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Osear Rodríguez Naranjo es un artista perdido quizá en nuestro
medio. Tal vez pudiera decir como el poeta francés: "Je suis
venu trop tard dans un monde trop vieux". Su época hubiera sido
la de los Médicis; su ambiente el de la Roma del siglo XV. Su arte
no desentonaría en aquellos palacios y loggias que el fausto de los
príncipes convirtió en museos de perenne belleza. Es un enamo-
rado del arte clásico en la forma en que lo tradujeron los artistas
del Renacimiento. Sus maestros preferidos han sido aquellas
grandes figuras cuyos pinceles prolongaron para el mundo
moderno el hálito inmortal del arte helénico: Rafael, Correggio,
Tiziano, Velásquez, Van Dick.
Rodríguez Naranjo es un clásico, pero no un académico; su
inspiración es superior a la norma rígida de la técnica, pero se
mantiene siempre dentro del canon trascendente de la belleza.

Juan de Dios Arias,
Revista Cordillera No. 3,
Bucaramanga, noviembre de 1948

Bolívar en la Villa
de Bucaramanga, 1950
Oleo sobre lienzo
194x116cms.
F. C. Colección Museo Casa de Bolívar
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Gitana, 1950
Oleo sobre lienzo
47 x 39 cms.

Hay en esas obras tanta riqueza de medida y de luz, que
difícilmente se hallará hoy entre los nuevos quien pinte con
ese reposo espiritual que es síntoma inequívoco de perfección.
Pero hay algo más que es justo señalar en Rodríguez Naranjo:
su condición de maestro. Todo lo que hay actualmente en San-
tander de pintura joven —o más exactamente juvenil— a él se
debe. A su silencioso apostolado. A su discreta labor de educador.
De maestro auténtico, que enseña en la cátedra y con el ejemplo
de su obra y de su vida consagrada devotamente al arte. Sin nada
espectacular. Lejos de toda capilla. Como conviene a los que de
veras valen.

El Tiempo, Bogotá, junio 4 de 1949

En sus seis óleos están representados todos los matices de su
temperamento. "Bañistas", imagen fiel de los ideales estéticos
del pintor, se admira al lado de "Vendedora de frutas", donde
evidencia una inquietud que no desdeña las modernas tenden-
cias, cuando ellas responden a una clara finalidad artística. "La hija
del artista" es un cuadro cuyo sitio debe ser la galería de obras
maestras de la pintura colombiana. De idéntico valor es su
"Autorretrato". La contemplación de estos lienzos nos ha hecho
desear siempre que el artista se adentre en los asuntos folklóricos,
donde hallará temas profundamente humanos, hasta llegar a
plasmar en cuadros los anhelos e ideales de una raza que no ha
encontrado todavía su pintor.
Jorge Valdivieso Guerrero,


El Tiempo, Bogotá, junio 13 de 1949

Estudio, 1939
Academia Grande Chaumiére
Lápiz sobre papel
27.2 x 20.7 cms.
Estudio, 1939
Academia Grande Chaumiére
Lápiz sobre papel
27.2 x 20.7 cms.

La perfección lograda en su arte por el pintor, no era cierta-
mente resultado de la improvisación de los "ismos" de última
lora. Cerca de 25 años llevaba Osear Rodríguez Naranjo en el
diario ejercicio de combinar colores con la paleta sin otra preocu-
pación que la de lograr un mejor acabado, una más cabal expre-
sión en la pincelada que trazaba en el lienzo sobre la mejilla de
una niña, el complicado matiz del pétalo de una rosa o los amari-
los cromos de un atardecer santandereano.
(...) su cuadro del Club del Comercio, es lugar obligado para
os turistas, que suelen tomarlo a las primeras, por una rareza
ranoesa del siglo pasado.

Eugenio Novoa N.,
Letras Dominicales, Diario del Oriente,
Bucaramanga, marzo 29 de 1951

Para mí lo más importante en la expresión pictórica es el
dibujo, —dijo al redactor, y agregó: —De mí sé decir que,
al acometer una obra, padezco la preocupación absorbente de
lograr el dibujo inicial lo más perfecto dentro de lo posible.
—¿Resulta difícil lograrlo?
—Evidentemente. Pero para defensa, o, mejor dicho, para
ayuda del artista, entra en juego su entrenamiento. De ahí que el
artista deba desconocer la fatiga.
Rodríguez Naranjo sienta, pues, como base de su posición
personal ante la realización artística el hecho de que la prepara-
ción, el estudio, el laborar constante, dan al pintor la maestría
indispensable para lograr la expresión plástica de la intuición
pura.

Revista Raza, Medellín, 1951

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