Las monjas coronadas llegan a Pasto

Agosto 16, 2017

Madre priora Thomasa Josefa de San José en su lecho de muerte. Anónimo. Óleo, 81 x 81 cm. Colección de Arte del Banco de la República. 

Como parte de su Colección de Arte, el Banco de la República alberga varios retratos coloniales de monjas coronadas, religiosas de clausura que al morir fueron pintadas con flores en alegoría a las virtudes que profesaron en vida. La exposición Muerte Barroca. Retratos de monjas coronadas, una curaduría de la historiadora mexicana Alma Montero, se exhiben 29 de estas pinturas y se indaga cómo, más allá del canon estético de una época, estas pinturas dan cuenta del complejo mundo social, político y cultural que fue la Colonia, y de cómo, paradójicamente, la muerte significó la cumbre de la vida para estas mujeres, al representar el tan anhelado encuentro con Cristo, su Divino Esposo.

Tome nota:

  • La exposición se exhibe en el Centro Cultural Leopoldo López Álvarez de Pasto entre el 30 de agosto de 2017 y el 14 de enero de 2018. La entrada es gratuita.

  • Visite la página web de la exposición: www.banrepcultural.org/muerte-barroca

Esta es la primera vez que el Banco de la República exhibe un conjunto tan grande de retratos de monjas coronadas, fechados entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que hoy en día se reconoce como la colección de este tipo más importante de Hispanoamérica. Estas obras se encontraban en cuatro conventos de clausura virreinales: en Santa Fe, las concepcionistas, las clarisas  y las dominicas —conocidas hoy en día como Las inesitas—; y en Popayán, las carmelitas descalzas

 

Sobre las monjas coronadas

A diferencia de la idea actual que se puede tener de un convento de clausura y de las religiosas que lo habitan, para la sociedad virreinal estas instituciones ocuparon un nivel muy alto en la jerarquización social de la época y se constituyeron como centros de conocimiento e intelectualidad. Era un mundo femenino en el que convivían mujeres de toda índole que “buscaron la tranquilidad de los claustros conventuales como un espacio propicio —el mejor en su tiempo— para desarrollar actividades como la lectura, el canto, la escritura y el estudio de instrumentos musicales. Muchas de las mujeres más cultas en su época vivieron en los conventos”, explica Alma Montero.

La costumbre de realizar retratos post mortem de las monjas de clausura que habían llevado una vida santa, fue una práctica común en los conventos femeninos de países como España, México, Perú y Colombia. Para las religiosas, la muerte era un momento inmensamente significativo y la cumbre de su vida conventual ya que simbolizaba su encuentro definitivo con Cristo. Estas pinturas, que muestran a las monjas de medio cuerpo en su lecho de muerte, con adornos y coronas floridas, enseñaban simbólicamente las virtudes y los modelos de vida que debían imitarse: humildad, mortificación, castidad, amor, pureza, elegancia, gracia, etc.

“Es sumamente importante destacar los objetivos ejemplarizantes de estos retratos y sus fines didácticos. El análisis de las imágenes, así como el estudio de algunos archivos conventuales, permiten concluir que las pinturas de monjas coronadas muertas fueron solicitadas por el propio convento como una forma de perpetuar en la memoria los rasgos de una religiosa ejemplar”, comenta la curadora. 

Las monjas coronadas llegan a Pasto
Las monjas coronadas llegan a Pasto
Las monjas coronadas llegan a Pasto