Dónde reside la ficción

Tipo: 

N° revista: 

Boletín Cultural y Bibliográfico 94

Tema: 

Autor: 

Libro reseñado: 

El médico del emperador y su hermano

Datos libro: 

Roberto Burgos Cantor. Seix Barral, Bogotá, 2016, 127 pp.

No es esta la primera vez, ni será la última, que un escritor se valga de la figura de Napoleón para escribir una obra literaria. La fábula del corso, cuyos restos reposan en el corazón de los Inválidos, en París, ha sido recreada y reinventada una y otra vez por plumas tan variadas y autorizadas como las de Balzac, Stendhal, Victor Hugo, Tolstoi, Heine, Byron y Leopardi. Y ahora, Roberto Burgos Cantor. El reto, por supuesto, es grande, pero el cartagenero lo afronta haciendo gala de lo que mejor sabe hacer: recrearse en el lenguaje, partir de la historia para desembocar en la reflexión ontológica, atemporal, estética.

Tal vez sea injusto catalogar El médico del emperador y su hermano como una novela sobre Napoleón, de la misma manera que es injusto reducir los Inválidos a la tumba de Bonaparte. Esta no es una novela sobre Napoleón; bueno, lo es, pero también, y sobre todo, es una novela sobre los cauces extraños del tiempo que llevan del presente al pasado. De hecho, Burgos Cantor se cuida de nombrar a Napoleón casi hasta el final. Lo llama “el emperador”, lo que le permite fijar con un símbolo (Napoleón), otro símbolo (el poderoso caído). En definitiva, lo importante no será contar al coloso de la historia sino a un personaje menor, casi anónimo (como suelen ser los de las historias de Burgos Cantor), que en su trasegar une la isla-prisión de Santa Elena con una casona francesa en Cienfuegos, con un Santiago de Cuba abrumado por la fiebre amarilla, con unas tierras caribeñas en lo que es hoy Colombia, con el anfiteatro de la facultad de medicina de una universidad en Bogotá, con un escritor cubano de quien se cuenta que escribe un texto inconcluso, con el autor de la novela y, finalmente, con el lector.

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