Reseñas

Elvis Díaz: entre la ‘experimentación’ y el ‘purismo’

Agosto 29, 2017

Fotografías: Gabriel Rojas


Elvis Díaz: entre la ‘experimentación’ y el ‘purismo’

Por: Luis Fernando Valencia*
 

Iban a ser las 7:30 p.m., hora de inicio del concierto del pasado jueves 10 de agosto en la Sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, cuando entré al recinto para buscar mi ubicación de esa noche. En esta ocasión se presentaría el joven arpista bogotano Elvis Díaz, uno de los ganadores de la convocatoria de la Serie de los Jóvenes Intérpretes 2017, lo cual le había merecido el espacio del concierto que iniciaría en breve. El horario del evento coincidía con la ciclovía nocturna que la Alcaldía Distrital había organizado esa noche como parte de las actividades del ya tradicional Festival de Verano capitalino, cuyo propósito es la celebración del cumpleaños de la ciudad. Debido a dicha coincidencia, y anticipando posibles congestiones adicionales, me había cuidado de dejar un tiempo adicional para mi desplazamiento hacia el centro. Mientras entraba a la sala, me preguntaba el efecto que podría tener la ciclovía en la asistencia del público. Si bien en primera instancia parecía haber una buena afluencia de público, para el inicio del concierto aún se percibían notables vacíos en la sala. Como si hubiera anticipado ese primer ambiente más íntimo, el joven Díaz decidió iniciar con una pieza de su autoría para arpa llanera sola, cuyas secciones lentas, a manera de preludio, dibujaban una línea de bajo descendente que evocaba el famoso bajo lamento de las óperas barrocas europeas. Dicho aire melancólico contrastaba con secciones decididamente más animadas, probablemente más típicamente ‘llaneras’ para el público general.

El aire melancólico de esta suerte de preludio se reforzaba por la presencia solitaria de Díaz, que acariciaba nerviosamente una de las tres arpas dispuestas sobre el escenario, produciendo un sonido predominantemente dulce y ligeramente tímido. Momentos antes, al entrar al recinto, me había llamado precisamente la atención la disposición del escenario. Al frente aparecían tres arpas de diferentes tamaños alineadas como dibujando tal vez la proa de algún barco imaginario. A su alrededor se encontraban a la izquierda un contrabajo recostado sobre una silla de piano, a la derecha un pequeño set de percusión, y detrás un amplificador de tamaño mediano. De esta manera, en medio de la expectativa de un conjunto de músicos más amplio, la figura de Díaz acariciando el arpa se percibía un tanto solitaria. Las primeras dos piezas para arpa sola configuraban tanto desde lo auditivo como desde lo visual un verdadero preludio, es decir, una suerte de ‘calentamiento’ para el espectáculo musical que vendría a continuación. En cualquier caso, para la segunda pieza del concierto, una especie de vals con aires románticos de William Castro, profesor de Díaz, una multitud de gente había finalmente podido ingresar a la sala, que ahora se veía notablemente más llena.

Imitando este crescendo inicial de asistentes, la primera parte del concierto fue presentando al público piezas cada vez más intensas, tanto desde el punto de vista de la actividad musical, como desde el punto de vista de la instrumentación. Así, la presencia de músicos en escena fue aumentando, hasta cumplir la expectativa que la disposición de instrumentos al inicio del concierto prometía. A lo largo de esta progresión, la timidez inicial del talentosísimo joven Díaz fue cediendo paulatinamente hasta lograr un clímax de un desahogo furioso en la obra Con-fusión, una suerte de mosaico de golpes llaneros. Dicha progresión se pudo evidenciar también de manera elocuente en la disposición física de Díaz sobre el escenario. Comenzando casi completamente erguido y relajado durante los preludios iniciales, la figura de Díaz se fue agachando levemente al enfrentarse a piezas notablemente más demandantes desde el punto de vista de las dinámicas y los tempos. Al finalizar una adaptación interesantísima del famoso Libertango del astro del bandoneón argentino contemporáneo Ástor Piazzolla, y en preparación para la estampida llanera que dio final a la primera parte, Díaz tomó una de las arpas en sus manos firmemente, y dobló sus rodillas exhibiendo una postura como de esgrimista. Así pues, su pose era indicativa de una especie de batalla musical por venir. Y así precisamente percibí el mosaico llanero. Por primera vez pude escuchar claramente los furiosos estampidos percutivos tan propios del arpa llanera. El dulce sonido que nos había acompañado se tornó por momentos en ásperos y metálicos arpegios. Si bien la actividad atlética de los brazos y las manos de Díaz había sido evidente en piezas anteriores como la de Piazzolla—signo inequívoco de su virtuosismo―dicha actividad no siempre se tradujo claramente en términos estrictamente acústicos. El arpa muchas veces se perdió detrás del sonar del conjunto instrumental. En Con-fusión, en cambio, el esfuerzo gimnástico y artístico de Díaz nos mostró a los asistentes el alma sonora ‘puramente’ llanera del instrumento sobre el cual danzaban sus manos mientras su cuerpo se apoyaba en su pose atlética.

Ahora, las comillas acá empleadas para enmarcar la palabra ‘puramente’ no son simplemente una precaución necesaria frente a los peligrosos purismos que han marcado de manera particular los estudios de músicas llamadas ‘folclóricas’. Lo hago de manera particularmente intencional precisamente porque la reflexión sobre el problema de dichos purismos fue, en mi opinión, una de los resultados más sugestivos del concierto. En una de sus varias alocuciones al público—muchas veces anecdóticas, y usualmente llenas de sencillez y fino humor—Elvis recalcó que uno de sus objetivos es sacar al instrumento de su ámbito acostumbrado, para así arropar sonoridades diferentes a las del más ‘puro’ folclor llanero. Por tal razón, el concierto era de alguna manera un ‘recorrido por Latinoamérica’ a través del arpa llanera. En el programa de mano, el bandolista e investigador Manuel Bernal había recalcado cómo la figura de Díaz representaba precisamente un rompimiento de los esquemas puristas, al tratarse de un músico de academia que experimentaba con su instrumento. Me quedé pensando, sin embargo, que esa experimentación con el instrumento debería ir mucho más allá del acariciar otras tradiciones folclóricas latinoamericanas. Díaz podría romper con lo que todavía se antojaba como costumbrista, y explorar ámbitos sonoros que lo llevaran a convertirse en una especie de Piazzolla del arpa llanera. Y aun así, yo había ido al concierto a escuchar eso que entendemos muchos como la música llanera ‘pura’. Mi mente pedía ‘experimentación’ pero mi corazón pedía ‘purismo’. Había ido a escuchar el ‘entreverao’ que me suele sacar lágrimas, y que esa noche volvió a hacerlo, gracias a la batalla campal fenomenalmente ejecutada por Díaz esa noche de algarabía llanera y de ciclovía nocturna.

Luis Fernando Valencia. Maestro en Música, con énfasis en guitarra clásica, de la Pontificia Universidad Javeriana. Egresado de la Maestría en teoría y composición de Temple University, Filadelfia, EE.UU., y de la Maestría en musicología de la Universidad de Princeton, Princeton, EE.UU. Como músico, se desempeña actualmente en oficios varios como la composición de época, la elaboración de arreglos, y actividades de tipo coral/vocal. Como docente, aborda diversos temas dentro de los mundos de la composición, la teoría, la apreciación y la historia de la música. Como investigador, su interés actual es la indagación sobre los mecanismos de significación intersubjetiva de la música y sus efectos sociales. Actualmente desarrolla su tesis de doctorado en musicología, acerca del fenómeno de la “psicodelia” tropical bogotana, sus mecanismos de significación musical, y el sentido de dicho paisaje sonoro en el contexto colombiano contemporáneo; y es docente del Departamento de música de la Facultad de Artes y Director de la Carrera de Estudios Musicales de la Pontificia Universidad Javeriana. 

Programa

E. DÍAZ: Itinerante; W. CASTRO RUEDA: Grace; J. C. DE LA PAVA: Señora Julia; H. CANDELARIO: Remanso inicial; A. PIAZZOLA: Libertango; TRADICIONAL: Con-fusión; E. DÍAZ: Remanso; W. CASTRO RUEDA: Cristal; TRADICIONAL: Instrumental entreverao; H. de HOLANDA VASCONCELLOS: Para Crianças; F. PÉREZ CARDOSO: El pájaro campana.

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