El diario del pueblo gaitanista: Jornada (1944-1949)

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Boletín Cultural y Bibliográfico 94

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La candidatura de Jorge Eliécer Gaitán para las elecciones presidenciales que tendrían lugar el 5 de mayo de 1946 se emprendió con considerable anticipación. Sus exitosas correrías por el país como ministro de Trabajo, Salud e Higiene durante unos meses entre 1942 y 1943, por zonas donde se desarrollaban conflictos entre trabajadores y las compañías extractivas o de transporte, demostraron la viabilidad de la postulación. A pesar de que eran conocidas las diferencias entre Gaitán y los sindicatos alineados con el Partido Comunista, para 1944 era notable el reconocimiento del que gozaba en los sectores populares de las principales ciudades colombianas y en muchas zonas rurales como el Sumapaz, la región del Tequendama y la costa Atlántica.

El fortalecimiento de la imagen pública de Gaitán entre liberales de izquierda, socialistas e incluso conservadores estuvo estrechamente vinculado con el creciente inconformismo frente a la segunda administración de Alfonso López Pumarejo (1942-1946) y la crisis por la que atravesaba la República Liberal. El entusiasmo que despertaron las reformas de comienzos de la década de 1930 y el relativo progreso social y material que alcanzó el país en esa década se desvanecieron en la siguiente ante la agudización de la confrontación política, la disminución de los indicadores económicos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y la creciente visibilidad de la problemática social, especialmente en las ciudades. A la férrea oposición al gobierno de López Pumarejo del líder conservador Laureano Gómez se sumó la de Gaitán, quien después de renunciar a su cargo como ministro se convirtió en el vocero de los grupos de oposición dentro del Partido Liberal.

En tanto se incrementaban los escándalos del gobierno de López y el descontento con su gobierno, más duro se tornaba el discurso de oposición de Gaitán. En este cobraba cada vez más importancia la idea de “restaurar” a Colombia tras la crisis política en que la habían hundido las oligarquías de los dos partidos, crisis que tocaba el terreno de la moral y interponía serios obstáculos al progreso de los sectores populares, los que seguían sumidos en el hambre, las enfermedades y la falta de educación. Las masas urbanas y sectores campesinos, que no habían visto cumplidas las promesas de inclusión democrática de la República Liberal, constituían los principales receptores de este discurso.

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