Kevin Motta nació y se formó como clarinetista en Ibagué, estudió en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, fue miembro de la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia y ha sido ganador de varios concursos de interpretación a nivel nacional, entre ellos la beca que otorga el Festival Internacional de Música de Cartagena y el Concurso Nacional de Clarinetes CLARIBOGOTÁ.
Desde 1966, año en que la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango se inauguró, el Banco de la República se ha consagrado como un importante abanderado de la promoción y estímulo de la música académica colombiana.
Dentro de la serie Jóvenes Intérpretes, organizada por el Banco de la República, pudimos apreciar el pasado jueves 30 de junio a la Orquesta de Cámara Tutta Forza. Nos ofrecieron un concierto con un programa que podríamos calificar de ambicioso, lo que quizá no favoreció a este ensamble colombiano conformado hace pocos años y que se inscribe dentro de los frutos del semillero de orquestas juveniles que en los últimos años se han creado en Bogotá, del que forma parte, entre otras, la Orquesta Juvenil de Cámara de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.
Los pasados jueves 16 y 23 de junio, la Serie de Jóvenes Intérpretes de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango ofreció recitales de dos jóvenes promesas del canto lírico: la soprano Sasha Gutiérrez y la mezzosoprano Ana Mora.
Los ciclos de canciones son monumentales de una manera especial. No necesariamente por la longitud, sino por lo opuesto, la brevedad. En un momento, casi siempre breve, se condensan el significado, la correspondencia, la profundidad, el instante, la sensación, la impresión.
El musicólogo Julián Montaña reseña el concierto que el Dúo Wapiti ofreció en nuestra Sala de Conciertos el pasado 24 de abril.
En el imaginario, el vínculo entre el órgano y la iglesia es tan fuerte que con dificultad concebimos este instrumento en un espacio diferente. Lo curioso es que esta relación, fortalecida gracias al protagonismo del cristianismo en occidente y a todos los dogmas y construcciones ideológicas que la misma religión plantea, no se remonta al momento de nacimiento de la religión y mucho menos al momento de creación del instrumento; esta es una relación de tan solo más o menos mil cien años.
Escuchar recitales monográficos es una oportunidad inmejorable para reconocer los gustos musicales de los compositores, para establecer las transformaciones en su lenguaje y estilo, para evidenciar influencias y también herencias, etc. Particularmente, para mi, este tipo de conciertos son una dicha porque en una pequeña ventana temporal se condensa el universo sonoro de un personaje.