José Ignacio Escobar

Difícil no pensar en libros similares cuando se halla una novela tan especial como Animales del fin del mundo, de la bogotana Gloria Susana Esquivel (1985). Lo digo porque hace poco leí con regocijo Paraíso inhabitado, de Ana María Matute.

“Si usted puede vivir de otra cosa y ser feliz en esa otra cosa, hágala porque esta carrera es muy dura”. Es es lo que Pilar Quintana (1971) aconseja a quien quiera dedicarse a escribir. La perra, su más reciente novela, ha sido muy bien recibida por la crítica y ya tiene una buena cantidad de lectores gracias al IV Premio Biblioteca de Narrativa Colom­biana que en el mes de enero la autora ganó con esta obra.

Al abordar un nuevo volumen de cuentos, lo que espera el lector atento es encontrar una nueva visión del mun­do. Una singularidad, algo por lo cual cada uno de los cuentos se distinga de entre la maraña de los que se publican a diario en todos los formatos.

Decía Borges que la lectura de un libro no debía requerir de esfuerzo alguno. Para él, la felicidad tenía muy poco que ver con la dificultad. Sin embargo, no es felicidad lo que se siente al leer Chapinero, segunda novela del bogotano Andrés Ospina (1976): su lectura es compleja por la falta de fluidez. Son cinco voces diferentes las que hablan en primera persona y muchos capítulos son de página y media o dos páginas.

ENCONTRAR UN buen cuentista no es sencillo. Los lectores somos exigentes y comparamos, sopesamos, incluso podemos llegar a tener poco tacto al encontrar defectos donde no hay. A un cuento le exigimos brevedad, algunas veces; impacto, sorpresa, otras; originalidad, también. Pero, claro, el maestro en este arte sabe que, antes que nada, debe escribir con libertad, muchas veces desdeñando teorías, decálogos y consejos de sus ilustres antecesores.

Suscribirse a José Ignacio Escobar