Crestomatía ungariana (Veintiocho notas sobre —y en torno a— la biblioteca de Hans Ungar)

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Boletín Cultural y Bibliográfico 92. El coleccionismo privado y la preservación del patrimonio cultural

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Fue así: en junio de 1938, tres meses después del Anschluss, la policía nazi arrestó en Viena a Fritz Ungar, el hermano mayor del librero colombo-austríaco Hans Otto Ungar (1916-2004). Al comienzo, los padres imaginaron que la detención tenía como causa la afinidad de Fritz con las ligas de estudiantes; sin embargo, muy pronto advirtieron que el motivo real era su ascendiente judío y que, por eso mismo, convenía tomar medidas urgentes. En menos de una semana arreglaron la salida de Hans de Austria, en tanto ellos, confiando en seguirlo más o menos pronto, esperaban la excarcelación de Fritz.

Cuando uno repasa los álbumes de la familia, entiende lo que significó esa decisión. En aquel entonces, Paul Ungar y Alice Kramer eran dueños de una próspera peletería en la famosísima Casa Goldman & Salatsch, situada frente al palacio imperial austriaco, en la Michaelerplatz de Viena[1]. En consecuencia, Hans estudió en colegios caros y tuvo la plácida juventud de un muchacho burgués en el antiguo imperio austro-húngaro: las fotos familiares lo muestran en elegantes partidos de tenis, paseando por los Wienerwald de la capital austríaca o de vacaciones en algún destino exótico como Trípoli, la capital de Libia.

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En ese parteaguas de 1938, las opciones de inmigración para una familia judía (incluso para una que no fuera especialmente devota, como los Ungar) eran en extremo limitadas. Si podían elegir, la mayoría se inclinaba por ir a Estados Unidos o Canadá; si no podían hacerlo (cosa bastante común), entonces enfilaban sus pasos en dirección a Brasil, Argentina o Chile. Según los cálculos del historiador polaco Avraham Milgram, entre 1933 y 1945 llegaron a América Latina unos 130 mil judíos, repartidos del siguiente modo: Argentina habría recibido unos 45 mil, Brasil, 25 mil; Chile, 15 mil, y luego, en una proporción establecida con cierto liberalismo, México, Uruguay, Cuba, Bolivia y Ecuador, entre 2 y 7 mil.

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 [1] El lector recordará que ese edificio, además de ser un ícono de la arquitectura modernista, es la razón por la que Adolf Loss, su diseñador, escribió Ornamento y delito. Volver arriba