Andrés Arias

Contenido explícito (qué buen título) es una apuesta grande. Gaviria (1980) y la editorial asumieron el riesgo de publicar en un mismo volumen tres novelas que, más allá de la obviedad de suceder en Estados Unidos y estar llenas de violencia, no parecen tener mucho en común. No obstante, funcionan bastante bien juntas, quizás porque lo que realmente las une es el dolor: son tres buenas historias tristes.

La gran fortaleza de esta novela radica en su trama. Albeiro Echavarría se valió de hechos acaecidos en Yarumal (Antioquia), a finales del siglo XX, para crear una historia interesantísima. Hay que decir que esta población ha sido un punto estratégico del conflicto colombiano: durante años, narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares se han peleado este corredor que conecta el norte de Antioquia tanto con la costa Caribe como con la Pacífica.

En el marco de la Feria del Libro de Bogotá de 2016, se llevó a cabo un colo­quio entre escritores que, de un modo u otro, habían relatado la muerte en sus obras. Entre estos autores se encontra­ba Álvaro Robledo, quien meses atrás había publicado la novela Que venga la gorda muerte.

La maqueta es la de una gran novela. Tres tiempos, tres historias. La primera: la vida del prusiano August von Ritter en el Nuevo Continente. El hombre, que viene huyendo de un pasado misterioso y oscuro, ahora se llama Garin Bachmeiner. Aquí, entre Cartagena, Mompox y poblaciones del Magdalena Alto y Medio, se dedica al robo y tráfico de tesoros indígenas, para después terminar uniéndose a la causa independista de la mano de Bolívar.

Para conmemorar los cien años del cine —del largometraje— colombiano, el escritor Hugo Chaparro Valderrama, el mismo de los Laboratorios Frankenstein, selecciona más de 130 películas. Arranca con El drama del 15 de octubre, de 1915, y llega hasta El valle sin sombras, de 2015. Un listado muy interesante, al que, sin embargo, habría que objetarle dos puntos.

  A finales de los pasados años sesenta, llegó a la universidad la primera generación de baby boomers (las personas nacidas inmediatamente después de terminarse la Segunda Guerra Mundial). Las facultades de todo el mundo tenían más estudiantes de los que jamás habían tenido.

Mientras leo Arquitectura moderna en Bogotá, me encuentro en El Espectador con una entrevista del 19 de febrero de 2017 a André-Marie Bourlon, presidente de la Agencia Parisina de Urbanismo, quien participa en Bogotá en un evento titulado Miradas Cruzadas sobre las Ciudades Sostenibles. Entre las declaraciones del hombre, una me llama especialmente la atención porque la relaciono con algunas de las posturas que hallo en este libro.

Ya se ha dicho: cada tema es infinito. El más mínimo punto aguanta todas las miradas. Dos personas pueden estudiar la misma obra, el mismo momento, el mismo discurso y no decir nada semejante; lanzarse por caminos distintos, completamente válidos, que jamás se encuentran.

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