
Y vale lo de precoz, pues el mismo Alvaro Medina afirma que a ellos -los dibujantes y caricaturistas- "debemos asignarles el inesperado e insospechado mérito de haberse constituido en grupo inicial de ruptura, verdadera vanguardia de nuestra plástica porque fueran capaces de adentrarse en propuestas visuales que rompían todos los moldes conocidos [...]. Lo que hallamos en los años 20 es una caricatura que consideraba y recogía los aportes de las corrientes vanguardistas".
II
¿De dónde surge esa vanguardia clandestina? No cabe duda que fue el grupo de Los Panidas en Medellín el primero que señaló derrotero, pues, según palabras de Alva Medina, "aventuró una propuesta emparentada con Dada". Un breve texto de 19 sobre la caricatura, escrito por Pepe Mexía publicado en el No. 6 de la revista Panida hizo las veces de manifiesto artístico del grupo y, por ende, de la generación de Los Nuevos. La parte clave de dicho texto es siguiente:
Mañana, la caricatura será más que arte, la línea estará dominada, el ojo y mano desentrañarán el alma más escondida, una línea les será necesaria, punto, una de esas flechas que se empleen los textos de térmica para indicar las corrientes caloríficas.
Pero, sobretodo, se constituyó en el ideal mismo que perseguiría el propio Pepe Mexía para su obra artística: por vía de la decantación llevar la línea a su grado máximo síntesis, hasta hacerla "cantar" por sí misma consiguiendo con ello un expresionismo géneris, un producto "síquico-abstruso" (son sus palabras) de indudable originalidad. O utilizando tintas y lápices de colores logro mediante su imaginación o mediante su libérrima utilización y mezcla de elementos adaptados del cubismo, el dadaísmo, el surrealismo o inventados por él, llegar a ese "a simple de las ideas" donde un color, una forma esquematizada, una figura geométrica, una voluta, exprese (de manera abstracta, concreta, racional o abstruso) con singular plasticidad aquello que el artista quiere, al modo "de esas flechas que se emplean en textos de térmica para indicar las corrientes caloríficas".
Quizá por eso sea casi imposible clasificar o encasillar la obra de Pepe en una escuela o corriente: Ignacio Gómez Jaramillo habla de superrealismo; Restrepo Peláez d abstraccionismo, cubismo . . . y termina a afirmando que Pepe fue algo así como un intuitivo precursor del "minimal art". Su novedosa originalidad hizo que en 1925 el maestro Francisco A. Cano, al preguntarle por Pepe Mexía en un reportaje, afirmara:
-No lo entiendo. Soy incapaz muchas veces de entender sus dibujos, Unos sí, pero otros no. El dadaísmo, el cubismo, me los explico, y no me gustan. Pepe Mexía me lo explico.
III
Con orgullo digo que esta es la primera vez que se reúne y expone una muestra amplia de la obra de Pepe Mexía y es, por lo tanto, la oportunidad de comenzar apenas a efectuar su análisis y evaluación.
Y es paradójico que lo primero que debe hacerse es separar al Pepe dibujante del Pepe arquitecto. Al lado de aquél, vanguardista y moderno en el mejor sentido, éste, el arquitecto, aunque impecable fue conscientemente tradicional en sus trabajos, prefiriendo siempre los estilos clásicos y el colonial a cualquier aventura en este campo. Según testimonios fiables en arquitectura hacía suya la frase de Wilde que repetía a sus arquitectos amigos: "No hay que ser moderno en demasía, por que repentinamente quedamos anticuados".
Y siguen las paradojas: nuestro clandestino vanguardista nunca se sintió ni se creyó artista (en un extraño poemilla titulado "El esqueleto" se autocalifica de poeta, no de artista); por eso sus obras las realizaba en cualquier modesto papel o cartón que encontrara a la mano, y valiéndose de mínimos instrumentos (lápices, tintas, guachas y, muy de vez en vez, acuarelas), y a sus dibujos, con despectivo cariño, los llamaba monigotes. La investigación, la elaboración, la creación de una obra plástica la tuvo siempre como un divertido e interesante experimento, pero nunca la consideró una profesión ni la miró como verdadero arte.
IV
La clasificación y la dotación son otro problema: al no considerar su obra cosa de arte, no se daba el cuidado de fechar y, en muchísimos casos, ni siquiera de firmar. Por eso la cronología que presento a continuación debe tomarse a beneficio de inventario, o sea como simplemente aproximativa y provisional:
1- De 1915 a 1919 su dibujo, aunque ya tiene todo su toque personal de sinteticidad y de línea depurada y exquisita, está marcado por cierto decorativismo que, a pesar de su innegable originalidad, deja ver cierta apropiación transformada de elementos Noveau y Décco.
2- Desde 1919 hasta 1925 esa depuración de la línea lo lleva a inventar el "junquismo", quizá lo más radicalmente original y novedoso de su producción. E inicia sus dibujos con formas larvadas y microbianas y sus primeros experimentos geométrico-abstractos, un poco cubistas, a lo Leger.
3- Desde 1923 y durante toda la década de los 30, al lado de sus caricaturas de personajes que compiten con sobrada calidad con las de sus contemporáneos por la plasticidad figurativa y la agudeza psicológica, realiza una notable cantidad de ilustraciones, viñetas, exlibris y carátulas para libros, de extraordinario buen gusto y moderna e ingeniosa factura. Incursiona, además, en el diseño publicitario, elaborando algunos revolucionarios afiches y avisos comerciales.
4- De 1935 a 1940 utiliza sus extensos conocimientos de diseño precolombino, fruto de sus estudios de orfebrería y cerámica indígena colombiana, y los comienza a integrar y mezclar -valga la palabra- con su propia obra, ya como parte del dibujo mismo o valiéndose de "collages" fotográficos. En este período inicia sus trabajos en cerámica, platos y pequeños baldosines, donde reproduce una buena serie de sus "juncos" y algunos de sus diseños indígenas.
5- Entre 1942 y 1944 realiza la serie de los retratos, quizá lo más cuidadosamente elaborado de su producción y donde, valiéndose de figuras, formas y elementos (unos figurativo- cubistas, otros geométrico-abstractos y otros esquemático-lineales) logra realizar inigualables retratos psicológicos superrealistas.
6- De 1945 a 1970, sobre todo después de su viaje a Europa, su obra se convierte en un abierto y consciente juego, un experimento libre, un verdadero divertimento con sus propias invenciones y con toda clase de escuelas y estilos vanguardistas, donde se descubren reminiscencias de Grosz, Piccaso, Leger, Klee, Kandinsky, Miró, Gris, Marinetti, etc., etc. Lo que hace allí Pepe es tomar descomplicada e irreverentemente algún motivo, alguna forma, para convertirlos y transformarlos en su lenguaje. Para reinventarlo a su manera, a su inimitable manera.
Esa experimentación libérrima sólo se ve interrumpida por un fugaz retorno al "junquismo" (que nunca abandonó del todo): en 1950 retomo y completo una larga serie de "juncos golfistas" que había iniciado en 1931 y aparecieron publicados en uno de esos famosos álbumes comerciales sobre la ciudad de Medellín.
Heredero influido directamente por Pepe es Omar Rayo: no cabe duda que su "bejuquismo" de los años cincuenta provino del "junquismo" de Mexía. Y acaso ciertas ilustraciones y dibujos "modernos" -algunos de ellos excesivamente esquemáticos- del primer Botero (1949-1951) tengan también algún aroma procedente de los "figurones estilizados y contrahechos" de Mexía. Al fin y al cabo ambos artistas arrancaron como dibujantes en Medellín, haciendo ilustraciones y viñetas para suplementos literarios, libros y revistas en 1949-1950, cuando se empezaban a reconocer y valorar los "mamarrachos" de Pepe por una creciente y escogida minoría intelectual.
V
Con la obra de Pepe Mexía, con estos papelitos dibujados con tintas y lápices de colores, estamos presentando en esta exposición lo que fue el verdadero inicio de la irrupción del arte moderno en Colombia: la primera vez en que nuestro arte se hizo realmente contemporáneo.
Culpable principal fue el dibujante Pepe Mexía, quien nunca lo pretendió y quizá ni lo sospechó; nunca lo supo... pero lo hizo.
