La Gestualidad
El carácter místico y expresivo está concentrado en la gestualidad: del cuerpo arrodillado, erguido y rígido, en el movimiento de los brazos y en la piedad de las manos semi abiertas, con movimientos "casi" musculares que permiten en los dedos ese otro "movimiento está tico", silencioso e inmóvil.
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"San Francisco en oración", detalle Colección particular. Colombia. |
Existe una actitud de pensamiento íntimo y trascendental, que nos permite suponer una tensa predisposición del cuerpo y de la cabeza. La emotividad mística está en las manos y la mirada. Existe la "introversión", un ensimismamiento de los personajes de Zurbarán que van unidos a la inmovilidad y al silencio y que "cuando los pinta aislados son semejantes a las figuras de talla". La gestualidad de las manos, que es una constante en la obra de Zurbarán, sobrepasa cualquier tipo de silencio. La expresividad radica en ese momento pictórico, de sumisión, humildad, piedad, fe y entrega. La gestualidad de las manos de San Francisco son muy parecidas al cuadro de Madrid. Lo mismo que el perfil del rostro. Es un rostro en éxtasis. Está muy marcado por la rigidez de los músculos faciales y la posición semiabierta de una boca ensimismada.
Una luz razante en el cuadro del San Francisco de Bogotá, viene de la parte superior izquierda, ilumina a San. Fran cisco por detrás y por eso el rostro está marcado por luz y sombra, luz que destaca las facciones y que "expresivamente" esconde la posibilidad gestual. En sombra está una mirada ciega, supuestamente fija y la actitud de la boca.
La cabeza de San Francisco también implica una gran nitidez, define el volumen del cuello en sombra, del contorno, la oreja y la detallada descripción del pelo muy fijo, escaso tanto de la barba como el mentón y la cabeza. Es una composición muy austera, insinuante, razante; entre el santo y el espacio existe una distancia tajante. La armonía del perfil infunde gestualidad en sus agudos rasgos y hay expresividad en el momento místico. En su detallada descripción de "El Hombre", se establece la prioridad de lo terreno, como ser con posibilidades místicas. No hay una exaltación de lo divino, sino una narración de lo humano. Es el mundo de los hombres que expresado a través de una profundidad en el color, en la intensidad de una riqueza -austera- descriptiva, en el alcance sorprendente de los contrastes -formas "vs" forma y forma "vs" espacio-. Vemos en la cabeza la infinita riqueza de Zurbarán en plantear las posibilidades bidimensionales en un limpio tratamiento de superficies planas y de áreas de color definido que enfatizan el con torno. Zurbarán intenta recrear un naturalismo espiritual que sirvió como conexión a la tendencia barroca de la época.

