Bibliotecas y bibliófilos en el clero bogotano. Siglos XIX y XX

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Boletín Cultural y Bibliográfico 92. El coleccionismo privado y la preservación del patrimonio cultural

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Con la influencia creciente de la religión y de la Iglesia católica en particular durante la Edad Media, monasterios y catedrales se convirtieron paulatinamente en centros de conocimiento y en lugares de producción y conservación de la palabra escrita. La relación entre libro y clero tuvo su origen en la estrecha dependencia del cristianismo con la palabra escrita, tradición en la que se exigía,

una sólida formación eclesiástica, al menos entre el clero alto y urbano, que había de plasmarse [con] la palabra. De ahí la necesidad de la lectura y el estudio [mediante el] libro, aparte de que el ejercicio diario de la actividad sacerdotal (…) exigía la posesión de libros (misales, breviarios, etc.). (Ferrer 278)

En los sitios mencionados se conformaron entonces grandes acervos bibliográficos y documentales y se reunieron colecciones privadas pertenecientes al alto clero (obispos, canónigos, abates), que pudo constituirlas pues disponía de los recursos necesarios para adquirir obras, manuscritas e impresas, de elevado costo y que por eso mismo eran difíciles de obtener por la mayoría de la población.

En la América virreinal, el acceso a los libros estuvo condicionado a la zona geográfica y a las características socioeconómicas de cada territorio administrativo. Fue temprana, por ejemplo, la introducción de la imprenta en los virreinatos de Nueva España[1] y Perú durante el siglo XVI (en México, en 1539 y en Perú, 1584[2]) y el comercio de libros fue dinámico y abundante. Ello influyó en la constitución de bibliotecas privadas de gran tamaño como las de los obispos fray Juan de Zumárraga en la ciudad de México y Juan de Palafox y Mendoza en Puebla. Este último donó en 1646 cinco mil volúmenes de su biblioteca personal a los colegios tridentinos y estipuló que cualquier persona que supiera leer podría consultarlos.

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[1] Nueva España (1535-1821) abarcó territorios de Norteamérica (centro y sur de los actuales Estados Unidos), Centroamérica, las Antillas y Filipinas. (Rubio 1983). Volver arriba

[2] La primera imprenta en América del Sur fue introducida en Lima por el impresor italiano Antonio Ricardo (ca.1540-1606). Volver arriba