El pintor
Osear
Rodríguez Naranjo
interrogado por
Gabriel Carreño


Revista Aurora No. 4 Bucaramanga, julio de 1941

El artista en un café
París, 1939

Certificado
de estudios
expedido por la
Academia Grande
Chaumiére
1940

 

Sin escenario

—Hasta ahora —dice Osear Rodríguez
Naranjo— no he dado en el país un ver-
dadero reportaje sobre asuntos de arte
o de mi vida profesional desde que
regresé de Europa, no por egoísmo,
mucho menos por estúpidas ínfulas,
sino porque nadie se me había presen-
tado con interés de saber y de instruir.
Las curiosidades surgían, claro está, pero
hacia otras finalidades de desviada
importancia, como la invasión nazi, el
estruendo de los obuses, o la risa por-
cina de Laval...
Parece mentira, pero así es: en una
entrevista para el público el éxito y la
utilidad están en quien pregunta. El más
conspicuo personaje del mundo dirá

Boceto con
modelo al natural
Academia Julián
París, 1939
En el taller
deescultura
Academia JuliánParís, 1939

perogrulladas, si es esto lo que se le
quiere averiguar.
Mas advierto que el caso se pre-
senta distinto: a mi deseo de hablar para
provechosa información del público se
suma su anhelo de llevar a AURORA
algo que interese. Bien está. He obser-
vado en esa Revista una firme y soste-
nida tendencia de hacer cátedra y
apostolado.
Tomando rumbo
—¿Le interesa mi información sobre los
estudios que realicé en Europa?... ¡Mag-
nífico!... Ese relato se lo debo a Santan-
der, mas comencemos por el principio.
No puedo de ninguna manera opa-
car con un fatuo alarde de extranjerismo
la eficacia de los estudios artísticos de
nuestro país. En la Escuela de Bellas
Artes de Bogotá se estudia la pintura
como en cualquiera otra escuela similar
del mundo; pero, quienes en el arte
—como en la ciencia— logramos escalar
una pequeña altura, ya sentimos la nece-
sidad de la amplitud panorámica y de la
especialización que sólo podrán obte-
nerse en los grandes centros universa-
les. De ahí mi viaje a Europa. Tenía
urgencia de conocer a fondo la compo-
sición mural decorativa, el fresco, las
nuevas tendencias, los viejos maestros,
todo eso que únicamente proporcionan
París, Madrid, Roma, Florencia...
—Pero usted iba con rumbo a
Italia...
—Es cierto, y allá hubiera llegado a
no haber sido porque conocí la capital
francesa. París... ¿quién puede cono-
cerla sin amarla para siempre?... Mire
usted estas fotografías: los malecones
del Sena salpicados de pescadores y
orlados de kioskos... la silueta del puente
de arcos romanos... allá lejos, Notre-
Dame...


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