ZURBARAN Y EL ARTE COLONIAL NEOGRANADINO
Por Ana María Escallón
Introducción a Zurbarán
Uno de los aspectos más importantes en el estudio de la obra de Francisco de Zurbarán y Salazar es ubicarla en la historia del arte y encontrar una explicación válida a ese no reconocimiento pleno de una obra magistral en la España de su siglo: el XVII.
Contemporáneo de grandes, antecesor y predecesor de grandes, su nombre se ubica dentro de una gran serie de creadores consintió en la historia. En el catálogo de la exhibición de sus lienzos para el Monasterio de Guadalupe se anota: "artista no valorado de manera significativa pero apreciado en su momento histórico". Esa no valoración artística corresponde a una actitud marginal del artista que adoptó consciente o in conscientemente, deliberadamente o no, pero que sin duda marcó el rumbo de su vida y su obra.
Esta marginalidad, siempre constante en su concepto sobre la representación y sobre lo representado, lo ha enmarcado como un gran precursor del arte moderno. Fue abanderado de valores estéticos que han tomado vigencia tres siglos después. Ahora se le tilda de profeta del impresionismo, del cubismo, del surrealismo, y de la abstracción, pero toda esta carga que han tenido sus repercusiones e influencias pasaron casi desapercibidas en su época, a la que se le llamó: el Barroco.
Sánchez Cantón anota que "con el tiempo, el nombre de Zurbarán habría de introducirse entre nuestros dioses mayores"1. Desde ese mismo momento, se entendía su marginalidad como otra forma de expresión. Sólo el tiempo ha demostrado que ese carácter algo sordo, casi clandestino, que es símil de lo monástico de la obra de Zurbarán, mantuvo latente esta gran explosión del siglo XX, con un arte que incluye en innumerables formas la historia del hombre en el transcurso del tiempo.
Zurbarán el "marginal" fue ante todo profundamente humano. Su humanismo negaba las reglas contractuales de su momento artístico; su humanismo acataba la iconografía como un reto para imponer un "estilo"; su humanismo le permitía interpretar con racionalidad toda una nueva armonía estética; su humanismo no le permitió en tender la decadencia de la España de Felipe IV y lo condujo a lo "místico" del retrato humano en lo gestual, en la expresión tanto corporal como a la ilimitada riqueza pictórica de las texturas, a lo ascético de Felipe II en su búsqueda "por el volumen pleno", a lo real en su obsesión por encontrar el espíritu de cada fragmento. Fragmentos que son mil naturalezas muertas que incluyen sus arbitrarias composiciones. Existe en esa marginalidad la necesidad de transgredir la verdad visual (proveniente de la escuela flamenca) y encontrar su expresividad en una visión inédita de las cosas.
Es así como entendemos su realismo arbitrario cuando existía la norma de "lo erudito". No existe en sus cuadros un sentido unificador de la totalidad: cada momento es un fragmento que incluye su propia veracidad y su propia contradicción. Su marginalidad, su humanismo, su racionalidad lo condujeron a analizar las formas, no como metáforas -al servicio de la religión-, sino como esencias en las que subyace una geometría, un tratamiento también arbitrario de la luz y un acercamiento místico.
El concepto estético, muy racionalista para su época, lo hizo marginal a su tiempo; el humanismo lo llevó a reflexionar sobre la intimidad de las formas; su independencia lo llevó a un mundo muy tangencial en el arte de la península tanto que uno de los expertos en Zurbarán, Gaya Nuño anota: "en suma puede afirmarse que la estimación por Zurbarán alcanzó mayor intensidad y duración en ultramar que en la península"2, Pero en la Nueva Granada su presencia tampoco fue contundente y para ello nos acogemos a la afirmación de Mariano Sánchez de Palacios quien anota: "en realidad debemos confesar que Zurbarán no es un pintor que haya llegado al máximo conocimiento en España, menos fuera de ella"3.
1 |
Samaniego Filoteo. "Encuentro de culturas en Damián Bayon América Latina en sus artes". Pág. 212. |
2 |
Gaya Nuño, Juan Antonio Zurbarán. Pág. 41. |
3 |
Sánchez Cantón, Francisco. "La Vida de San Pedro Nolasco: Pinturas del claustro del Refectorio de La Merced calzada de Sevilla". Pág. 30. |
