Reseñas

De Francia, con amor

Marzo 13, 2017

Fotografías: Gabriel Rojas


De Francia, con amor

Por: Alexander Klein*

El pasado domingo 19 de febrero, en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango inició el denominado Año Colombia-Francia con uno de varios conciertos que forman parte de esta conmemoración para celebrar, según las notas del programa, ’la estrecha relación entre los dos países’. En un 2017, todavía joven, que ha estado manchado por las divisiones políticas creadas por el nacionalismo extremo promovido por los dirigentes de algunas naciones (sobra mencionarlos), esta iniciativa cultural es bastante loable, especialmente si se considera que la palabra ‘amistad’ es utilizada como el eje del evento.

Naturalmente, cuando se habla de Francia, en términos históricos, las palabras ‘igualdad’ y ‘revolución’ son utilizadas para glorificar la identidad del país galo, y las notas del programa del concierto inician precisamente con un recuento de la Declaración de los Derechos del Hombre (nótese las mayúsculas) y su ’innegable’ impacto en el entonces Reino de la Nueva Granada. No se menciona, por supuesto, que Francia continuó siendo, a lo largo del siglo XIX, una de las naciones más colonialistas del planeta, cuyas deudas materiales e inmateriales hacia naciones abatidas como Haití (y toda una pléyade de países africanos) todavía están por saldarse. Pero dejémonos de política porque, por fortuna, la música es una de las artes que más ha contribuido a unir culturas y regiones disímiles, y el concierto del pasado domingo fue una linda muestra de esto.

Como centro del programa, se anunció a Céline Moinet, una de las oboístas más prestigiosas de la actualidad. Junto a ella, se anunció al violonchelista Norbert Anger, otro instrumentista que no necesita introducción alguna, cuya lista de laureles –desde concursos hasta invitaciones a tocar con las mejores orquestas del mundo– es demasiado extensa para incluir aquí. Por último, el pianista Florian Uhlig fue anunciado como acompañante para darle el toque final a un concierto que inició con el buen augurio de una boletería agotada.

 

El programa empezó con la Sonata para oboe y piano, FP 185 de Francis Poulenc, una obra lírica y suficientemente moderna para iniciar en forma el programa. La oboísta Céline Moinet, como yo lo esperaba, fue impecable en su interpretación, y lo habría sido más si la artista no hubiera enterrado sus ojos en la partitura de su atril. Porque la expresividad de su interpretación –un ataque prácticamente perfecto, un tono siempre dulce y uniforme, y el aire casi inagotable de una intérprete de viento que sabe lo que hace– se vio contrastada con la poca, y casi nula, expresividad de su rostro. Una lástima.

La siguiente obra, el Preludio a dos voces de Tres Contrapuntos de Arthur Honegger, sirvió de corto interludio para introducir al violonchelista Norbert Anger. La obra, muy corta y de interés más técnico que artístico, pasó casi desapercibida, aunque su carácter jovial hizo buen contraste con la obra anterior y fue interpretada magistralmente por los tres ejecutantes.

Concluido el preludio, Moinet abandonó el escenario para darle paso a Anger, quien se encargó de interpretar la Sonata en re menor para violonchelo y piano de Claude Debussy. Anger, a diferencia de Moinet, no utilizó atril y los resultados favorables no se dejaron esperar: completamente inmerso en el discurso musical de Debussy, Anger ’se robó el show’ con una interpretación expresiva y teatral, correcta tanto en lo técnico (con un vibrato para hacer llorar) como en lo emocional.

Para terminar la primera parte del programa, Moinet retornó en escena e interpretó –junto con su inseparable atril– cinco canciones de Gabriel Fauré (originalmente escritas para piano y voz), cuya escritura melódica y carácter descriptivo le dieron un toque apropiado a la gran variedad del repertorio del concierto. Lástima el uso del atril.

Pasado el intermedio, Moinet volvió a la tarima y se encargó de interpretar la Sonata para oboe y piano, Op.166 de Camille Saint-Säens. Al igual que en las canciones de Fauré, la interpretación de Moinet fue impecable en el aspecto técnico pero bastante fría en lo expresivo, culpa de nuevo –perdón por la insistencia– del abuso del atril, que mantuvo a la intérprete inmersa en la partitura pero alejada del público.

Concluida la sonata, Moinet abandonó el escenario y Anger retornó para continuar robándose la atención del público a través de la Elegía en do menor para violonchelo y piano de Fauré. Al igual que en sus interpretaciones pasadas, Anger no ahorró en expresión y sus contorsiones llegaron hasta el punto de dar zapatazos en las tablas del escenario (inaceptable para un purista, pero irresistible para un amante del sentimiento). A pesar de utilizar atril, Anger no enterró sus ojos en la partitura (Moinet, por favor toma nota) y sus tropiezos en la afinación de los primeros compases (que suscitaron miradas obvias del pianista) fueron corregidos en el resto de la obra.

Para concluir el concierto, todos los músicos se reunieron en escena para interpretar el Trío Op. 43 de Poulenc, una perfecta elección conformada por movimientos contrastantes y un obligatorio rondó para ponerle punto final, de manera enérgica, al programa. La interpretación en sí fue excelente, y Moinet se mostró un poco más expresiva, comunicándose bien con los demás ejecutantes para darle precisión al conjunto. Terminada la obra, los músicos retornaron a la tarima y ofrecieron como bis el mismo rondó del trío, llevándose junto con sus ramos de flores la inmensa aprobación del público.

En suma, puede decirse con justicia que la programación de conciertos del Año Colombia-Francia ofrecida por el Banco de la República empezó de maravilla con un concierto que ofreció una buena síntesis de la estética musical francesa de los siglos XIX y XX. Sería deseable, sin embargo, que en los próximos conciertos se desempolvaran obras de compositores colombianos afrancesados tan olvidados como lo son Guillermo Uribe Holguín, Antonio María Valencia y Adolfo Mejía. Porque no hay nada mejor que cultivar una amistad internacional que hacerlo a través de la retribución.

*Alexander Klein tiene pregrados en Composición y Teoría musical de la Universidad de Los Andes, institución donde también cursó estudios de historia. Sus artículos han sido publicados en periódicos colombianos como el diario El Espectador y en revistas estadounidenses como Film Score Monthly. Actualmente está preparando sus dos primeros libros: uno, la primera antología de las obras completas del compositor Oreste Sindici (1828-1904) y el segundo, la biografía exhaustiva del mismo artista.

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