El humor que se mece en la hamaca del Caribe

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Boletín Cultural y Bibliográfico 95

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La literatura en español ha dado gigantes en el humor como Cervantes, Quevedo, Borges, pero en Colombia han sido muy pocos los cultores de esta tendencia. En la Barranquilla de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con una veintena de periódicos y publicaciones, generalmente esporádicos, el sentido del humor no se encuentra fácilmente en sus colaboradores. La categoría de escritor era subsidiaria y la escritura se entendía como una actividad al servicio de los políticos. A diferencia de Bogotá —que se ufanaba del remoquete de “la Atenas suramericana”—, en Barranquilla el comercio y el respeto al dinero eran los valores más aceptados.

A principios del siglo XX no reinaba el optimismo. En un editorial del periódico Rigoletto, del 15 de julio de 1902, Julio H. Palacio, el director, escribía: “No se lee en Barranquilla, no se escribe tampoco. Los pocos que pueden escribir no escriben porque están seguros de no ser leídos ni comprendidos” (Bacca, 2013, p. 3).

Sin embargo, en ese periódico se daba un humor soterrado. El editor, Eduardo Ortega, escribía en su sección lírica versos como estos: “O me das tu amor mujer, o me pego un tiro por doquier” (Bacca, 2013, p. 91). En este periódico colaboraba lo más representativo del periodismo y la literatura de la ciudad, como el mencionado Julio H. Palacio, Daniel y Eduardo Ortega, y José Félix Fuenmayor, entre otros.

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