Reseñas

Bahamón Quartet: vanguardia sonora

Marzo 13, 2017

Fotografías: Gabriel Rojas


Bahamón Quartet: vanguardia sonora

Por: Esteban Bernal Carrasquilla*

 

 

El saxofonista colombiano Daniel Bahamón es sin lugar a dudas un virtuoso de su instrumento, un inquieto y audaz compositor, y una voz fresca para una escena jazzística nacional en constante definición. Ello quedó demostrado en su presentación en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá la noche del pasado jueves 23 de febrero de 2017.

La propuesta de Bahamón fue una de las dos seleccionadas en el género de jazz de la Serie de los Jóvenes Intérpretes que presenta la el Banco de la República este año. Es un espacio interesante porque permite enterarse de primera mano de las tendencias compositivas e interpretativas en música clásica, músicas tradicionales colombianas y jazz en nuestro país. Tal fue el caso del ensamble Daniel Bahamón Quartet, con una alineación joven que integra a nuevos jazzistas que se abren paso con fuerza (quizás demasiada) en esta sub-industria nuestra llena de altibajos. Resaltan de su concierto muchas bondades pero también algunas ausencias.

El repertorio presentado correspondió casi en su totalidad a composiciones de Bahamón, con lo cual dio a conocer su faceta como pensador sesudo de la música. Más allá de cualquier intento de adjetivación en términos estéticos sobre sus piezas que, si bien son bellas, ricas en groove, y muestra de su conocimiento del lenguaje jazz, llama la atención de manera positiva que en ellas se evidencia un gran interés por el desarrollo armónico-melódico y la multiplicidad métrica. Sus composiciones escapan del estatismo armónico muchas veces presente en los jóvenes jazzistas que se están familiarizando con el lenguaje y la improvisación; de allí su audacia en temas como Burako negro y Nebulosa azul. Las melodías iniciales de otros temas como Borboleta y Nostalgia ibaguereña se despliegan sobre unos motivos que van guiando el desarrollo de las piezas y los cambios entre las partes; esto demuestra su gusto y sensibilidad frente al trato de la melodía. Finalmente, como todo buen jazzista, presta especial atención al ritmo, y de sus piezas resalta esa sensación de movimiento ininterrumpido que invita al oyente a seguir el pulso con alguna parte de su cuerpo.

Ahora, como saxofonista, Daniel Bahamón es un virtuoso. Su avanzada técnica y su conocimiento del instrumento —de sus registros y sus posibilidades, su estilo acrobático que evoca en algunos momentos a Charlie Parker y en otros de mayor osadía a John Coltrane, hacen que escucharlo sea una experiencia emocionante. Sus solos nada económicos en notas, llenos de escalas y arpegios veloces, cambios abruptos de registro y una que otra aventura hacia los sonidos más agudos del saxofón, dan cuenta de una mente inquieta y dinámica, algo clave para un improvisador de este estilo. Pero de acá derivan precisamente algunas de las ausencias antes anunciadas.

El jazz es un género en el que la libertad y democracia (valores asociados a esta música) se evidencian especialmente con los solos que realizan los integrantes del ensamble y por un protagonismo que va cambiando de mano tanto en la individualidad de las piezas como en el conjunto del concierto. La puesta en escena del Daniel Bahamón Quartet se antoja desequilibrada en dos sentidos: primero, por una prelación del diálogo entre Bahamón y el pianista Jonathan Purizaga, sumiendo al bajo de Danny Mera y la batería de Gustavo Hueje en un rezago del que poco pudieron salir por las vías adecuadas –los solos. Segundo, retomando la carencia de esa vía adecuada, el sonido estuvo inadecuadamente saturado de principio a fin del concierto y fue difícil distinguir el papel y protagonismo de cada uno de los cuatro músicos. Pecaron así, Bahamón en su liderazgo, sus compañeros en una disputa por volumen, y su ingeniero de sonido por un error básico para el disfrute de la música en vivo.

Aprovechando el haber mencionado a los demás músicos, sería interesante escuchar en futuras ocasiones una articulación algo más consciente en los solos del pianista Purizaga. No hay duda de su talento y su versatilidad con distintos estilos (blues, hard bop, funk, latin). Pero en sus solos recurrió con constancia a intercalar escalas veloces con notas en bloque y de manera lenta, afectando la continuidad de la música. Por su parte, dadas las claras influencias del funk en este cuarteto y un estilo que evoca de vez en cuando al de Weather Report, un bajo fretless podría mejorar el papel de Mera. El único lunar del baterista Hueje no tiene que ver con su alto desempeño sino con su instrumento: el ruido del pedal de su hi hat es distractor.

Por otro lado, es ideal que el jazz permita una constante interacción con la audiencia. Quiéralo o no el jazzista, es el asistente al concierto quien valida y reconoce su desempeño, cuando aplaude al finalizar un solo. El público expresa su emoción frente al improvisador (acróbata o melodioso y expresivo), casi interrumpiendo la pieza para aplaudir. Este concierto careció por completo de respiraciones en las cuales se pudiera ovacionar al grupo en medio de las piezas. Los oyentes se veían algo frustrados con las palmas listas para chocarse, teniendo que contenerse hasta el final de cada tema para finalmente aplaudir.

Pero estas críticas podrían ser nimiedades si se anuncian momentos conmovedores del concierto: llamó mucho la atención, por un lado, el tema Borboleta, que inicia con un solo de batería, luego la entrada del saxofón y finalmente la del resto del ensamble, para desvirtuar la idea anterior frente al desequilibrio del grupo. Por otro, con el tema Nostalgia ibaguereña en el que con la compañía del tiplista invitado Diego Bahamón, se presentó un interesante tema jazz con aire de bambuco. Finalmente, resalta el manejo del escenario de Bahamón y su entrega al público, pues pasa de unos llamativos trances cuando hace solos a entablar una conversación cercana, familiar y orgánica con la gente (entre quien regaló copias de su disco). Sin duda, Bahamón y su cuarteto darán de qué hablar en el futuro.

*Esteban Bernal Carrasquilla. Guitarrista clásico egresado de la Universidad Javeriana y magíster en relaciones internacionales de la misma institución. Su tesis de maestría es una investigación acerca del papel que desempeñó el jazz en la Guerra Fría como una herramienta de política exterior de los Estados Unidos desde la diplomacia pública/cultural. Tiene experiencia como asesor de diplomacia cultural en la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores. También como gestor de proyectos educativos en comunicación, lenguaje e información en la Universidad Javeriana. Es programador, libretista y locutor en la franja de jazz de Javeriana Estéreo y conduce su propio programa, Los Embajadores del Jazz, en la UN Radio (emisora de la Universidad Nacional).

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